Teoría
Terciarización de la economía
Visto en 1 aparición de los programas.
Qué es
La terciarización es el desplazamiento del peso relativo de una economía —medido en empleo y en valor agregado— desde las actividades primarias (agricultura, minería) y secundarias (manufactura, construcción) hacia el sector terciario: comercio, transporte, finanzas, salud, educación, servicios personales y empresariales. No es un fenómeno chileno ni reciente: es la regularidad empírica más robusta del cambio estructural, documentada desde que Fisher (1935) y Clark (1940) propusieron la tripartición sectorial y Fourastié (1949) la popularizó como una ley del progreso técnico. Kuznets (1966) la incorporó al núcleo de lo que entendemos por crecimiento moderno.
Tres mecanismos, distintos entre sí, empujan en la misma dirección.
El primero es de demanda. A medida que sube el ingreso, la fracción del presupuesto destinada a alimentos cae —la observación de Engel (1857)— y la que va a servicios sube más que proporcionalmente: su elasticidad ingreso es mayor que uno. Nadie duplica su consumo de pan al duplicar su sueldo; sí duplica su gasto en salud, educación, viajes o restaurantes.
El segundo es de oferta y productividad, y es el más contraintuitivo. Baumol (1967) mostró que cuando la productividad crece rápido en la manufactura y lento en servicios intensivos en trabajo —un cuarteto de cuerdas necesita hoy los mismos cuatro músicos que en 1800—, la economía necesita cada vez menos trabajadores para producir la misma canasta de bienes y cada vez más para producir la misma canasta de servicios. El empleo migra hacia el sector menos dinámico, y los precios relativos de los servicios suben de forma persistente. Es la "enfermedad de costos": buena parte de la terciarización del empleo es consecuencia del éxito de la industria, no de su fracaso.
El tercero es puramente contable. Cuando una fábrica externaliza su contabilidad, su logística o su soporte informático, las mismas horas de trabajo se reclasifican de "industria" a "servicios" sin que haya cambiado nada real. Una parte no menor de las series de composición sectorial mide reorganización societaria, no transformación productiva.
Bell (1973) leyó el conjunto como la llegada de una sociedad post-industrial. La literatura posterior fue menos celebratoria: Rodrik (2016) documentó la desindustrialización prematura, es decir, economías en desarrollo que alcanzan su peak industrial con niveles de ingreso muy inferiores a los de los pioneros y se terciarizan hacia servicios de baja productividad, sin haber capturado antes el aprendizaje que la manufactura ofrece.
Para quien mide la macro, la consecuencia práctica es incómoda: el producto de los servicios es difícil de observar, su estacionalidad es distinta a la de la industria, y muchos supuestos heredados —entre ellos, cuánto "vale" un día de trabajo— fueron calibrados sobre una economía que ya no existe.
Cómo lo explicó el programa
El concepto apareció en Buenos Días Mercado del 12 de agosto de 2026 por un camino lateral: la aprensión metodológica al cálculo del costo de un feriado. La estimación habitual asigna un coeficiente distinto a cada día de la semana, y ahí saltó la objeción de Willy Díaz: "esta forma de mirarlo tiene más bien que ver con una economía más fabril, de turnos que entran y salen".
El argumento se apoya en la composición del empleo chileno de hoy —comercio 20%, industria 8%, construcción 7%—, sectores que dejaron de ser los motores que el método presupone. En una economía de turnos, un día no trabajado es producción perdida, y el coeficiente por día de la semana capta bien esa aritmética. En una economía de servicios, el mismo día feriado destruye consumo en unos rubros, lo desplaza en otros (la compra postergada al día siguiente) y lo crea en un tercero (turismo, gastronomía, entretención). El resultado neto no se lee del calendario fabril.
De ahí la segunda aprensión, la de orden de magnitud: US$150 millones para un día de todo el país parece bajo cuando las ventas del comercio —el 20% del empleo— caen 80% en un feriado irrenunciable. Y la alternativa habitual, dividir el PIB anual por 300 días, es más gruesa justamente porque no distingue el día: promedia sobre una composición sectorial que la propia terciarización volvió heterogénea.
Es un buen ejemplo de por qué la terciarización no es un dato de contexto sino un problema de medición: el método sobrevive intacto mientras la economía que lo justificaba se transforma debajo.
Relación con otros conceptos
La terciarización es la cara sectorial del cambio estructural, y su motor de oferta es la enfermedad de costos de Baumol, que a su vez explica por qué la productividad total de factores agregada se desacelera cuando el empleo se concentra donde es más difícil hacerlo mejor. Se emparenta con la desindustrialización prematura y, en el caso chileno, con la persistencia de la informalidad, que se aloja sobre todo en servicios de baja escala. Del lado de la demanda, descansa en la elasticidad ingreso de la demanda y en la ley de Engel. Y aterriza directamente en el IMACEC, cuya desagregación entre minero y no minero, y dentro de éste entre comercio y servicios, es la ventana mensual con que Chile observa exactamente el fenómeno que hace discutible el coeficiente del feriado.
Fuentes y lecturas
- Clark, C. (1940), The Conditions of Economic Progress, Macmillan.
- Baumol, W. J. (1967), "Macroeconomics of Unbalanced Growth: The Anatomy of Urban Crisis", American Economic Review, 57(3).
- Bell, D. (1973), The Coming of Post-Industrial Society, Basic Books.
- Rodrik, D. (2016), "Premature Deindustrialization", Journal of Economic Growth, 21(1).
- Instituto Nacional de Estadísticas de Chile, Encuesta Nacional de Empleo (ENE), serie trimestral móvil con desagregación por rama de actividad.