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Teoría

Atractivo relativo de la renta fija frente a la renta variable

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

El atractivo relativo de la renta fija frente a la renta variable es la comparación que hace un inversionista entre lo que puede ganar con bonos y lo que espera ganar con acciones, considerando el riesgo de cada alternativa. No mira cuánto rinde un activo de forma aislada, sino si compensa más que su alternativa.

La idea parte de un principio básico de valoración: el precio de un activo financiero es el valor presente de los flujos que se espera que entregue. En el caso de una acción, esos flujos son dividendos o utilidades futuras, descontados a una tasa que suma la tasa libre de riesgo y una compensación adicional por asumir riesgo. Esa compensación se llama prima por riesgo accionario (equity risk premium). El modelo de descuento de dividendos con crecimiento constante, formalizado por Gordon (1962), muestra esta relación de forma simple: si suben las tasas de interés y lo demás no cambia, el valor presente de los flujos futuros cae.

De ahí sale la lógica central. Cuando las tasas de los bonos son bajas, como ocurrió durante buena parte de la década de 2010, el inversionista tiene pocas alternativas seguras que paguen algo razonable y se desplaza hacia acciones. En los mercados se le llamó "TINA" (there is no alternative). Cuando los bonos de largo plazo ofrecen rendimientos altos, la situación se invierte: el inversionista puede asegurar un retorno atractivo con bajo riesgo de crédito, y las acciones tienen que ofrecer una perspectiva de retorno bastante mayor para justificar su volatilidad.

Una forma habitual de medir este atractivo es comparar el rendimiento de las utilidades de las acciones (utilidad por acción dividida por precio, es decir, el inverso del ratio precio-utilidad) con el rendimiento del bono soberano de largo plazo. Esta comparación se conoce informalmente como el "modelo de la Fed", popularizado por el economista Ed Yardeni a fines de los noventa. El modelo ha sido criticado con fuerza. Asness (2003) argumentó que compara una magnitud real (las utilidades, que tienden a crecer con la inflación) con una nominal (el rendimiento del bono), y que históricamente no predice bien los retornos futuros. Mucho antes, Modigliani y Cohn (1979) habían planteado que los inversionistas tienden a cometer justamente ese error: descontar utilidades reales con tasas nominales, lo que lleva a subvalorar las acciones cuando la inflación es alta.

El efecto de las tasas no es igual para todas las acciones. Las empresas cuyo valor depende sobre todo de flujos lejanos en el tiempo, típicamente las de crecimiento y las tecnológicas, tienen una duración implícita más larga. Se comportan como un bono de muy largo plazo y son más sensibles a los cambios en la tasa de descuento (Dechow, Sloan y Soliman, 2004). Por eso, cuando las tasas largas suben, el castigo suele concentrarse en esos sectores.

Hay además un debate de fondo sobre cuánta prima por riesgo es "razonable". Mehra y Prescott (1985) mostraron que el exceso de retorno histórico de las acciones sobre los bonos en Estados Unidos era demasiado alto para explicarse con modelos estándar de aversión al riesgo. Lo llamaron el equity premium puzzle, y sigue siendo una de las preguntas abiertas de la economía financiera.

Cómo lo explicó el programa

En el episodio [btm-2026-10-15] (15 de octubre de 2026), bajo el tema "Castigo bursátil a las tecnológicas", el programa aplicó esta idea a la caída de las acciones tecnológicas. Pepe Arias explicó que el mercado duda de que estas empresas puedan rentabilizar en el corto plazo su enorme inversión en infraestructura:

"las tecnológicas estaban siendo castigadas porque es tal la cantidad de dinero que le están metiendo en infraestructura"

El argumento combina dos fuerzas que la teoría permite separar. La primera es la incertidumbre sobre los flujos futuros: si el retorno del gasto en infraestructura se ve lejano o dudoso, el valor presente de esas utilidades esperadas baja. La segunda es el costo de oportunidad: con tasas largas atractivas, los inversionistas prefieren la renta fija, porque ya no necesitan asumir el riesgo de una apuesta de largo plazo para obtener un retorno razonable. Ambas fuerzas golpean con más fuerza a empresas de larga duración implícita, como las tecnológicas.

Relación con otros conceptos

El concepto se apoya en el valor presente y en la tasa de descuento. Un alza de la tasa libre de riesgo eleva la vara que deben superar todos los activos riesgosos. Se conecta directamente con la prima por riesgo accionario, que es justamente la diferencia de retorno exigida entre acciones y bonos, y con el Capital Asset Pricing Model (CAPM) de Sharpe (1964), que formaliza el retorno exigido a un activo como la tasa libre de riesgo más una prima proporcional a su riesgo sistemático.

También se relaciona con la curva de rendimiento y la política monetaria. Las decisiones del banco central y las expectativas de inflación mueven las tasas largas, y con ellas el atractivo relativo de los bonos. La duración de un bono, concepto introducido por Macaulay (1938), tiene su análogo en la duración implícita de las acciones y explica por qué algunos sectores son más sensibles a las tasas que otros. Por último, el concepto conversa con la rotación sectorial (el paso de acciones de crecimiento a acciones de valor) y con las decisiones de asignación de activos en un portafolio.

Fuentes y lecturas

  • Mehra, R. y Prescott, E. (1985), The Equity Premium: A Puzzle, Journal of Monetary Economics, 15(2). https://doi.org/10.1016/0304-3932(85)90061-3
  • Modigliani, F. y Cohn, R. (1979), Inflation, Rational Valuation and the Market, Financial Analysts Journal.
  • Asness, C. (2003), Fight the Fed Model, The Journal of Portfolio Management.
  • Brealey, R., Myers, S. y Allen, F., Principios de finanzas corporativas, McGraw-Hill (varias ediciones en español).
  • Bodie, Z., Kane, A. y Marcus, A., Investments, McGraw-Hill (manual estándar de inversiones; varias ediciones).

Apariciones