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Teoría

Salario real y productividad del trabajo

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

El salario nominal es lo que dice la liquidación de sueldo; el salario real es lo que ese monto compra: el salario nominal dividido por el nivel de precios (W/P). Un reajuste del 12% con inflación de 4% no es un 12% real —es cerca de un 8%—, y esa distinción es el punto de partida de casi cualquier discusión salarial seria.

La pregunta interesante no es cómo se mide, sino qué determina su nivel. La respuesta estándar viene de la teoría de la productividad marginal, formulada por John Bates Clark (1899): una empresa que maximiza utilidades contrata trabajadores hasta que el costo de uno adicional iguala lo que ese trabajador agrega a la producción. En competencia, eso equivale a decir que el salario real converge al producto marginal del trabajo (W/P = PMgL). Si el salario real supera el aporte del trabajador marginal, esa contratación destruye valor y la empresa la evita; si queda por debajo, conviene contratar más y la competencia por trabajadores empuja el salario hacia arriba.

De ahí sale la proposición que se repite en todos los manuales de macro (Blanchard, 2021; Mankiw, 2020): en el largo plazo, el crecimiento sostenido del salario real viene del crecimiento de la productividad del trabajo. Con una función de producción tipo Cobb-Douglas —la que Cobb y Douglas (1928) ajustaron a datos manufactureros de EE.UU.— la participación del trabajo en el ingreso es constante, y de eso se deduce que salario real y productividad crecen a la misma tasa. La contabilidad del crecimiento de Solow (1957) agregó la pieza que importa acá: buena parte de esa productividad no viene de más capital ni de más horas, sino de un residuo —tecnología, organización, calidad institucional— que hoy llamamos productividad total de factores.

La relación no es mecánica, y conviene ser honesto con las excepciones, porque son la mitad del debate:

  • Poder de mercado en el mercado laboral. Bajo monopsonio, el empleador paga menos que el producto marginal, y un piso salarial puede subir salarios sin destruir empleo. Manning (2003) sistematizó el argumento; Card y Krueger (1994) le dieron la evidencia empírica más citada al no encontrar caída de empleo tras el alza del mínimo en Nueva Jersey. Neumark y Wascher (2008) discuten esos resultados con datos administrativos y llegan a conclusiones más pesimistas. El debate sigue abierto y depende de cuán alto quede el mínimo respecto del salario mediano.
  • La brecha medida. En varias economías, productividad y salario medio se despegaron desde los años ochenta. Parte es medición (se deflacta la producción con un índice y los salarios con otro) y parte es real: la participación del trabajo en el ingreso cayó de forma generalizada, algo que Karabarbounis y Neiman (2014) atribuyen al abaratamiento de los bienes de capital.
  • El margen de ajuste no siempre es el empleo. Un costo laboral que sube más rápido que la productividad puede salir por horas, por informalidad, por menos contratación futura o por precios, antes que por despidos visibles.

La versión operativa, y la que sirve para leer una negociación salarial: el espacio para reajustes reales sostenibles es, a grandes rasgos, el crecimiento de la productividad laboral, más lo que se recupere en participación del trabajo, más lo que regalen los términos de intercambio. Lo que exceda eso se paga con márgenes, con precios o con empleo.

Cómo lo explicó el programa

El 30 de abril de 2025, Buenas Tardes Mercado tomó la petición de la CUT de un 12% de reajuste al salario mínimo y la tradujo de inmediato a términos reales: con inflación de 4%, pedir 12% es pedir prácticamente un 12% real. Manuel Bengolea puso el ancla teórica en una frase: "los aumentos reales tienen que ver con los aumentos en productividad". Y el ancla empírica en dos números: la productividad en Chile, según planteó, no muestra cifras positivas desde 2016, mientras la serie histórica de salarios reales se mueve entre 1,5% y 2% anual. Un 12% real, contra ese telón de fondo, no es una redistribución del crecimiento: es un cheque contra un crecimiento que no aparece.

El programa fue después a la pregunta de incidencia —quién paga la cuenta— y ahí está lo que un manual no dice. Las empresas que emplean al salario mínimo son pymes de seis o siete trabajadores promedio, que explican alrededor del 70% del empleo, y que llegan a esta discusión ya absorbiendo tres shocks encadenados: el alza anterior del mínimo (que obligó al gobierno a subsidiarlas, señal de que el piso había superado la capacidad de pago de esa firma marginal), la reducción a 40 horas y la cotización adicional de la reforma de pensiones. Cada uno es un aumento del costo laboral por hora sin un aumento correspondiente del producto por hora.

La lectura política que cerró el bloque: la CUT sube la apuesta ahora, con un cambio de gobierno a la vista, porque en la negociación le conviene partir alto. El punto no es teórico, pero explica por qué la cifra pedida y la cifra defendible rara vez coinciden.

Relación con otros conceptos

Este concepto es el puente entre la productividad total de factores —el motor del crecimiento de largo plazo— y el salario mínimo, que es una intervención sobre el precio del trabajo menos calificado. Se conecta con los costos laborales unitarios (salarios sobre productividad), que son la medida directa de cuánta presión de costos hay en el sistema, y con la participación del trabajo en el ingreso, que define cómo se reparte lo producido. Por el lado macro, empalma con la curva de Phillips —los salarios como transmisor de inflación— y con la indexación, el mecanismo por el que la inflación pasada se incrusta en los contratos futuros. Y por el lado laboral, con la informalidad, que suele ser el margen por donde escapa un costo formal que la empresa no puede pagar.

Fuentes y lecturas

  • Blanchard, O. (2021), Macroeconomía, Pearson. Capítulos de mercado del trabajo y crecimiento; el tratamiento estándar de salario real y determinación de salarios.
  • Solow, R. M. (1957), "Technical Change and the Aggregate Production Function", The Review of Economics and Statistics, 39(3). El origen de la contabilidad del crecimiento y del residuo de productividad.
  • Cobb, C. W. y Douglas, P. H. (1928), "A Theory of Production", American Economic Review, 18(1). De donde sale la vinculación formal entre productividad y participación del trabajo.
  • Card, D. y Krueger, A. B. (1994), "Minimum Wages and Employment: A Case Study of the Fast-Food Industry in New Jersey and Pennsylvania", American Economic Review, 84(4). El estudio que abrió el debate empírico moderno sobre el salario mínimo.
  • Karabarbounis, L. y Neiman, B. (2014), "The Global Decline of the Labor Share", Quarterly Journal of Economics, 129(1). La evidencia sobre por qué salarios y productividad se despegaron.

Apariciones