Teoría
Tipo de cambio y competitividad exportadora
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Qué es
El tipo de cambio traduce precios entre economías, y esa traducción decide cuánto vale afuera lo que se produce adentro. La distinción que ordena todo lo demás es entre el tipo de cambio nominal —cuántos pesos, o cuántos yenes, cuesta un dólar— y el real, que corrige esa cifra por los precios de cada país: si una moneda se deprecia 30% pero la inflación local se come la diferencia en un año, la competitividad ganada dura lo que dura el ajuste de precios y salarios. La intuición de que el tipo de cambio tiende a igualar el poder de compra entre países viene de Cassel (1918); es un ancla de largo plazo pobre para pronosticar, pero buena para recordar que ninguna devaluación compra competitividad permanente.
El mecanismo directo es simple: una moneda más débil abarata en moneda extranjera lo que el país vende y encarece lo que compra. Los volúmenes exportados suben, los importados bajan. Pero que eso mejore la balanza comercial no es automático: depende de la condición de Marshall-Lerner —desarrollada a partir de Marshall (1923) y Lerner (1944)—, según la cual la suma de las elasticidades-precio de la demanda por exportaciones e importaciones debe superar la unidad. Si los volúmenes reaccionan poco, lo único que cambia es que se paga más caro lo mismo. Y aun cumpliéndose, el efecto llega con retraso: los contratos ya firmados se liquidan a los precios viejos, de modo que la balanza empeora antes de mejorar. Es la curva J, cuya mecánica de contratos denominados en moneda extranjera formalizó Magee (1973).
La segunda complicación es que el exportador elige qué hacer con la depreciación. Puede bajar su precio en el mercado de destino y pelear participación, o dejarlo igual y quedarse con un margen más alto en su propia moneda. Krugman (1987) llamó a esto pricing to market: el traspaso cambiario a los precios finales es incompleto y varía por industria. Cuando el exportador opta por el margen, la depreciación aparece en los resultados de la empresa antes —y a veces en lugar— de aparecer en el volumen embarcado. Es una distinción que importa para leer una noticia cambiaria: el mismo movimiento puede ser una bonanza de utilidades y un no-evento para el empleo exportador.
La tercera es la moneda de facturación. Gopinath et al. (2020) mostraron que la mayor parte del comercio mundial se factura en dólares y no en la moneda del comprador ni del vendedor: si los precios están pegados al dólar, una depreciación bilateral frente al dólar no abarata las exportaciones para un tercer país, y el ajuste ocurre sobre todo por el lado de las importaciones. El manual clásico sobrestima, entonces, cuánto expande la demanda externa una moneda débil.
Hay dos límites más. Uno es el contenido importado: con cadenas de producción globales, la moneda débil encarece los insumos, y mientras mayor sea su peso en el costo, menos queda de la ventaja. El otro es de largo plazo: Balassa (1964) y Samuelson (1964) mostraron que el tipo de cambio real lo determina la productividad relativa de los sectores transables frente a los no transables, no la política cambiaria. La competitividad sostenida se mide en costos laborales unitarios, no en la pizarra del dólar. El corolario incómodo, para una economía como la chilena, lo describieron Corden y Neary (1982): un auge exportador de recursos naturales aprecia el tipo de cambio real y castiga a los demás sectores transables, aunque nadie haya tomado una decisión de política.
Cómo lo explicó el programa
En Buenas Tardes Mercado del 3 de septiembre de 2026, a propósito del yen, Manuel Bengolea resumió el punto en una frase: "este yen es música para los exportadores japoneses". El contexto que dio el panel es una moneda que pasó de 90 por dólar a 155, después de haber tocado 165 —un desplazamiento que no es una oscilación de mercado sino un cambio de régimen para cualquier empresa que factura afuera—, y de ahí la lectura de que la apreciación en curso no es una noticia neutra para Japón: lo que fue viento a favor durante años se convierte en viento en contra.
El detalle que el programa destacó es que el beneficiario no es solo la corporación célebre, sino un tejido de pymes japonesas que "en escala chilena serían multinacionales". Vale la pena leerlo con las cautelas de la teoría: una parte grande del aparato exportador japonés produce fuera de Japón, así que un yen débil se nota antes en las utilidades traducidas y en los márgenes que en los volúmenes embarcados —exactamente el canal de pricing to market—, y la contrapartida es una factura energética y de insumos importados mucho más cara. La música la escuchan los exportadores; la cuenta la paga el consumidor japonés.
Relación con otros conceptos
El concepto se apoya en la paridad del poder de compra como ancla de largo plazo y en el tipo de cambio real como su medida operativa. Su transmisión a precios internos es el traspaso cambiario, que a su vez alimenta la inflación importada y por esa vía condiciona la política monetaria: un banco central que sube la tasa para contener precios tiende a apreciar la moneda y a deshacer la ventaja exportadora. Del lado del comercio, se conecta con la condición de Marshall-Lerner, la curva J, los términos de intercambio, la cuenta corriente y los costos laborales unitarios. Y en economías de recursos naturales, con la enfermedad holandesa, que explica por qué el precio del cobre puede decidir la suerte de un exportador de fruta o de vino que nunca vendió un kilo de mineral.
Fuentes y lecturas
- Krugman, P., Obstfeld, M. y Melitz, M. (2018), International Economics: Theory and Policy, 11.ª ed., Pearson.
- De Gregorio, J. (2012), Macroeconomía: Teoría y Políticas, Pearson (capítulos de economía abierta y tipo de cambio real).
- Krugman, P. (1987), "Pricing to Market When the Exchange Rate Changes", en Arndt, S. y Richardson, J. D. (eds.), Real-Financial Linkages among Open Economies, MIT Press.
- Gopinath, G., Boz, E., Casas, C., Díez, F., Gourinchas, P.-O. y Plagborg-Møller, M. (2020), "Dominant Currency Paradigm", American Economic Review 110(3).
- Corden, W. M. y Neary, J. P. (1982), "Booming Sector and De-Industrialisation in a Small Open Economy", The Economic Journal 92(368).