Teoría
Colateral como garantía del crédito
Visto en 1 aparición de los programas.
Qué es
Un colateral es un activo que el deudor compromete al acreedor para respaldar un crédito: si deja de pagar, el acreedor puede ejecutarlo y cobrarse con su venta. La hipoteca sobre la vivienda, la prenda sobre el automóvil o sobre la maquinaria de una empresa son las formas habituales. El colateral no mejora el proyecto que se está financiando ni cambia su valor presente; cambia otras dos cosas, que son justamente las que determinan la tasa: quién soporta la pérdida cuando el proyecto falla, y qué tan creíble resulta la promesa de pago.
La descomposición estándar del precio de un crédito lo hace evidente. La tasa que cobra un banco es su costo de fondos más gastos operativos más una prima por riesgo, y esa prima depende del producto entre la probabilidad de incumplimiento y la pérdida dada el incumplimiento. El colateral opera sobre el segundo factor de manera directa: con una casa detrás, la pérdida no es el saldo completo sino la diferencia entre ese saldo y lo que se recupere al liquidarla. Por eso el orden de las tasas en cualquier sistema financiero es tan estable —hipotecario abajo, automotriz al medio, consumo arriba—: lo que separa esos escalones no es la virtud del deudor sino qué queda para ejecutar.
Hay un segundo canal, menos mecánico y más profundo, que viene de la economía de la información. Stiglitz y Weiss (1981) mostraron que un banco no puede simplemente subir la tasa hasta que el riesgo "quepa" en el precio: tasas más altas ahuyentan a los deudores prudentes y retienen a los que apuestan fuerte (selección adversa), y además empujan a los que quedan hacia proyectos más riesgosos (riesgo moral). El resultado es que la cartera empeora justo cuando el precio sube, y el banco prefiere racionar el crédito antes que seguir encareciéndolo. Bester (1985) agregó la pieza que falta: si el banco puede ofrecer un menú —tasa baja con mucho colateral, tasa alta con poco—, los deudores se auto-seleccionan y revelan lo que saben de sí mismos, porque solo quien confía en pagar acepta poner su casa. El colateral, entonces, no es únicamente un seguro contra la pérdida: es un dispositivo de información y de incentivos, porque quien tiene algo que perder se comporta distinto.
De ahí se sigue el caso límite. Hart y Moore (1994) construyeron una teoría de la deuda a partir de la inalienabilidad del capital humano: la capacidad de endeudarse depende de qué tan transferible es el activo que respalda el préstamo, y el capital humano no se puede embargar ni vender. Es el mismo punto que ya había señalado Becker (1964) al explicar por qué el mercado financia mal la educación pese a que sus retornos son altos, y el que llevó a Friedman (1955) a proponer contratos de repago contingente al ingreso —participaciones sobre ingresos futuros, no deuda— precisamente porque no hay nada que hipotecar. Todo el diseño institucional del crédito estudiantil en el mundo consiste en fabricar el sustituto que falta: garantía estatal, repago atado al ingreso, o privilegios legales que impiden descargar la deuda.
Cómo lo explicó el programa
En Buenas Tardes Mercado del 29 de abril de 2025, bajo el tema "Riesgo y colateral en el crédito estudiantil", el programa discutió la tasa del CAE en medio de la petición del gobierno de bajarla desde 8% a 2%. Tomás Flores desarmó la indignación con una sola frase: "este es un crédito que no tiene colateral". El argumento: teóricamente el 8% no era una anomalía. No hay auto, casa ni máquina que ejecutar si el deudor deja de pagar, así que el producto se parece mucho más a un crédito de consumo que a uno hipotecario, y las tasas de consumo en Chile viven bastante más arriba del 8%.
El programa sumó un matiz que va más allá de la ausencia de garantía y que es el corazón del problema: quien abandona la carrera ni siquiera queda con el título. En un crédito hipotecario que sale mal, al menos la casa existe. Acá el activo que se estaba financiando no llega a formarse, y con él desaparece también la credencial que señaliza al mercado laboral (Spence, 1973) y que sostiene la capacidad de pago futura. El deudor que peor puede pagar es exactamente el que menos tiene para entregar. Lo que queda como sustituto del colateral está en el nombre del instrumento —el aval del Estado, que en la Ley 20.027 (2005) traslada al fisco una fracción de esa pérdida—, y por eso la discusión sobre la tasa es, en el fondo, una discusión sobre cuánto del riesgo asume el contribuyente.
Relación con otros conceptos
El colateral es una respuesta a la información asimétrica y, en particular, a la selección adversa y al riesgo moral; su ausencia es lo que produce racionamiento de crédito en lugar de un simple ajuste de precio. Determina el tamaño de la prima por riesgo y del spread bancario, y explica el ordenamiento de tasas entre crédito hipotecario, automotriz y de consumo. En el caso estudiantil se cruza con la teoría del capital humano y con la señalización por credenciales, y las alternativas de diseño —garantía estatal, repago contingente al ingreso— son formas de reemplazar la garantía que el activo no puede dar, trasladando riesgo al Estado y abriendo su propio problema de incentivos sobre quien origina el crédito. En el plano macro, el valor del colateral es un amplificador: Kiyotaki y Moore (1997) mostraron cómo la caída del precio de los activos que respaldan deuda contrae el crédito y realimenta la caída, mecanismo emparentado con el acelerador financiero de Bernanke y Gertler (1989).
Fuentes y lecturas
- Stiglitz, J. y Weiss, A. (1981), Credit Rationing in Markets with Imperfect Information, American Economic Review.
- Bester, H. (1985), Screening vs. Rationing in Credit Markets with Imperfect Information, American Economic Review.
- Hart, O. y Moore, J. (1994), A Theory of Debt Based on the Inalienability of Human Capital, Quarterly Journal of Economics.
- Kiyotaki, N. y Moore, J. (1997), Credit Cycles, Journal of Political Economy.
- Brealey, R., Myers, S. y Allen, F. (2020), Principios de finanzas corporativas, McGraw-Hill.