Teoría
Rezago de los salarios frente a la inflación
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Qué es
El rezago de los salarios frente a la inflación describe un desajuste de tiempos, no de voluntades: los precios se mueven de forma continua y los sueldos nominales se mueven a saltos. Cuando el nivel general de precios sube, el salario real —el poder de compra efectivo de la remuneración— cae de inmediato, y solo se recupera cuando se abre la siguiente instancia de reajuste: la negociación colectiva, el reajuste anual del sector público, la ley de salario mínimo o la revisión informal del contrato individual.
La razón formal es la rigidez nominal. Keynes (1936) ya había observado que los trabajadores resisten rebajas de su salario nominal aunque acepten, sin conflicto, pérdidas equivalentes por la vía de precios más altos. La macroeconomía moderna formalizó esa intuición con contratos escalonados: Fischer (1977) mostró que si los sueldos se fijan por adelantado para varios períodos, un shock inflacionario no anticipado altera los salarios reales aunque las expectativas sean racionales; Taylor (1980) modeló contratos que se renegocian por tandas, de modo que en cualquier momento solo una fracción del mercado laboral está ajustando; y Calvo (1983) dio la versión que hoy es estándar en los modelos de banco central. Friedman (1968) había usado el mismo mecanismo para explicar por qué una inflación sorpresiva reduce el desempleo en el corto plazo: la empresa ve caer su costo laboral real antes de que el trabajador alcance a renegociar.
El costo tiene una forma específica que conviene entender bien. Cuando el reajuste llega, restituye el nivel del salario real desde ese momento hacia adelante, pero no devuelve lo perdido en el intertanto, salvo que haya retroactividad explícita. Es decir, la pérdida es el área bajo la curva, no la distancia final entre dos puntos. Por eso una inflación alta y breve puede dejar una herida permanente en el ingreso acumulado de un hogar aunque el salario real vuelva a su punto de partida en doce meses.
La indexación atenúa el problema pero no lo elimina, porque en Chile —como en casi todas partes— mira hacia atrás: el reajuste se calcula con el IPC ya publicado. Eso tiene una consecuencia poco intuitiva y vale declararla, porque el rezago no es siempre una pérdida. Cuando la inflación se acelera, la indexación retrospectiva deja a los sueldos corriendo detrás. Cuando la inflación se desacelera, ocurre lo contrario: el reajuste incorpora una inflación pasada alta mientras los precios ya subieron poco, y el salario real gana terreno. Chile vivió las dos caras en cuatro años: caída del salario real durante 2022, con el IPC sobre 12% anual, y recuperación en 2024, cuando la inflación cedió y los reajustes todavía arrastraban la memoria del alza.
Lo que sí es asimétrico es la percepción. Shiller (1997), encuestando directamente a ciudadanos, encontró que la gente atribuye los aumentos de su sueldo al mérito propio y las alzas de precios a una fuerza externa; por construcción, entonces, la inflación se experimenta siempre como una pérdida, incluso en los tramos en que el salario real subió. Esa asimetría cognitiva es el puente hacia la política: la literatura de voto económico retrospectivo —Fiorina (1981), y la revisión de Lewis-Beck y Stegmaier (2000)— muestra que el electorado premia y castiga al gobierno de turno por la economía reciente, y que la inflación es la variable más apta para ese juicio porque se mide todos los meses y se verifica todas las semanas en la góndola.
Hay un caso donde el rezago es especialmente inapelable: el shock de oferta. Si el alza viene de los combustibles o la energía —un precio importado—, el país en su conjunto es más pobre, y ningún reajuste nominal puede restituir ese ingreso sin trasladarlo a otro. El banco central puede contener la propagación, pero no el impacto inicial, y toda respuesta de tasas que lo intente acelera el enfriamiento del empleo.
Cómo lo explicó el programa
En Buenas Tardes Mercado del 21 de septiembre de 2026, el panel discutió por qué la inflación se ha vuelto el determinante más confiable de los resultados electorales. Manuel Bengolea ofreció el mecanismo en una sola frase: "porque los salarios siempre corren detrás de la inflación, no delante de la inflación".
El argumento del programa encadenó tres eslabones. Primero, un origen geopolítico: las tensiones internacionales encarecieron combustibles y energía, y ese encarecimiento explica buena parte de la caída en la aprobación presidencial. Segundo, el mecanismo del rezago: mientras el IPC corre, el sueldo espera su turno de reajuste, así que el votante percibe un deterioro real de su bienestar atribuible al gobierno. Tercero, la evidencia comparada: el IPC fue el eje de la elección Harris-Trump y convirtió el plebiscito chileno del 4 de septiembre de 2022 —en plena aceleración inflacionaria— en un veredicto sobre el gobierno de Boric más que sobre el texto constitucional en votación.
Vale precisar el "siempre" de la cita, que es la versión fuerte de una proposición que la teoría sostiene en su versión condicional: los salarios corren detrás cuando la inflación se acelera. En la desaceleración la indexación retrospectiva los pone momentáneamente delante. La afirmación de Bengolea, sin embargo, describe bien el caso que importa políticamente, porque es el único que el votante registra.
Relación con otros conceptos
El rezago es la contracara laboral del índice de precios al consumidor y la definición operativa del salario real. Su magnitud depende del régimen de indexación y de la rigidez nominal del mercado laboral: a mayor frecuencia de reajuste, menor rezago, pero también mayor riesgo de espiral precios-salarios, que es el escenario que la política monetaria busca evitar. En la curva de Phillips aumentada por expectativas, este rezago es precisamente el canal por el que la inflación sorpresiva mueve el empleo en el corto plazo. Cuando el impulso inflacionario viene de afuera, se conecta con el shock de oferta y con el deterioro de los términos de intercambio. Y su traducción política pasa por el voto económico retrospectivo, donde la pérdida de poder adquisitivo funciona como el resumen que el electorado usa para evaluar a un gobierno.
Fuentes y lecturas
- Keynes, J. M. (1936), The General Theory of Employment, Interest and Money, Macmillan.
- Taylor, J. B. (1980), "Aggregate Dynamics and Staggered Contracts", Journal of Political Economy, 88(1).
- Shiller, R. J. (1997), "Why Do People Dislike Inflation?", en C. Romer y D. Romer (eds.), Reducing Inflation: Motivation and Strategy, University of Chicago Press / NBER.
- Lewis-Beck, M. y Stegmaier, M. (2000), "Economic Determinants of Electoral Outcomes", Annual Review of Political Science, 3.
- De Gregorio, J. (2012), Macroeconomía: Teoría y Políticas, Pearson Educación (capítulos sobre mercado laboral e inflación).