MercadistasMercadistasEntrar con GoogleApoyar el sitioApoyar

Teoría

Sostenibilidad de la deuda

Visto en 46 apariciones de los programas.

Qué es

La sostenibilidad de la deuda es una propiedad de la trayectoria, no del saldo. Un deudor —hogar, empresa o Estado— es sostenible si puede seguir sirviendo su deuda sin un ajuste inviable: sin un alza brusca de impuestos, un recorte imposible de gasto, un default o una licuación por inflación. De ahí que no exista un umbral universal de "deuda peligrosa". Japón convive desde hace décadas con una deuda pública que supera con holgura el doble de su producto; otros países han entrado en crisis con una fracción de eso. Lo que decide no es el nivel, sino la combinación de nivel, costo de financiamiento, crecimiento y capacidad política de generar excedentes.

El punto de partida formal es la restricción presupuestaria intertemporal: el valor presente de los superávits primarios futuros tiene que alcanzar para cubrir la deuda vigente. Su versión operativa es la ecuación de dinámica de la deuda, donde la razón deuda/PIB varía según (r − g)/(1 + g) aplicada al saldo del período anterior, menos el superávit primario del período. Ahí está encerrada casi toda la discusión. El diferencial entre la tasa real de interés r y el crecimiento real g gobierna si la deuda heredada se infla sola o se diluye sola: con r > g, un país necesita superávits primarios permanentes solo para no empeorar; con r < g, el crecimiento hace el trabajo. Domar (1944) fue el primero en mostrar que con déficit constante como proporción del producto y crecimiento positivo, la razón de deuda converge a un valor finito en vez de explotar —lo que desactiva la intuición de que todo endeudamiento sostenido termina mal—. Blanchard (2019), en su discurso presidencial ante la American Economic Association, retomó el argumento para el mundo de tasas bajas posterior a 2010: cuando r < g, refinanciar deuda puede no exigir nunca subir impuestos, aunque el costo en bienestar no sea cero y r sea, en el fondo, una variable aleatoria.

La prueba empírica más usada evita comprometerse con proyecciones de r y g. Bohn (1998) mostró que basta una condición de comportamiento: si el balance primario responde de manera sistemática y positiva al nivel de deuda —si el fisco ajusta cuando la deuda sube—, la restricción intertemporal se cumple. La sostenibilidad, dicho de otro modo, es una función de reacción fiscal, no un número.

Faltan dos fricciones que la aritmética no captura. La primera es que la solvencia puede quebrarse por liquidez: Calvo (1988) formalizó el equilibrio múltiple en que la expectativa de default sube la tasa exigida y esa tasa valida el default, sin que haya cambiado nada de los fundamentos. La segunda es que en deuda soberana no hay tribunal que ejecute la garantía, así que lo que importa no es solo la capacidad de pago sino la voluntad de pago (Eaton y Gersovitz, 1981): se paga para no perder el acceso al mercado.

Para el deudor privado la taxonomía más útil sigue siendo la de Minsky (1986), que ordena a los deudores por lo que su flujo de caja alcanza a cubrir: financiamiento hedge (cubre interés y amortización), especulativo (cubre el interés y refinancia el capital) y Ponzi (necesita endeudarse incluso para pagar intereses). Es exactamente la condición del programa —poder financiar a través del tiempo— escrita en tres estados.

Cómo lo explicó el programa

En Buenos Días Mercado del 10 de agosto de 2026, bajo el tema "Deuda privada versus deuda pública", el programa partió por la condición y no por el nivel: tener deuda no es malo mientras se pueda financiar a través del tiempo. La distinción que vino después fue de naturaleza, no de tamaño. En el mundo privado, endeudarse es traer consumo futuro al presente: el televisor que uno compraría en dos años ahorrando lo compra hoy y lo paga después. En el sector público, en cambio, la deuda no adelanta ningún consumo futuro —financia derechamente el exceso de gasto—. Willy Díaz lo cerró sin anestesia: "en el sector público la deuda es solo financiar la fiesta, exceso de gasto, nada más".

La analogía del televisor es, palabra por palabra, el argumento del ciclo de vida y del ingreso permanente (Modigliani y Brumberg, 1954; Friedman, 1957): el hogar se endeuda contra un ingreso futuro que ya conoce, y la deuda le compra suavidad de consumo, no consumo extra. Vale precisar que la contraparte pública de ese televisor sí existe y se llama inversión pública: la "regla de oro" de las finanzas públicas —endeudarse para invertir, financiar el gasto corriente con impuestos— descansa en la lógica de Musgrave (1959) de que un activo que rinde treinta años se paga en treinta años. El filo del comentario apunta a otra cosa, y ahí es certero: cuando la deuda financia gasto corriente permanente, no queda activo del otro lado y el compromiso tributario futuro es del mismo tamaño. Conviene agregar el contrapunto teórico extremo, el de Barro (1974): si los hogares anticipan que toda deuda pública es impuesto diferido, la distinción entre deuda pública y privada se disuelve por completo. La evidencia sugiere que eso ocurre solo de manera parcial.

Relación con otros conceptos

La sostenibilidad es el marco que da sentido al déficit fiscal, al balance estructural y a las reglas fiscales —en Chile, la regla estructural vigente desde 2001, el ancla prudente de deuda en torno a 45% del PIB y el Consejo Fiscal Autónomo—. Por el lado del financiamiento se conecta con la prima por riesgo soberano y la clasificación de riesgo, que son el precio de mercado de la duda sobre esa trayectoria, y con el riesgo de refinanciamiento. Cuando la salida deja de ser fiscal y pasa a ser monetaria, aparece la dominancia fiscal y el señoreaje, junto con el crowding out del crédito privado. En la deuda de empresas y hogares, los conceptos gemelos son el apalancamiento, la cobertura de intereses y la carga financiera sobre el ingreso; y en economías emergentes se cruza con el descalce de monedas, que convierte una depreciación en un salto instantáneo del saldo adeudado.

Fuentes y lecturas

  • Domar, E. (1944), The "Burden of the Debt" and the National Income, American Economic Review.
  • Bohn, H. (1998), The Behavior of U.S. Public Debt and Deficits, Quarterly Journal of Economics.
  • Blanchard, O. (2019), Public Debt and Low Interest Rates, American Economic Review.
  • Minsky, H. (1986), Stabilizing an Unstable Economy, Yale University Press.
  • De Gregorio, J. (2007), Macroeconomía: Teoría y Políticas, Pearson Educación.

Apariciones