Teoría
Regla de votación y composición del electorado
Visto en 1 aparición de los programas.
Qué es
Una regla de votación no es solo el procedimiento para contar votos: es también el conjunto de normas que determina quién termina depositando uno. Y esa segunda parte —la composición del electorado efectivo— puede pesar tanto o más que las preferencias de la población en el resultado final. Cambiar de voto voluntario a voto obligatorio no cambia lo que la gente piensa; cambia qué porción de la gente queda representada en el conteo. El resultado que sale de la urna es, entonces, el producto de dos cosas distintas: la distribución de preferencias en la sociedad y el filtro institucional que decide cuáles de esas preferencias se expresan.
La economía política tiene una razón bien establecida para esperar que ese filtro no sea neutral. En el modelo clásico del votante racional, formalizado por Anthony Downs (1957) y refinado por Riker y Ordeshook (1968) en el llamado "cálculo del voto", una persona vota si el beneficio esperado supera el costo: pB − C + D, donde p es la probabilidad —minúscula— de ser decisiva, B el beneficio si gana su opción, C el costo de ir a votar y D el valor intrínseco de participar (deber cívico, identidad, presión social). Como p es prácticamente cero en cualquier elección grande, lo que efectivamente decide la participación son C y D. Y ambos están distribuidos de manera desigual: el costo de ir a votar es más alto para quien tiene menos tiempo, menos transporte o menos información; el "deber cívico" es más intenso entre quienes tienen más educación formal, más edad y más arraigo territorial. Wolfinger y Rosenstone (1980) documentaron esta regularidad con una nitidez que sigue vigente: quien vota voluntariamente no es una muestra aleatoria de quien puede votar.
El voto obligatorio actúa precisamente sobre esos dos términos. Al imponer una sanción, sube el costo de no votar, lo que en la práctica arrastra a las urnas justamente a quienes tenían el D más bajo. Lijphart (1997) argumentó que ese sesgo de participación es el problema no resuelto de la democracia representativa, y que la obligatoriedad es el único instrumento conocido que lo corrige de forma masiva. La evidencia empírica moderna es consistente: Fowler (2013), aprovechando que Australia introdujo el voto obligatorio de manera escalonada entre estados, muestra que el aumento de participación no fue políticamente neutro, sino que desplazó el resultado electoral en una dirección identificable.
Lo importante para leer un resultado es la implicancia estadística: una votación con participación parcial y autoseleccionada no es una encuesta de la población, es una encuesta de los motivados. Extrapolar de una a la otra es el mismo error que sacar conclusiones de mercado a partir de quienes contestaron voluntariamente el formulario. Cuando la regla cambia y la participación salta, no estamos observando un "cambio de opinión" de la sociedad: estamos observando, en parte, a una población distinta.
De ahí se sigue una advertencia que suele pasarse por alto: los porcentajes de dos elecciones con reglas distintas no son comparables entre sí. Lo comparable son los votos absolutos, porque el denominador cambió.
Cómo lo explicó el programa
En el episodio del 4 de septiembre de 2026, Buenos Días Mercado aplicó exactamente esa aritmética a los dos plebiscitos constitucionales chilenos. El de entrada (octubre de 2020) se hizo con voto voluntario y participó cerca de la mitad del padrón; el de salida (septiembre de 2022) fue el primero con voto obligatorio y llevó a las urnas a más del 85%. El Apruebo de la entrada, con casi 80% de los votos, sumó del orden de 5,9 millones de sufragios. El Rechazo de la salida, con cerca de 62%, sumó unos 7,9 millones. Es decir: el porcentaje perdedor de 2022 representa más personas que el porcentaje ganador de 2020.
Willy Díaz lo resumió sin rodeos: "De haber tenido voto obligatorio en la entrada, no habríamos tenido ese numerito." El punto del programa no es que el 80% fuera falso —fue el resultado legítimo bajo la regla vigente—, sino que ese 80% describía a la mitad del país que decidió ir, no al país. Con la regla que se usó dos años después, el mismo proceso constituyente probablemente no habría partido.
Es un caso de manual de por qué las instituciones son variables económicas y no decorado: la regla de votación no midió una preferencia preexistente, la moldeó.
Relación con otros conceptos
Este concepto es un caso particular del sesgo de selección, el problema de inferir sobre una población a partir de una muestra que se armó sola. Se apoya en el teorema del votante mediano, que predice hacia dónde se desplaza el equilibrio político cuando cambia quién está en la distribución: correr el mediano es exactamente lo que hace incorporar a los abstencionistas. Se conecta con la acción colectiva y el problema del polizón, porque votar es un acto de costo individual y beneficio difuso. Y en el plano de la economía política, enlaza con las instituciones como determinante del desarrollo: reglas distintas producen coaliciones distintas, y coaliciones distintas producen políticas fiscales y regulatorias distintas. Para el lector de datos económicos, el pariente cercano es la representatividad muestral que exige cualquier encuesta de empleo, de expectativas o de confianza.
Fuentes y lecturas
- Downs, A. (1957), An Economic Theory of Democracy, Harper & Row.
- Riker, W. y Ordeshook, P. (1968), "A Theory of the Calculus of Voting", American Political Science Review, 62(1).
- Wolfinger, R. y Rosenstone, S. (1980), Who Votes?, Yale University Press.
- Lijphart, A. (1997), "Unequal Participation: Democracy's Unresolved Dilemma", American Political Science Review, 91(1).
- Persson, T. y Tabellini, G. (2000), Political Economics: Explaining Economic Policy, MIT Press.