Teoría
Rendimientos decrecientes del crecimiento en economías maduras
Visto en 1 aparición de los programas.
Qué es
Los rendimientos decrecientes del crecimiento en economías maduras describen una regularidad incómoda para la intuición: mientras más rica es una economía, más caro le resulta seguir creciendo. Chile creciendo 2% y Finlandia creciendo 0,5% no son dos grados del mismo fenómeno; son dos etapas distintas de un mismo proceso, y la segunda es la que espera a la primera si le va bien.
La base formal está en el modelo de crecimiento neoclásico de Solow (1956) y Swan (1956). Si el capital se acumula pero su productividad marginal es decreciente —la décima máquina rinde menos que la primera—, cada unidad adicional de capital por trabajador agrega menos producto que la anterior. Como además el capital se deprecia en proporción al stock acumulado, llega un punto en que la inversión bruta apenas alcanza para reponer lo que se desgasta. Ese es el estado estacionario: el producto por habitante deja de crecer por acumulación y solo puede seguir subiendo por progreso técnico, que en el modelo original entra como residuo exógeno —lo que Solow (1957) midió y bautizó como productividad total de factores.
La consecuencia empírica es la convergencia condicional: economías con menor capital por trabajador crecen más rápido, siempre que compartan instituciones, tasa de ahorro y acceso a tecnología. Barro y Sala-i-Martin (1992) estimaron esa velocidad en torno al 2% anual de la brecha —cerrar la mitad de la distancia al propio estado estacionario toma unos 35 años. La palabra que hace todo el trabajo es condicional: la convergencia no es automática ni universal, y por eso hay países que llevan décadas sin acercarse a nadie.
Dos matices importan para leer bien las cifras. Primero, los rendimientos decrecientes operan sobre el capital, no necesariamente sobre el conocimiento: los modelos de crecimiento endógeno (Romer, 1990; Lucas, 1988) muestran que si las ideas son no rivales y la inversión en capital humano genera externalidades, el crecimiento de largo plazo no tiene por qué agotarse. Segundo, la desaceleración de las economías maduras se compone con factores demográficos y sectoriales: población que envejece y peso creciente de servicios de baja ganancia de productividad —lo que Baumol (1967) describió como enfermedad de costos.
De ahí la regla práctica: una tasa de crecimiento no se lee sola, se lee contra el nivel de ingreso desde el cual se mide. Un 0,5% sobre US$55.000 per cápita agrega más dólares por habitante que un 2% sobre US$16.000.
Cómo lo explicó el programa
Willy Díaz usó exactamente esta idea para desarmar una comparación que circulaba en la prensa. En Buenos Días Mercado del 19 de agosto de 2026, en el tema "Impuestos altos y desarrollo: una comparación espuria", comentó una columna que contrastaba países de impuestos bajos (Zambia, Mozambique) con países de impuestos altos (Finlandia, Noruega) para concluir que a Chile le convendría tributar más.
"No hay relación causal entre impuestos altos y crecimiento económico, que es lo que él plantea." — Willy Díaz
El argumento central del panel fue de orden causal invertido: los nórdicos no se desarrollaron porque tuvieran carga tributaria alta, sino que llegaron a esas tasas después de haber resuelto su problema de crecimiento. Y hoy crecen 0,1% o 0,5% precisamente porque están en la parte plana de la curva: su estado de bienestar ya es difícil de mejorar, y cada punto adicional de servicio público cuesta mucho más que el anterior.
El programa agregó dos observaciones que suelen quedar fuera de estas comparaciones. Una es de base imponible: la misma tasa recauda cantidades incomparables cuando se aplica sobre un ingreso per cápita tres veces mayor, de modo que copiar la tasa no copia la recaudación. La otra es de calidad del gasto: esos países entregan a cambio un servicio de nivel distinto, lo que hace que la tasa por sí sola sea un indicador vacío. El cierre fue una precisión de vocabulario más que de teoría: Finlandia no es socialista, opera una de las economías de mercado más desarrolladas del mundo.
Relación con otros conceptos
Se apoya directamente en la convergencia condicional y en la trampa del ingreso medio: la primera explica por qué un país pobre puede crecer rápido copiando tecnología existente, y la segunda por qué ese impulso se agota cuando el atraso tecnológico deja de ser la restricción principal y aparecen las institucionales.
Su contrapeso teórico es el crecimiento endógeno, que sostiene que la innovación y el capital humano pueden sostener el crecimiento indefinidamente si el marco lo permite. Y su complemento contable es la productividad total de factores: cuando la acumulación de capital deja de rendir, lo único que queda es producir más con lo mismo.
En el terreno fiscal, el concepto se cruza con la curva de Laffer y con la discusión sobre base imponible versus tasa: dos herramientas para ver por qué comparar tasas tributarias entre países de distinto nivel de desarrollo produce conclusiones espurias. Y con la enfermedad de costos de Baumol, que explica por qué el gasto público en salud y educación se encarece estructuralmente en las economías ricas.
Fuentes y lecturas
- Solow, R. (1956), A Contribution to the Theory of Economic Growth, The Quarterly Journal of Economics, 70(1), 65-94.
- Solow, R. (1957), Technical Change and the Aggregate Production Function, The Review of Economics and Statistics, 39(3), 312-320.
- Barro, R. y Sala-i-Martin, X. (2004), Economic Growth, 2ª ed., MIT Press. — El manual estándar; los capítulos 1 y 11 cubren el modelo de Solow y la evidencia de convergencia.
- Romer, P. (1990), Endogenous Technological Change, Journal of Political Economy, 98(5), S71-S102.
- Mankiw, N. G., Macroeconomía (varias ediciones, Antoni Bosch). — Los capítulos de crecimiento económico presentan Solow y la convergencia sin álgebra pesada; hay traducción al español.