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Teoría

Poder relativo y repliegue de una potencia hacia su propia región

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

Una potencia puede volverse más fuerte cada año y, aun así, perder margen de maniobra. La aparente paradoja se resuelve al separar dos medidas. El poder absoluto es la capacidad propia: tamaño de la economía, gasto militar, tecnología, alcance financiero. El poder relativo es esa misma capacidad comparada con la de los demás. Si un país crece al 2% anual y su principal rival crece al 6%, su poder absoluto sube y su poder relativo baja.

La distinción importa porque los compromisos internacionales se miden contra otros. Mantener bases, garantizar rutas marítimas, sostener alianzas o asegurar el acceso a materias primas cuesta recursos, y alcanzan para menos cuando un competidor puede disputar esos mismos espacios. Paul Kennedy (1987) llamó sobreextensión imperial a lo que ocurre cuando los compromisos de una gran potencia crecen más que la base económica que los financia. Su tesis histórica es que las potencias declinan menos por lo que hacen mal en casa que por no ajustar sus obligaciones externas al cambio en su posición relativa.

La respuesta racional a esa brecha es priorizar. En economía es un problema de costo de oportunidad: cada portaaviones, cada dólar de ayuda y cada hora de atención diplomática que se gasta en una región deja de estar disponible en otra. Cuando el presupuesto relativo se achica, conviene concentrarse donde el retorno estratégico por unidad de esfuerzo es mayor. Muchas veces ese lugar es la región propia. Ahí la geografía abarata la proyección de poder, los rivales tienen más dificultad para competir y los recursos en juego, como energía, minerales o rutas comerciales, quedan más cerca de la cadena productiva nacional.

Robert Gilpin (1981) le dio forma a esta idea al sostener que los cambios en la distribución relativa del poder presionan sobre el orden internacional existente, y que la potencia dominante enfrenta costos crecientes para sostenerlo. Kenneth Waltz (1979) había planteado antes que, en un sistema sin autoridad central, los Estados se fijan más en su posición respecto de otros que en sus ganancias absolutas. Esa preocupación por las ganancias relativas quedó en el centro del debate académico posterior (Grieco, 1988; Powell, 1991). Desde el realismo ofensivo, John Mearsheimer (2001) agrega que la meta de una gran potencia es ser hegemón en su propio hemisferio e impedir que otra lo sea en el suyo. Leída así, la región propia no es un premio de consuelo: es la prioridad de base.

En esta lógica, el repliegue no equivale a aislacionismo. Es una reasignación de cartera: menos exposición en regiones lejanas y costosas, más presencia en el vecindario, donde la ventaja geográfica es estructural y difícil de disputar.

Cómo lo explicó el programa

En Buenas Tardes Mercado del 2 de octubre de 2026 ([btm-2026-10-02]), al analizar «El regreso de EE.UU. a América Latina», Ahmed Riesgo descartó leer el fenómeno como un rasgo personal de Trump y lo presentó como un cambio estructural:

«el poder absoluto de Estados Unidos nunca ha sido más alto pero el poder relativo ha bajado»

Su argumento sigue el razonamiento de arriba. Como su peso frente al resto del mundo cayó, Estados Unidos ya no puede estar en todas partes con la misma intensidad y tiene que elegir. Según Riesgo, en ese cálculo le conviene más proteger recursos naturales en su propio vecindario que en Medio Oriente. Para la audiencia chilena, el punto es directo: si la región vuelve a ser prioritaria para Washington, los recursos naturales latinoamericanos pasan a ser parte de esa ecuación estratégica, y deja de tratarse solo de un tema comercial.

Relación con otros conceptos

El concepto se apoya primero en el costo de oportunidad: priorizar una región es renunciar a presencia en otra, y la caída del poder relativo encarece esa renuncia. También dialoga con la teoría de la estabilidad hegemónica. Charles Kindleberger (1973) sostuvo que la economía internacional necesita un estabilizador dispuesto a proveer bienes públicos globales, como mercados abiertos, liquidez de emergencia y seguridad de las rutas. Cuando el hegemón pierde peso relativo y se repliega, la provisión de esos bienes se resiente, un punto que Robert Keohane (1984) discutió al preguntarse si la cooperación puede sobrevivir a la hegemonía.

En lo comercial, se cruza con la seguridad de suministro y con la noción de minerales críticos: asegurar insumos estratégicos cerca, aunque sea a mayor costo, reduce el riesgo de interrupción. Albert Hirschman (1945) mostró que el comercio también es un instrumento de poder, porque una dependencia asimétrica entre socios le da influencia al más grande. Eso explica que una potencia en repliegue busque profundizar vínculos económicos con su vecindario. Por último, el fenómeno toca los términos de intercambio de los exportadores de materias primas: más demanda estratégica por un recurso puede subir su precio y su valor político, pero también acotar la libertad del país productor para elegir compradores.

Fuentes y lecturas

  • Kennedy, P. (1987), The Rise and Fall of the Great Powers, Random House. Edición en español: Auge y caída de las grandes potencias, Plaza & Janés.
  • Gilpin, R. (1981), War and Change in World Politics, Cambridge University Press.
  • Waltz, K. (1979), Theory of International Politics, Addison-Wesley.
  • Mearsheimer, J. (2001), The Tragedy of Great Power Politics, W. W. Norton.
  • Kindleberger, C. (1973), The World in Depression, 1929–1939, University of California Press.

Apariciones