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Teoría

Reducción de la jornada laboral y nivel de producción

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

La reducción de la jornada laboral es una disminución, normalmente por ley, del número máximo de horas que una persona puede trabajar por semana sin que se le paguen horas extraordinarias. En Chile el ejemplo más reciente es la Ley 21.561, conocida como "ley de las 40 horas". Esta ley baja la jornada ordinaria desde 45 horas de forma gradual entre 2024 y 2028.

Para ver cómo afecta al nivel de producción conviene partir de la función de producción. Lo que produce una economía (o una empresa) depende del capital disponible y del trabajo empleado. La formulación clásica es la de Cobb y Douglas (1928). El trabajo, a su vez, no es solo la cantidad de personas: es el número de trabajadores multiplicado por las horas que cada uno trabaja. Si las horas por trabajador bajan y nada más cambia, el insumo total de trabajo cae y con él la producción posible.

Ese "nada más cambia" casi nunca se cumple. Hay tres mecanismos que pueden compensar o agravar el efecto:

  1. Productividad por hora. Las últimas horas de una jornada larga suelen rendir menos por fatiga. Pencavel (2015) documentó que la relación entre horas y producción no es lineal: pasado cierto umbral, cada hora adicional aporta cada vez menos. Por eso acortar jornadas muy largas puede costar poco en producción. Acortar jornadas que ya son moderadas cuesta más.

  2. Costo laboral por hora. Si el salario mensual se mantiene fijo (salarios rígidos a la baja, algo habitual por contrato o por ley), menos horas significa que cada hora trabajada sale más cara. Pasar de 45 a 40 horas con el mismo sueldo equivale a subir el costo por hora en 12,5%. La empresa responde según la teoría estándar de demanda de trabajo (Hamermesh, 1993). Hay un efecto sustitución, que reemplaza trabajo por capital o automatización. Hay también un efecto escala: con costos más altos, produce y vende menos.

  3. Reparto del trabajo (work-sharing). La idea política detrás de muchas reducciones de jornada es que, si cada uno trabaja menos, habrá que contratar a más gente para producir lo mismo. Este argumento supone una cantidad fija de trabajo por repartir, supuesto que la mayoría de los economistas rechaza. La evidencia empírica suele ser poco favorable. Hunt (1999) no encontró aumentos de empleo tras las reducciones de jornada en Alemania. Crépon y Kramarz (2002) hallaron que la baja de 40 a 39 horas en Francia en 1982 aumentó la probabilidad de perder el empleo entre los trabajadores afectados, sobre todo los que ganaban cerca del salario mínimo. Para Chile, Sánchez (2013) estudió la reducción de 48 a 45 horas de 2005 y encontró efectos modestos sobre las transiciones laborales.

El efecto neto sobre la producción depende, entonces, de cuánta productividad por hora se gane, de cuán flexibles sean los salarios, de si las empresas pueden reorganizar turnos y de cuántas horas se trabajaban efectivamente antes de la reforma.

Cómo lo explicó el programa

En el episodio [bdm-2026-10-30] (30 de octubre de 2026), bajo el tema "Tres alzas de costos laborales que frenaron la economía", el programa trató la reducción de jornada como una de tres alzas simultáneas del costo de contratar en Chile. Las otras dos fueron el salario mínimo de $500.000 y la reforma previsional.

Sobre las 40 horas, el panel destacó dos matices que conectan directamente con la teoría. El primero es que los salarios son rígidos, de modo que menos horas se traducen en un mayor costo por hora. El segundo es que, según se planteó, las horas efectivas ya rondaban las 37. Esto limita el posible ahorro por fatiga y deja a la vista sobre todo el efecto costo. El programa sumó a eso el salario mínimo, que golpea con más fuerza a las pymes, y la reforma previsional, a la que atribuyó un +6% de costo laboral y una caída de 1,8 puntos de rentabilidad.

Willy Díaz resumió así el mecanismo de ajuste: "cuando tú subes el salario mínimo y no estás vendiendo más porque la economía está frenada tienes que desvincular gente". La conclusión del episodio fue que la crisis laboral y el bajo crecimiento se retroalimentan en un círculo vicioso. Mayores costos reducen la contratación, menos empleo deprime la demanda, y una demanda débil impide absorber esos costos con más ventas.

Relación con otros conceptos

La reducción de jornada está muy ligada a la función de producción y a la productividad laboral, porque su efecto sobre el producto depende de cuánto rinde cada hora. Se relaciona también con la demanda de trabajo y sus efectos sustitución y escala, y con la rigidez salarial: si los salarios no pueden ajustarse a la baja, el ajuste recae en el empleo.

Comparte lógica con el salario mínimo, ya que ambos encarecen el trabajo de menor calificación, y con las cotizaciones a cargo del empleador, que funcionan como un impuesto al trabajo cuya incidencia se reparte entre trabajadores y empresas según las elasticidades de oferta y demanda. A nivel agregado conecta con la brecha del producto y el crecimiento potencial, porque menos horas totales reducen la capacidad productiva de la economía. También se vincula con la falacia de la cantidad fija de trabajo, que es la crítica habitual al argumento del reparto del empleo.

Fuentes y lecturas

  • Hamermesh, D. (1993), Labor Demand, Princeton University Press.
  • Hunt, J. (1999), "Has Work-Sharing Worked in Germany?", Quarterly Journal of Economics.
  • Crépon, B. y Kramarz, F. (2002), "Employed 40 Hours or Not Employed 39: Lessons from the 1982 Mandatory Reduction of the Workweek", Journal of Political Economy.
  • Sánchez, R. (2013), "Do reductions of standard hours affect employment transitions? Evidence from Chile", Labour Economics.
  • Pencavel, J. (2015), "The Productivity of Working Hours", The Economic Journal.

Apariciones