Teoría
Margen de intermediación (brecha captación-colocación)
Visto en 1 aparición de los programas.
Qué es
El margen de intermediación es la diferencia entre la tasa a la que un banco coloca fondos (créditos) y la tasa a la que los capta (depósitos, cuentas de ahorro, bonos propios). Es, en su forma más simple, el precio del servicio de intermediar: el banco toma pasivos líquidos, de corto plazo y de bajo riesgo para el depositante, y los transforma en activos ilíquidos, de largo plazo y riesgosos para él. Esa transformación —de liquidez, de plazo y de riesgo— es la función económica que justifica la existencia del banco, tal como la formalizaron Diamond y Dybvig (1983) al mostrar que un intermediario puede ofrecer seguro de liquidez que el mercado por sí solo no provee, y Diamond (1984) al explicar por qué conviene delegar en un solo agente el monitoreo de los deudores en vez de que cada depositante lo haga por su cuenta.
El margen no es utilidad. Antes de llegar a ganancia hay que descontar cuatro capas. Primero, el costo operacional: sucursales, evaluación crediticia, cobranza, sistemas, cumplimiento normativo. Segundo, la pérdida esperada por riesgo de crédito: si de cada cien pesos colocados en consumo cinco no vuelven, esos cinco están dentro de la tasa cobrada y no en el bolsillo de nadie. Tercero, los costos regulatorios y tributarios: encaje, requerimientos de capital, provisiones, y en Chile el impuesto de timbres y estampillas. Cuarto, la prima por riesgo de tasa y de liquidez que asume quien financia a largo con pasivos a corto. Lo que sobra después de esas cuatro capas es el margen económico propiamente tal, y ahí sí pesa el poder de mercado.
El tratamiento teórico estándar de por qué existe un margen incluso en ausencia de riesgo y de costos es el modelo de dealer de Ho y Saunders (1981): el banco actúa como creador de mercado entre depositantes y deudores que no llegan sincronizados, y cobra un "spread puro" que depende de su aversión al riesgo, de la volatilidad de las tasas, del tamaño típico de las operaciones y —crucialmente— del grado de competencia. Sobre esa base, Demirgüç-Kunt y Huizinga (1999) documentaron con datos de ochenta países que los márgenes más altos se asocian sistemáticamente a mayor concentración bancaria, mayor carga tributaria implícita, encajes no remunerados e instituciones débiles.
Hay un punto que cambia la lectura de cualquier comparación internacional: la tasa de un crédito no es solo un precio, porque también selecciona quién pide prestado. Stiglitz y Weiss (1981) mostraron que subir la tasa ahuyenta a los buenos deudores y retiene a los que asumen proyectos más riesgosos, de modo que el banco prefiere racionar crédito antes que cobrar lo que "equilibraría" el mercado. El corolario incómodo: una tasa alta puede reflejar que se está atendiendo a un segmento riesgoso, y una tasa baja, que a ese segmento sencillamente no se le presta. Chile agrega una restricción legal explícita, la Tasa Máxima Convencional, rebajada por la Ley 20.715 (2013); Cuesta y Sepúlveda (2021) estimaron esa reforma y encontraron el trade-off previsible: menores tasas para quienes siguieron con acceso, y exclusión del crédito formal para una fracción de los deudores más riesgosos.
Cómo lo explicó el programa
En Buenos Días Mercado del 22 de julio de 2026 (bdm-2026-07-22), bajo el tema "La brecha entre tasa de captación y colocación en Chile", el panel partió de la definición limpia —el negocio bancario es la diferencia entre lo que se paga por captar y lo que se cobra por colocar— y fue al dato duro. Willy Díaz lo puso así: "a los créditos de consumo en Estados Unidos es 11,4% anual. Y en Chile, 25". Traducido a lo que le importa a una persona, el mismo millón de pesos significa alrededor de 14% más de cuota mensual y 128% más de intereses acumulados a lo largo del crédito.
El argumento del programa no fue que la brecha exista —eso es la definición del negocio—, sino que su magnitud sostenida durante años exige una explicación que nadie ha dado bien. Es la pregunta correcta. La respuesta honesta obliga a desarmar la comparación: el 11,4% estadounidense corresponde a la serie de préstamos personales a 24 meses de bancos comerciales (Reserva Federal, G.19), un producto con montos mayores, deudores con historial crediticio formalizado y pérdidas más bajas; las tarjetas de crédito en ese mismo país cobran bastante más. En Chile, además, el costo operacional fijo de originar y cobrar se reparte sobre créditos de monto mucho menor, lo que infla el porcentaje sin que haya necesariamente más utilidad detrás. Nada de eso desactiva la sospecha del panel: la parte del diferencial que no explican riesgo ni costos remite a concentración y a baja movilidad de los clientes entre bancos.
Conviene también separar dos cosas que la frase "diez veces" mezcla. Una brecha de diez veces es un cociente entre tasas, no un margen: con captación cerca de 2% y colocación de consumo en 25%, el cociente es enorme aunque el margen absoluto —23 puntos— sea el número que se compara internacionalmente. El cociente se dispara cuando la tasa de captación se acerca a cero, y no dice nada nuevo sobre el negocio.
Relación con otros conceptos
El margen se apoya en la tasa de política monetaria, que fija el costo de fondos de referencia; su traspaso a las tasas de colocación —el pass-through bancario— es más rápido al alza que a la baja, la misma asimetría que se observa en otros mercados. Se conecta con el encaje y con los requerimientos de capital de Basilea, que son costos regulatorios que viven dentro del spread; con la provisión por riesgo de crédito y su contraparte, la selección adversa; y con la concentración bancaria, medida por índices como el HHI o el de Lerner. En el plano macro dialoga con la profundidad financiera y la inclusión financiera: márgenes altos encarecen la inversión y desplazan a los deudores marginales hacia el crédito informal, un canal que Levine (1997) sistematizó al vincular desarrollo financiero y crecimiento. Y con la curva de rendimientos: buena parte del margen bancario nace de la pendiente entre tasas cortas y largas.
Fuentes y lecturas
- Ho, T. y Saunders, A. (1981), "The Determinants of Bank Interest Margins: Theory and Empirical Evidence", Journal of Financial and Quantitative Analysis.
- Diamond, D. y Dybvig, P. (1983), "Bank Runs, Deposit Insurance, and Liquidity", Journal of Political Economy.
- Stiglitz, J. y Weiss, A. (1981), "Credit Rationing in Markets with Imperfect Information", American Economic Review.
- Freixas, X. y Rochet, J.-C. (2008), Microeconomics of Banking, 2.ª ed., MIT Press.
- Demirgüç-Kunt, A. y Huizinga, H. (1999), "Determinants of Commercial Bank Interest Margins and Profitability: Some International Evidence", The World Bank Economic Review.