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Teoría

Volatilidad del empleo y crédito de largo plazo

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

Un crédito hipotecario es, en el fondo, una apuesta que el hogar hace sobre su propio ingreso futuro: se compra hoy un activo que vale varias veces la renta anual y se promete pagarlo con veinte o treinta años de trabajo que todavía no ocurre. La evaluación bancaria, en cambio, mira un instante —la renta líquida de los últimos meses, la carga financiera sobre ese ingreso— y proyecta ese instante hacia adelante. La volatilidad del ingreso laboral es lo que rompe esa proyección: cuanto más inestable sea la trayectoria de rentas de una persona, menos informativo es su sueldo de hoy sobre su capacidad de pago del año doce.

La teoría del consumo justifica endeudarse largo precisamente porque el ingreso fluctúa. Modigliani y Brumberg (1954) y Friedman (1957) plantearon que el gasto se decide contra el ingreso permanente —el valor presente de todo lo que se espera ganar— y no contra el ingreso del mes; la deuda es el instrumento que permite anticipar ese flujo y suavizar el consumo a lo largo de la vida. El argumento se sostiene mientras el hogar pueda estimar razonablemente su ingreso permanente. El problema aparece cuando lo que crece no es la fluctuación transitoria sino la varianza del componente permanente: no es que este mes se gane menos y el próximo más, es que el nivel mismo del ingreso futuro se vuelve incierto. La literatura que descompone las rentas en un componente permanente y uno transitorio (Gottschalk y Moffitt, 1994) documentó justamente eso para el mercado laboral estadounidense —un aumento sostenido de la inestabilidad de las ganancias— y esa distinción es la que decide si un shock se absorbe con ahorro o exige renegociar la deuda.

Del lado del hogar, más incertidumbre produce ahorro precautorio. Deaton (1991) y Carroll (1997) mostraron que un consumidor prudente enfrentado a riesgo de ingreso y a restricciones de liquidez mantiene un colchón de activos y se comporta de manera mucho más cautelosa que lo que predice el modelo de ingreso permanente puro. Trasladado a la vivienda: ante la misma tasa y el mismo precio, un hogar con ingreso volátil demanda menos deuda, o exige un pie mayor, o simplemente posterga. La decisión racional frente al riesgo se ve, desde afuera, como falta de acceso.

Del lado del banco, opera el resultado de Stiglitz y Weiss (1981): bajo información asimétrica, el prestamista no equilibra el mercado subiendo la tasa —eso empeora la mezcla de deudores— sino racionando el crédito. Los trabajadores a honorarios, por cuenta propia, con boletas irregulares o rotación alta terminan excluidos aunque su ingreso esperado sea suficiente, porque lo que el banco no puede verificar es la estabilidad, no el monto. En Chile ese universo es grande, y la Encuesta Financiera de Hogares del Banco Central es la fuente estándar para dimensionar cómo se reparten deuda y carga financiera entre esos hogares.

Hay además un desajuste de instrumentos. Campbell y Cocco (2003) modelaron la elección de hipoteca como un problema de gestión de riesgo del hogar: cuál contrato conviene depende de cómo covarían el ingreso, la inflación y las tasas. En Chile la hipoteca está denominada en UF, o sea que el dividendo es fijo en términos reales por tres décadas, mientras el ingreso real del deudor es todo menos fijo. El seguro que da la indexación es para el acreedor. Y el recurso habitual para que el dividendo "quepa" —alargar el plazo de 20 a 25 o 30 años— alivia la restricción de flujo empeorando exactamente la dimensión que aquí importa: estira la exposición al riesgo de ingreso hacia un horizonte sobre el cual nadie tiene información. El colateral amortigua el problema del banco, no el del hogar: ejecutar una garantía es caro y lento, y el incumplimiento típico requiere dos gatillos simultáneos —una caída de ingreso y una pérdida de valor de la propiedad—, no uno solo.

Cómo lo explicó el programa

En Buenos Días Mercado del 19 de agosto de 2026, al desarmar el tema "Las tres causas estructurales del precio de la vivienda", el programa puso esta variable a la par de las otras dos. Primero, el suelo urbano bien localizado —cerca de los trabajos, con buena movilidad, junto a un eje del metro— se está acabando y su precio se dispara más que el costo de construcción, determinando el precio final. Segundo, el ciclo de tasas: de hipotecarios al 2% antes de la pandemia se pasó al doble o el triple. Y tercero, el ingreso laboral se volvió extremadamente volátil.

El giro del argumento está en cómo Pepe Arias formuló el tercer punto: no preguntándole al banco si presta, sino al comprador si puede comprometerse. "Usted podría asegurar que va a estar ahí los siguientes 20 años. Probablemente la respuesta es no." La observación es más incómoda que la de la tasa, porque una tasa alta es un precio que puede volver a bajar, mientras que la incertidumbre sobre el horizonte laboral no se corrige con política monetaria. Lo que el programa señaló, sin usar la jerga, es un problema de plazos: el contrato dura veinte años y la certeza del deudor dura bastante menos.

Relación con otros conceptos

El concepto vive en la intersección de tres familias. Del lado de la demanda de crédito lo explican la hipótesis del ingreso permanente, el ahorro precautorio y las restricciones de liquidez. Del lado de la oferta, el racionamiento del crédito por información asimétrica, la razón de carga financiera sobre ingreso, el canal del colateral y los límites macroprudenciales al loan-to-value. Y en el medio está el descalce de plazos, que suele discutirse para bancos pero aquí aplica al hogar: activo ilíquido de largo plazo y pasivo fijo, financiados con un flujo de corto plazo e incierto. Se conecta también con la renta de la tierra —el primer punto del programa, que es Ricardo (1817) y el modelo de renta de localización de Alonso (1964)— y con el ciclo de tasas, porque el mismo dividendo se vuelve tolerable o imposible según dónde esté la política monetaria. Por el lado laboral, enlaza con informalidad, trabajo por cuenta propia y rotación, que son las formas concretas que toma la volatilidad en Chile.

Fuentes y lecturas

  • Friedman, M. (1957), A Theory of the Consumption Function, Princeton University Press.
  • Gottschalk, P. y Moffitt, R. (1994), The Growth of Earnings Instability in the U.S. Labor Market, Brookings Papers on Economic Activity.
  • Carroll, C. (1997), Buffer-Stock Saving and the Life Cycle/Permanent Income Hypothesis, Quarterly Journal of Economics.
  • Stiglitz, J. y Weiss, A. (1981), Credit Rationing in Markets with Imperfect Information, American Economic Review.
  • Campbell, J. y Cocco, J. (2003), Household Risk Management and Optimal Mortgage Choice, Quarterly Journal of Economics.

Apariciones