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Teoría

Prima por riesgo

Visto en 16 apariciones de los programas.

Qué es

La prima por riesgo es el retorno adicional que un inversionista exige, por sobre la tasa libre de riesgo, para aceptar un flujo de caja incierto en vez de uno seguro. En su forma más simple:

rentabilidad exigida = tasa libre de riesgo + prima por riesgo

Nadie entrega plata hoy a cambio de una promesa futura si esa promesa paga lo mismo que un instrumento seguro. La prima es el precio de la incertidumbre, y es exigida —no pagada—: no aparece en ningún contrato, sino en el umbral mental con que se evalúa un proyecto.

El punto de partida conceptual suele atribuirse a Knight (1921), que separó el riesgo (contingencias con probabilidad conocida, asegurables, diversificables) de la incertidumbre propiamente tal (contingencias que ni siquiera se pueden probabilizar). La utilidad del empresario, argumentó, es la remuneración por cargar con la segunda.

La formalización moderna llega con la teoría de portafolio de Markowitz (1952) y el CAPM de Sharpe (1964): si el inversionista puede diversificar, el mercado solo le paga por el riesgo que no puede eliminar diversificando —el riesgo sistemático—. De ahí la expresión estándar E(Rᵢ) = R_f + βᵢ·[E(R_m) − R_f], donde el corchete es la prima de mercado y beta mide cuánto de ella le toca a ese activo en particular. La magnitud empírica de esa prima resultó ser un problema en sí mismo: Mehra y Prescott (1985) mostraron que el exceso de retorno histórico de las acciones sobre los bonos es demasiado grande para explicarse con los grados razonables de aversión al riesgo de los modelos de consumo, lo que se conoce hasta hoy como el equity premium puzzle.

En la práctica de evaluación de proyectos —el terreno donde el concepto se vuelve concreto— la prima no es un número único, sino una suma de capas: prima de mercado accionario, prima por riesgo país (el spread soberano que cobra una economía emergente), prima por riesgo regulatorio o político, y primas por iliquidez, tamaño o riesgo específico del sector. El resultado es la tasa de descuento que va al denominador del VAN, o la tasa de corte (hurdle rate) que el proyecto debe superar.

Dos propiedades explican por qué mover la prima tiene efectos tan violentos. Primero, el descuento es exponencial: un alza de la tasa exigida castiga muchísimo más los flujos lejanos que los cercanos, de modo que los primeros proyectos en caerse son los de horizonte largo —minería, energía, infraestructura, concesiones—, justamente los intensivos en capital. Segundo, cuando la inversión es irreversible y se puede postergar, la incertidumbre agrega un costo extra: como mostraron Dixit y Pindyck (1994), esperar tiene valor de opción, y ese valor sube con la volatilidad. La firma entonces no solo exige más retorno: derechamente aplaza la decisión. El resultado observable no es un proyecto malo, es un proyecto que no se materializa.

Cómo lo explicó el programa

En el episodio del 29 de julio de 2026, en el bloque "Invariabilidad tributaria e inversión", el panel usó exactamente esta cadena causal para leer el quiebre de la inversión chilena tras la derogación del DL 600. El dato que ordenó la discusión: la formación bruta de capital fijo pasó de crecer 6,6% promedio anual entre 1996 y 2015 a 2,1% entre 2016 y 2025 —un tercio del ritmo previo—. Juan José Lavín lo resumió así: «bajó a un tercio la tasa de crecimiento de la formación bruta de capital fijo porque no hay invariabilidad tributaria».

El mecanismo que expuso el programa es de evaluación de proyectos, no de eslogan: si los flujos futuros de un proyecto dependen de tasas que fija la política —y esa política puede cambiar durante los veinte o treinta años en que el proyecto recupera su inversión—, entonces el riesgo del flujo aumenta, sube la rentabilidad exigida y el VAN cae por debajo de cero. La invariabilidad tributaria, en esta lectura, no era un regalo fiscal sino un seguro contra el riesgo regulatorio: al fijar la tasa por contrato, achicaba una capa específica de la prima.

El panel agregó un matiz relevante: el efecto no se limita a los megaproyectos que históricamente usaban el DL 600. También alcanza a la empresa mediana, que evalúa con el mismo criterio aunque no tenga acceso a esos instrumentos, y que además enfrenta un costo de capital más alto de partida.

Relación con otros conceptos

La prima por riesgo es una pieza del costo de capital: entra al costo del patrimonio y, ponderada con la deuda, al WACC con que se descuenta un proyecto. Está por definición anclada a la tasa libre de riesgo, que sirve de piso y suele aproximarse con deuda soberana. En economías emergentes su componente más visible es el riesgo país, medido por spreads soberanos tipo EMBI. Del CAPM hereda la distinción entre riesgo sistemático y diversificable, y con ella la noción de beta. Se conecta con la incertidumbre de política económica —hoy medida con índices construidos a partir de prensa y legislación— y con las opciones reales, que explican por qué la incertidumbre paraliza inversión aun cuando el retorno esperado sigue siendo atractivo. Aguas abajo, se enlaza con la formación bruta de capital fijo, el crecimiento potencial y la productividad: menos inversión hoy es menos capital por trabajador mañana.

Fuentes y lecturas

  • Knight, F. (1921), Risk, Uncertainty and Profit, Houghton Mifflin.
  • Sharpe, W. (1964), "Capital Asset Prices: A Theory of Market Equilibrium under Conditions of Risk", The Journal of Finance, 19(3).
  • Mehra, R. y Prescott, E. (1985), "The Equity Premium: A Puzzle", Journal of Monetary Economics, 15(2). Panorama accesible: Equity premium puzzle.
  • Dixit, A. y Pindyck, R. (1994), Investment under Uncertainty, Princeton University Press.
  • Brealey, R., Myers, S. y Allen, F., Principios de finanzas corporativas, McGraw-Hill (capítulos de riesgo, retorno y costo de capital).

Apariciones