Teoría
Cobertura territorial de servicios esenciales
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Qué es
La cobertura territorial de servicios esenciales es la fracción del territorio —y de la población que lo habita— que tiene acceso efectivo a un bien o servicio considerado indispensable: atención de salud, medicamentos, electricidad, agua potable, telefonía, banca, correo. La palabra que hace el trabajo pesado es "efectivo": no basta con que el servicio exista en el país, tiene que estar a una distancia, un precio y un tiempo que una persona corriente pueda pagar. Por eso la cobertura se mide en dos planos distintos —disponibilidad (¿existe un local?) y accesibilidad (¿a cuántos kilómetros y a qué costo?)— y una política puede mejorar uno sin mover el otro.
El problema económico de fondo es viejo y no requiere suponer mala fe de nadie. Estos servicios se ofrecen desde instalaciones con costos fijos altos e indivisibles —el local, la licencia, el inventario, el químico farmacéutico de turno, el camión de reparto— y costos marginales bajos. Eso implica un umbral mínimo de demanda: por debajo de cierto número de clientes, ningún operador cubre el fijo, y no hay precio que arregle eso sin expulsar justamente a los clientes que quedaban. Christaller (1933) construyó sobre esa idea la teoría de los lugares centrales: cada servicio tiene un umbral (la demanda mínima que lo sostiene) y un alcance (la distancia máxima que el cliente está dispuesto a recorrer), y de la interacción de ambos se deriva una jerarquía de localidades. Los servicios de umbral alto se concentran en pocos centros grandes; los de umbral bajo se dispersan. La cobertura no es aleatoria: está ordenada, y las localidades pequeñas quedan sistemáticamente en el escalón donde solo sobreviven los servicios más baratos de proveer.
A eso se suman las economías de densidad, que Caves, Christensen y Tretheway (1984) distinguieron formalmente de las economías de escala: lo que abarata el servicio no es solo atender a más gente, sino atender a más gente junta. Duplicar los clientes de una red repartidos en el mismo radio baja el costo unitario; duplicarlos estirando el radio, no. La localización privada, además, se acomoda a la demanda existente y no a la necesidad (Hotelling, 1929), y los mecanismos de aglomeración tienden a reforzar la concentración en vez de corregirla (Krugman, 1991). El resultado es un equilibrio perfectamente racional en el que una parte del territorio queda sin oferta —un "desierto" de farmacias, de sucursales o de reparto— sin que ningún actor haya hecho nada irracional.
Cuando la sociedad decide que ese resultado es inaceptable, entra la obligación de servicio universal: la exigencia de proveer a todo el territorio bajo condiciones comparables, con su correspondiente forma de financiamiento (Laffont y Tirole, 2000; Cremer, Gasmi, Grimaud y Laffont, 2001). Las dos vías clásicas son el subsidio cruzado —las zonas densas financian a las ralas, lo que obliga a defenderse del descreme, es decir, del entrante que se queda solo con las rentables— y el subsidio explícito asignado por licitación, donde gana quien pide menos plata pública por servir la zona, en la lógica de competencia por el mercado de Demsetz (1968). Chile aplicó la segunda receta en telefonía rural con el Fondo de Desarrollo de las Telecomunicaciones, y usa concesiones subsidiadas en zonas aisladas para electricidad. En medicamentos, en cambio, la cobertura territorial se ha abordado sobre todo por el lado del comprador (compra centralizada, farmacias municipales) más que por una obligación de cobertura sobre el operador privado.
Cómo lo explicó el programa
En Buenos Días Mercado del 4 de septiembre de 2026, discutiendo cobertura geográfica y acceso a medicamentos, Juan José Lavín puso el problema en su forma más nítida: "En pequeños pueblos o localidades de Chile donde no hay farmacias ni hay distribución, esa gente está muy botada."
El argumento del programa tiene dos pisos y ahí está su gracia analítica. El primero es concesivo: el comercio electrónico sí resuelve algo real, el desplazamiento del enfermo y del adulto mayor, que es un costo de acceso puro. El segundo lo desarma: eso ocurre solo donde ya existe una red de distribución. El e-commerce no crea cobertura, la hereda —corre sobre una logística que enfrenta exactamente el mismo umbral que la farmacia física, un piso más arriba—. Donde no hay farmacia tampoco hay reparto, porque lo que faltaba nunca fue el mostrador sino la densidad de demanda que sostiene la ruta. Lo que queda en esas localidades es el almacén de barrio como proveedor de última instancia, con aspirina o paracetamol: un sustituto degradado, que cubre el síntoma y no la necesidad, y que además opera fuera del régimen sanitario que regula la venta de medicamentos.
Relación con otros conceptos
Es una manifestación espacial de una falla de mercado por costos fijos y escala mínima eficiente: el mismo mecanismo que explica el monopolio natural en redes explica aquí la ausencia de oferta. Se apoya en las economías de densidad y en el problema de la última milla; y una vez que se decide corregirlo, aparecen el servicio universal, el subsidio cruzado, el descreme de mercado y la licitación por menor subsidio. Que el bien se considere indispensable lo acerca a la categoría de bien meritorio, y las brechas de acceso resultantes se leen también como desigualdad territorial y como barrera de acceso en salud.
Fuentes y lecturas
- Christaller, W. (1933), Die zentralen Orte in Süddeutschland, Gustav Fischer (trad. inglesa: Central Places in Southern Germany, Prentice-Hall, 1966).
- Hotelling, H. (1929), "Stability in Competition", The Economic Journal, 39(153).
- Caves, D., Christensen, L. y Tretheway, M. (1984), "Economies of Density versus Economies of Scale", RAND Journal of Economics, 15(4).
- Laffont, J.-J. y Tirole, J. (2000), Competition in Telecommunications, MIT Press (capítulo sobre servicio universal).
- Krugman, P. (1991), "Increasing Returns and Economic Geography", Journal of Political Economy, 99(3).