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Teoría

Ciclos largos de inestabilidad institucional

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

Un ciclo largo de inestabilidad institucional es la idea de que las reglas fundamentales de un país —la constitución, el arreglo entre poderes, el pacto sobre quién reparte qué— no se degradan de manera continua, sino que acumulan tensión durante décadas y se reordenan de golpe, en episodios de ruptura relativamente espaciados en el tiempo. Entre reventón y reventón hay calma, y esa calma no es lo contrario de la crisis: es la fase en que se cargan las condiciones de la siguiente.

Para la economía esto no es folclore histórico. Desde North (1990) el marco estándar entiende las instituciones como las reglas del juego que fijan los costos de transacción y la estructura de incentivos, y por lo tanto como el determinante profundo del crecimiento de largo plazo; Acemoglu, Johnson y Robinson (2001) mostraron empíricamente que buena parte de las diferencias de ingreso entre países se rastrea a diferencias institucionales heredadas, y Acemoglu y Robinson (2012) sistematizaron el mecanismo con la distinción entre instituciones inclusivas y extractivas y la noción de coyuntura crítica: momentos en que un shock rompe la inercia y el arreglo puede saltar de rama. La consecuencia teórica relevante es la dependencia de la trayectoria: si el cambio institucional es discontinuo y con memoria, la historia no se distribuye de forma pareja sino concentrada en pocos años que deciden muchas décadas.

¿Por qué en ciclos y no en tendencia? Hay tres explicaciones serias, y ninguna es aritmética. Huntington (1968) planteó que la inestabilidad nace de una brecha entre la velocidad a la que la sociedad se moviliza —urbanización, educación, expectativas— y la velocidad, mucho menor, a la que las instituciones desarrollan capacidad para procesar esas demandas. Hirschman y Rothschild (1973) describieron el efecto túnel: durante el crecimiento la desigualdad se tolera mientras se lee como señal de que a uno también le llegará el turno, y esa tolerancia se agota de forma no lineal cuando la señal se desmiente. North, Wallis y Weingast (2009) fueron más lejos: en los "órdenes de acceso limitado", donde la estabilidad se compra repartiendo rentas entre coaliciones de élite, la violencia periódica no es la falla del sistema sino su modo normal de reequilibrarse cuando las rentas dejan de alcanzar. Turchin y Nefedov (2009), en la línea más cuantitativa, proponen ciclos seculares con un componente de ~50 años impulsado por sobreproducción de élites y caída del ingreso popular.

Ahora la advertencia, que es parte del concepto y no una nota al pie. La periodicidad es la parte más frágil de toda esta literatura. Con cinco o seis eventos en dos siglos y libertad para elegir cuáles cuentan, encontrar un período regular es casi inevitable: los grados de libertad del que fecha superan a los datos. Es el mismo problema que hundió a las ondas largas de Kondratieff (1926), rescatadas por Schumpeter (1939) y nunca validadas estadísticamente. Lo que sí resiste la evidencia es lo que documentaron Reinhart y Rogoff (2009) para las crisis financieras: la recurrencia es robusta, el calendario no. Un modelo que dice "esto vuelve a pasar" es utilizable; uno que dice "vuelve a pasar en 2065" no lo es.

El canal por el que esto entra en un precio sí es medible. La incertidumbre sobre las reglas futuras opera como una opción de esperar: cuando la inversión es irreversible, subir la varianza de los escenarios aumenta el valor de postergar y deprime la inversión aun sin cambiar el retorno esperado (Dixit y Pindyck, 1994). Baker, Bloom y Davis (2016) construyeron índices de incertidumbre de política económica que capturan justamente eso, y para Chile existen versiones análogas. Es también la razón por la cual las tecnologías de compromiso —autonomía del banco central, regla de balance estructural, reglas constitucionales difíciles de modificar— valen tanto: no vuelven virtuosos a los gobiernos, sino que reducen el rango de lo que puede cambiar cuando el ciclo político se tensiona (Kydland y Prescott, 1977).

Cómo lo explicó el programa

En Buenos Días Mercado del 4 de septiembre de 2026 (bdm-2026-09-04), bajo el tema "Ciclos históricos de crisis en Chile", el panel propuso una periodización de la historia política chilena: independencia, 1851, 1891, 1925 y 1973 como estallidos sucesivos, con el 18 de octubre de 2019 ocupando el lugar del más reciente. Un panelista lo resumió así: "Son periodos de 40 o 50 años de relativa calma pero de acumulación de energía". De ahí se seguía una conclusión tranquilizadora para el inversionista: si 2019 fue el reventón, Chile entraría en un tramo largo de calma relativa.

Vale la pena mirar la aritmética que sostiene la afirmación, porque es más irregular de lo que suena: los intervalos de esa lista son 41, 40, 34, 48 y 46 años. La regularidad existe, pero convive con una selección hecha hacia atrás —quedan fuera 1891 como guerra civil frente a 1924-1925 como intervención militar, o 1932— y el rango de ±7 años sobre un promedio de 42 es demasiado ancho para programar nada.

Lo que sí es económicamente utilizable del argumento no es el calendario sino el mecanismo, y ahí la propia definición del programa deja una pregunta abierta: el ciclo cierra cuando la tensión acumulada se procesa en un arreglo nuevo, no cuando ocurre el estallido. Los dos procesos constituyentes rechazados en 2022 y 2023 son el dato incómodo para la lectura optimista: hubo reventón sin reordenamiento de las reglas. Si la hipótesis de fondo es la de Huntington —capacidad institucional que no alcanza a las demandas—, el descanso de décadas no está garantizado por haber pasado por la crisis.

Relación con otros conceptos

Este concepto es la versión de largo plazo de la calidad institucional y de la certeza jurídica, y se traduce al mercado a través del riesgo país y del premio por riesgo soberano, que es el precio que un inversionista cobra por la varianza de las reglas futuras. Vía inversión irreversible y valor de la opción de esperar golpea la formación bruta de capital fijo antes que ninguna otra variable, y por esa vía la productividad total de factores y el crecimiento potencial. En el frente doméstico se conecta con la desigualdad como fuente de tensión acumulada y con la incertidumbre de política económica como su medición contemporánea. Del lado de las defensas, se relaciona con la inconsistencia temporal y con las reglas que la contienen: autonomía del banco central, regla fiscal y ancla de expectativas. Y conviene distinguirlo del ciclo económico convencional y de las ondas largas de Kondratieff: aquí lo que oscila no es el producto, son las reglas bajo las cuales el producto se genera y se reparte.

Fuentes y lecturas

  • North, D. C. (1990), Institutions, Institutional Change and Economic Performance, Cambridge University Press.
  • Acemoglu, D. y Robinson, J. A. (2012), Why Nations Fail: The Origins of Power, Prosperity, and Poverty, Crown Business (edición en español: Por qué fracasan los países, Deusto).
  • Turchin, P. y Nefedov, S. (2009), Secular Cycles, Princeton University Press.
  • Dixit, A. y Pindyck, R. (1994), Investment under Uncertainty, Princeton University Press.
  • Collier, S. y Sater, W. (2004), A History of Chile, 1808–2002, 2.ª ed., Cambridge University Press.

Apariciones