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Teoría

Multiplicador fiscal

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

El multiplicador fiscal es la razón entre el cambio en el producto y el cambio en el gasto público (o en los impuestos) que lo originó: cuánto PIB adicional entrega cada peso de gasto. Formalmente, si el Fisco aumenta su gasto en $1 y el PIB sube $1,3, el multiplicador es 1,3.

La intuición es de circuito, no de contabilidad. Un peso gastado por el Estado es, en la primera vuelta, ingreso de alguien: el sueldo de un funcionario, la factura de un proveedor, la transferencia a un hogar. Ese alguien consume una fracción de ese ingreso —la propensión marginal a consumir— y esa fracción vuelve a ser ingreso de un tercero, que a su vez consume una parte. La suma de las vueltas sucesivas converge a una serie geométrica, y de ahí sale la expresión de manual 1/(1-c). La formalización es de Richard Kahn (1931), que la construyó como multiplicador del empleo; Keynes (1936) la incorporó al núcleo de la Teoría General y la volvió el argumento central a favor de la política fiscal activa.

Ese multiplicador de libro es un techo teórico que la economía real nunca alcanza, porque el circuito filtra en cada vuelta: lo que se ahorra, lo que se paga en impuestos y lo que se gasta en bienes importados sale del flujo doméstico. A las filtraciones se suman las reacciones de segunda ronda. Si el mayor gasto presiona las tasas de interés, desplaza inversión privada (crowding out). Si el banco central responde subiendo la tasa de política para contener la inflación, neutraliza parte del impulso. Y en una economía abierta pequeña con tipo de cambio flotante —el caso chileno— el efecto se atenúa todavía más: el impulso aprecia la moneda y traslada demanda al resto del mundo, resultado clásico del modelo Mundell-Fleming (Mundell, 1963). En el límite teórico opuesto está la equivalencia ricardiana (Barro, 1974): si los hogares anticipan que el gasto de hoy son impuestos de mañana, ahorran el estímulo y el multiplicador colapsa hacia cero.

Por eso no existe el multiplicador, sino multiplicadores condicionales a tres cosas. Al estado de la economía: con capacidad ociosa y desempleo alto es sustancialmente mayor que en pleno empleo, donde el gasto público compite por recursos escasos (Auerbach y Gorodnichenko, 2012). A la composición: transferencias a hogares con restricción de liquidez se gastan casi íntegras y multiplican fuerte; rebajas tributarias a hogares de alto ingreso se ahorran; la inversión pública actúa con rezago pero deja capacidad instalada. Al horizonte: el multiplicador de impacto (el trimestre) y el acumulado (dos años) pueden diferir en más del doble.

La magnitud dejó de ser discusión académica en 2012, cuando Blanchard y Leigh (2013) mostraron que los programas de austeridad europeos habían supuesto multiplicadores cercanos a 0,5 cuando los datos implicaban valores bastante mayores: el error de calibración explicaba sistemáticamente los errores de proyección de crecimiento. Para economías abiertas, con deuda alta y cambio flexible, la evidencia comparada apunta a multiplicadores bajos, no rara vez inferiores a la unidad (Ilzetzki, Mendoza y Végh, 2013).

Cómo lo explicó el programa

En bdm-2026-08-12, al explicar por qué el último tramo del año acelera, Willy Díaz describió el mecanismo sin nombrarlo: el gasto fiscal se apura entre septiembre y diciembre para cumplir metas antes del cierre presupuestario y vuelve como demanda interna vía remuneraciones y transferencias. La secuencia que dio es literalmente la primera vuelta del multiplicador, contada con nombres propios: el funcionario compra leche, galletas y pasajes; el subsidio habitacional termina en el sector privado. El peso que sale de la Tesorería no se queda en la cuenta fiscal, se convierte en la venta de un almacén y en el sueldo de un maestro.

Sobre esa base, el programa cerró con un argumento de inercia más que de ánimo: "si uno espera que el año 27 sea mejor que el 26, el 26 tiene que cerrar con una aceleración". La conclusión —que 2026 no puede terminar en 1,5% sino sobre 2% si se quiere un 2027 mejor— usa el multiplicador en su forma dinámica: lo que importa no es el nivel del gasto, sino el arrastre que deja instalado para el período siguiente.

Vale la pena marcar el matiz que el formato radial no alcanza a hacer. Buena parte de esa aceleración de fin de año es calendario, no impulso adicional: es ejecución concentrada de un presupuesto ya comprometido, y el efecto expansivo genuino se mide contra la tendencia, no contra el trimestre previo. El gasto que se apura en diciembre se descuenta, en parte, del arranque del año siguiente.

Relación con otros conceptos

El multiplicador es el puente entre el impulso fiscal y la demanda interna, y su tamaño depende de la propensión marginal a consumir de quien recibe el peso. Actúa sobre la brecha del producto: con brecha negativa multiplica; cerrada, presiona precios en vez de cantidades. Convive en tensión con la política monetaria —la TPM puede compensar el estímulo— y con el balance estructural, la regla que en Chile acota cuánto impulso discrecional es admisible sin comprometer la sostenibilidad de la deuda. Los estabilizadores automáticos son su versión no discrecional: operan solos, sin decisión de política. Y su lectura de corto plazo se sigue mes a mes en el IMACEC, donde el gasto público aparece como componente y como arrastre.

Fuentes y lecturas

  • Kahn, R. F. (1931), The Relation of Home Investment to Unemployment, The Economic Journal, 41(162).
  • Keynes, J. M. (1936), The General Theory of Employment, Interest and Money, Macmillan.
  • Blanchard, O. (2017), Macroeconomía, 7ª ed., Pearson.
  • Ilzetzki, E., Mendoza, E. y Végh, C. (2013), How Big (Small?) Are Fiscal Multipliers?, Journal of Monetary Economics, 60(2).
  • Blanchard, O. y Leigh, D. (2013), Growth Forecast Errors and Fiscal Multipliers, American Economic Review, 103(3).

Apariciones