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Teoría

Rentabilidad de la inversión en capital humano

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

El capital humano es el conjunto de conocimientos, habilidades, salud y hábitos que una persona acumula y que la hacen más productiva. Igual que una máquina o un edificio, se forma con una inversión que se paga hoy (matrícula, tiempo de estudio, alimentación, cuidados, salarios que se dejan de ganar mientras se estudia) y rinde frutos durante años, en forma de mayores ingresos y mayor producción. La idea de tratar la educación y la formación como una inversión, y no solo como consumo, la instalaron Theodore Schultz (1961) y Gary Becker (1964).

Si es una inversión, tiene rentabilidad, y se mide con las mismas herramientas que cualquier proyecto. Se comparan el flujo de costos y el flujo de beneficios a lo largo del tiempo, se descuentan a una tasa y se calcula un valor presente neto (VPN) o una tasa interna de retorno (TIR). El caso clásico es la escolaridad: un año más de estudio cuesta matrícula y sueldo no percibido, y se recupera con un salario más alto durante toda la vida laboral. Jacob Mincer (1974) propuso la ecuación de salarios que hasta hoy se usa para estimarlo: el logaritmo del salario se explica por los años de escolaridad y la experiencia, y el coeficiente de la escolaridad se lee aproximadamente como el retorno porcentual de un año más de estudio.

La distinción clave está en quién paga y quién recibe:

  • La rentabilidad privada considera solo los costos que asume la persona (o su familia) y los beneficios que se lleva ella, normalmente el salario después de impuestos.
  • La rentabilidad social suma todos los costos, también los que paga el Estado o terceros, y todos los beneficios, incluidos los impuestos que el individuo pagará y las externalidades: trabajadores más calificados que vuelven más productivos a sus colegas, menor criminalidad, mejor salud pública, más innovación.

Las dos pueden diferir mucho. Una carrera universitaria muy subsidiada puede tener una rentabilidad privada altísima y una social modesta. Y una inversión puede ser socialmente rentable aunque quien la financia nunca recupere un peso, porque el beneficio le llega a otro. Esa brecha es el argumento económico clásico para que el Estado financie educación, salud infantil o capacitación. La revisión de Psacharopoulos y Patrinos (2018) reúne estimaciones de muchos países y encuentra retornos privados de alrededor de 9% por año de escolaridad en promedio mundial, más altos en la educación primaria y en los países de menores ingresos.

Una línea de investigación más reciente, asociada a James Heckman (2006), muestra que el retorno depende mucho de cuándo se invierte. Las habilidades tempranas facilitan las posteriores (“las habilidades generan habilidades”), de modo que la inversión en la primera infancia tiende a rendir más que la remedial en la adultez.

Cómo lo explicó el programa

En el Buenos Días Mercado del 2 de octubre de 2026 [bdm-2026-10-02], en la conversación sobre la caída de la natalidad, el panel comentó un estudio según el cual tener un hijo tiene un valor presente positivo. Pepe Arias hizo una precisión conceptual: los costos de criar a un hijo los pagan los padres, pero el beneficio (los ingresos futuros de ese hijo) lo recibe el propio hijo. Por eso, dijo, el estudio no mide una rentabilidad privada para los padres sino algo distinto: "lo que están midiendo es si el capital humano que se forma tiene rentabilidad".

Es justamente la distinción entre evaluación privada y social. Si se suman todos los costos y todos los beneficios sin importar a quién le tocan, criar a una persona es una inversión que rinde. Pero desde el bolsillo de quien la financia, la cuenta no necesariamente cierra, y eso ayuda a entender por qué la decisión de tener hijos puede caer aunque socialmente “convenga”. La observación conecta con la idea de Becker y Lewis (1973) de que los hogares eligen entre cantidad y “calidad” de hijos, es decir, cuánto invertir en el capital humano de cada uno.

Relación con otros conceptos

La rentabilidad del capital humano se calcula con el valor presente neto y la tasa de descuento, igual que la evaluación de cualquier proyecto. Por eso es sensible a la tasa que se elija: con tasas altas, beneficios que llegan en 20 o 40 años pesan poco. La diferencia entre retorno privado y social es un caso típico de externalidades y explica por qué el mercado, por sí solo, tendería a invertir menos de lo socialmente óptimo en educación. También aparecen las restricciones de liquidez: aunque la inversión sea rentable, una familia sin acceso a crédito no puede financiarla, porque el capital humano no sirve como garantía.

En macroeconomía, el capital humano forma parte de los modelos de crecimiento económico. El modelo de Solow ampliado de Mankiw, Romer y Weil (1992) lo incorpora como un factor acumulable junto al capital físico. Y en la discusión demográfica se cruza con la tasa de fecundidad, el envejecimiento poblacional y la sostenibilidad de los sistemas de pensiones: menos nacimientos significan menos capital humano futuro para sostener a una población mayor, salvo que cada trabajador sea más productivo.

Fuentes y lecturas

  • Schultz, T. W. (1961), “Investment in Human Capital”, American Economic Review, 51(1), 1-17.
  • Becker, G. S. (1964), Human Capital: A Theoretical and Empirical Analysis, with Special Reference to Education, NBER / Columbia University Press.
  • Mincer, J. (1974), Schooling, Experience, and Earnings, NBER / Columbia University Press.
  • Psacharopoulos, G. y Patrinos, H. A. (2018), “Returns to investment in education: a decennial review of the global literature”, Education Economics, 26(5), 445-458.
  • Heckman, J. J. (2006), “Skill Formation and the Economics of Investing in Disadvantaged Children”, Science, 312(5782), 1900-1902.

Apariciones