Teoría
Riesgo moral
Visto en 16 apariciones de los programas.
Qué es
El riesgo moral (moral hazard) describe el cambio de conducta que se produce cuando quien toma una decisión no carga con el costo completo de sus consecuencias, porque hay un tercero que las absorbe. No supone mala fe ni fraude: es la respuesta previsible de un agente racional a los incentivos que enfrenta. Por eso Pauly (1968) insistió, discutiendo justamente con la tradición aseguradora que acuñó el término, en que el fenómeno no es un defecto de carácter sino un efecto de precios: si el costo marginal de una conducta riesgosa cae a cero para quien la ejecuta, esa conducta aumenta.
El concepto entra formalmente a la economía con Arrow (1963), en su análisis del seguro de salud: una vez asegurado, el paciente demanda más atención y el médico prescribe con menos restricción, porque el cheque lo firma la aseguradora. Dos condiciones lo habilitan. Primero, una transferencia de riesgo: alguien distinto del decisor queda expuesto al mal resultado. Segundo, información asimétrica sobre la acción —lo que en la jerga se llama acción oculta—: el que soporta el riesgo no puede observar (o le sale carísimo verificar) el esfuerzo o la prudencia del que decide.
Conviene no confundirlo con la selección adversa. Ahí el problema es información oculta antes del contrato: no sé qué tipo de contraparte tengo. En el riesgo moral el problema aparece después: sé con quién contraté, pero no puedo ver cómo se comporta ahora que está cubierto.
El tratamiento formal estándar es el modelo principal-agente de Holmström (1979): el principal observa sólo una señal ruidosa del esfuerzo del agente, y el contrato óptimo termina siendo un compromiso entre asegurar al agente y darle incentivos. De ahí sale el principio de informatividad: cualquier señal que contenga información sobre el esfuerzo debería entrar al contrato, por imperfecta que sea. Jensen y Meckling (1976) lo trasladaron a la empresa y bautizaron el resultado como costos de agencia: en particular, un accionista muy apalancado tiene incentivos a tomar apuestas riesgosas, porque se queda con el lado bueno y el acreedor con el malo.
La versión financiera del problema es la de las garantías. Cuando un tercero solvente respalda una deuda —explícita o implícitamente—, la tasa de interés deja de reflejar el riesgo del proyecto y pasa a reflejar el riesgo del garante. El precio del crédito se desconecta del riesgo real, el deudor se endeuda más y peor, y el garante descubre la factura recién cuando el resultado malo se materializa. Kornai (1986) describió el caso particular de las empresas estatales bajo una restricción presupuestaria blanda: si el Estado siempre rescata, la disciplina de costos deja de ser una necesidad y pasa a ser una opción política. Las mitigaciones conocidas van todas en la misma dirección —restituir "piel en el juego"—: deducibles y copagos en seguros, garantías reales y covenants en crédito, requisitos de capital y regímenes de resolución en banca, monitoreo y contratos de incentivos en la empresa.
Cómo lo explicó el programa
En Buenos Días Mercado del 30 de julio de 2026 (bdm-2026-07-30), bajo el tema "Control y deuda: las dos trampas de cualquier operación sobre Codelco", el panel desarmó el asunto en dos piezas. La primera: el control no es una cifra de porcentaje sino representación en el directorio, es decir, capacidad efectiva de tomar decisiones productivas y bajar costos —y por eso mismo abriría una batalla política brutal sobre privilegios. La segunda es la que interesa acá. La deuda, dijeron, es la bala envenenada: la única razón por la que le prestan esos montos a esta empresa es que es estatal, lo que convierte a los contribuyentes en avales finales de los US$25.000 millones. Pepe Arias lo cerró sin anestesia: "tarde o temprano, queridos auditores, ustedes y nosotros vamos a pagar esa deuda".
Esa frase es una definición operativa de riesgo moral. El acreedor no está evaluando la mina, está evaluando al Estado; la empresa obtiene entonces un costo de capital que subestima su riesgo operacional y puede sostener un nivel de deuda y una estructura de costos que una firma comparable sin respaldo no aguantaría. Y quien queda expuesto al mal resultado —el contribuyente— no participa de la decisión que lo genera. Nótese además cómo la segunda trampa se enlaza con la primera: quien obtenga control obtiene derechos de decisión sobre un balance cuyo lado malo lo garantiza un tercero. Esa separación entre derechos de decisión y riesgo residual es exactamente el desalineamiento que el concepto nombra.
Relación con otros conceptos
El riesgo moral es una de las dos ramas clásicas de la información asimétrica, junto a la selección adversa; ambas comparten familia con la señalización y el filtrado (screening), que son intentos de recuperar la información faltante antes de contratar. Su formalización natural es el problema principal-agente, y su expresión contable en la empresa son los costos de agencia. En el ámbito público aparece como restricción presupuestaria blanda, y en el financiero como garantía implícita y too big to fail, donde se cruza con el riesgo sistémico: si el rescate es esperado, la prudencia individual se vuelve irracional. Visto desde el bienestar, es una externalidad —el decisor impone un costo esperado a quien no lo consintió— y por eso el equilibrio resultante no es eficiente en el sentido de Pareto, aun cuando cada parte se comporte racionalmente.
Fuentes y lecturas
- Arrow, K. J. (1963), Uncertainty and the Welfare Economics of Medical Care, American Economic Review 53(5).
- Holmström, B. (1979), Moral Hazard and Observability, Bell Journal of Economics 10(1).
- Jensen, M. C. y Meckling, W. H. (1976), Theory of the Firm: Managerial Behavior, Agency Costs and Ownership Structure, Journal of Financial Economics 3(4).
- Kornai, J. (1986), The Soft Budget Constraint, Kyklos 39(1).
- Mas-Colell, A., Whinston, M. D. y Green, J. R. (1995), Microeconomic Theory, Oxford University Press (cap. 14, tratamiento estándar de acción oculta).
- Panorama introductorio en español: Riesgo moral, Wikipedia.