Teoría
Sucesión histórica de las monedas de reserva
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Qué es
Una moneda de reserva es aquella que los bancos centrales y los agentes privados del mundo mantienen como depósito de valor, usan para facturar el comercio internacional y aceptan como unidad de referencia para contratos financieros. No hay ninguna ley que designe cuál es: el estatus emerge del uso, y por eso puede perderse.
La observación histórica que da nombre a este concepto es que ese estatus ha ido rotando entre un puñado de monedas a lo largo de los siglos —el florín holandés en los siglos XVII y XVIII, la libra esterlina en el XIX y hasta la Primera Guerra Mundial, el dólar estadounidense desde entonces—, y que cada transición estuvo precedida por un deterioro fiscal o monetario del emisor. Kindleberger (1984) narró esa secuencia como parte de la historia financiera de Europa occidental; Eichengreen (2011) la reconstruyó centrándose en el ascenso del dólar y en qué haría falta para que lo desplacen.
El punto teórico de fondo es que el estatus de reserva tiene fuertes externalidades de red. Una moneda es útil para facturar porque otros la usan para facturar; los mercados más líquidos atraen más operaciones, lo que los hace más líquidos todavía. Krugman (1980) modeló formalmente esta lógica para el uso internacional del dinero: los costos de transacción caen con el volumen, así que el equilibrio tiende a concentrarse en una sola moneda vehicular. Ese mismo mecanismo explica las dos caras del fenómeno: la inercia (un emisor puede deteriorarse bastante antes de que lo abandonen) y la no linealidad (cuando el cambio ocurre, ocurre relativamente rápido, porque cada agente que se va vuelve más atractivo irse para el siguiente).
La inercia tiene un límite, y ese límite suele ser fiscal. Cuando un país acumula deuda por encima de lo que su base tributaria puede sostener, las salidas históricas son tres: ajuste fiscal, default explícito o depreciación de la moneda. Reinhart y Rogoff (2009), sobre ocho siglos de episodios de crisis, documentan que el país que emite deuda en su propia moneda rara vez incumple de manera formal: erosiona el valor real de sus pasivos con inflación y depreciación cambiaria, que es un default parcial pero silencioso. Esa vía es políticamente más barata en el corto plazo, pero paga un costo de largo plazo: reduce el retorno real que obtiene el tenedor extranjero y, si se sostiene, erosiona precisamente el atributo —reserva confiable de valor— que le daba a la moneda su estatus internacional.
Conviene notar una tensión estructural que ya identificó Triffin (1960): el emisor de la moneda de reserva debe proveer al mundo de sus pasivos, lo que lo empuja a déficits persistentes, y esos mismos déficits son los que a la larga minan la confianza en su moneda. Es un dilema, no un error de política: el estatus de reserva contiene la semilla de su propio deterioro.
Finalmente, la sucesión requiere un sucesor. Un emisor alternativo debe ofrecer mercados de deuda profundos y líquidos, convertibilidad sin restricciones, un Estado de derecho que proteja al acreedor extranjero y —usualmente— una red de comercio que facture en esa moneda. La ausencia de un candidato que cumpla esas condiciones puede prolongar el reinado de una moneda deteriorada por décadas: el deterioro del titular es condición necesaria de la sucesión, no suficiente.
Cómo lo explicó el programa
En Buenas Tardes Mercado del 16 de septiembre de 2026, discutiendo cómo pagan históricamente los países sus excesos de deuda, Manuel Bengolea resumió la vía de ajuste en una frase: "lo que pasa usualmente cuando un país se sobra en deuda es que termina depreciando su moneda".
El argumento que desarrolló ahí encadena las dos piezas de este concepto. Primero, que el default es impensable para Estados Unidos —quien emite en su propia moneda no necesita incumplir—, de modo que la vía histórica es la depreciación. Segundo, que esa depreciación, si se sostiene, es exactamente lo que termina alejando a los inversionistas globales de una moneda como medio de intercambio. Citó los dos precedentes canónicos: la libra esterlina tras la Primera Guerra Mundial y el florín holandés hace 150 o 160 años.
Pero la conversación no terminó en el diagnóstico de decadencia, y esa segunda parte es la que evita la lectura apresurada: hoy no hay candidata a reemplazo. Al yuan le quitaron el financiamiento del petróleo venezolano —que volvió a pagarse en dólares— y sufrió un revés en Oriente Medio. O sea, el panelista describe un titular debilitándose sin que aparezca todavía quien lo suceda, que es precisamente el estado en que las externalidades de red sostienen a una moneda más allá de lo que justificarían sus fundamentos.
Relación con otros conceptos
Este concepto se apoya en la externalidad de red del dinero: lo que hace lenta la sucesión es que el valor de usar una moneda depende de cuántos otros la usan. La ausencia de sustituto para la moneda de reserva dominante es su complemento directo: sin un candidato viable, el deterioro del emisor no basta para producir un cambio.
Por el lado de los mecanismos, conecta con el impuesto inflacionario y el señoreaje (la depreciación como forma de licuar deuda sin declararla impaga), con la sostenibilidad de la deuda soberana (la restricción presupuestaria que fuerza la disyuntiva ajuste-default-depreciación) y con el dilema de Triffin, que explica por qué el emisor de reserva está estructuralmente empujado al déficit. También se vincula con la demanda oficial extranjera por deuda soberana y con la diversificación de reservas de los bancos centrales, que es el canal observable por donde una sucesión se manifestaría antes de consumarse.
Fuentes y lecturas
- Eichengreen, B. (2011), Exorbitant Privilege: The Rise and Fall of the Dollar and the Future of the International Monetary System, Oxford University Press.
- Reinhart, C. y Rogoff, K. (2009), This Time Is Different: Eight Centuries of Financial Folly, Princeton University Press.
- Triffin, R. (1960), Gold and the Dollar Crisis: The Future of Convertibility, Yale University Press.
- Krugman, P. (1980), "Vehicle Currencies and the Structure of International Exchange", Journal of Money, Credit and Banking, 12(3), 513-526.
- Kindleberger, C. (1984), A Financial History of Western Europe, George Allen & Unwin.
- Blanchard, O., Macroeconomía (manual estándar; capítulos sobre restricción presupuestaria del gobierno y sistemas cambiarios internacionales).