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Teoría

Complementariedad entre la tecnología y la capacitación para usarla

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

Dos factores son complementarios cuando cada uno vale más en presencia del otro: el beneficio de tener ambos juntos supera la suma de lo que rinde cada uno por separado. En la jerga del análisis de producción, aumentar uno de ellos eleva la productividad marginal del otro. La complementariedad entre tecnología y capacitación aplica esa idea a una relación concreta: una inversión en equipos o en software rinde poco o nada si las personas que deben usarla no saben cómo hacerlo, y la capacitación rinde poco si no hay herramientas en qué aplicarla.

La idea tiene raíces en la economía del trabajo. Griliches (1969) mostró evidencia de que el capital físico y el trabajo calificado son más complementarios entre sí que el capital y el trabajo no calificado: cuando una economía acumula maquinaria, sube la demanda relativa de trabajadores con más formación. Esa intuición evolucionó hasta la hipótesis del cambio tecnológico sesgado hacia la calificación. Goldin y Katz (2008) la usaron para explicar la evolución de los salarios en Estados Unidos durante el siglo XX como una "carrera" entre la tecnología, que eleva la demanda de habilidades, y la educación, que aumenta su oferta.

A nivel de empresa, Milgrom y Roberts (1990) formalizaron cómo funcionan las complementariedades entre prácticas productivas: cambiar una pieza aislada del sistema puede no mejorar nada, o incluso empeorar las cosas, mientras que cambiar el conjunto completo sí rinde. Para el caso de las tecnologías de información, Bresnahan, Brynjolfsson y Hitt (2002) encontraron que las firmas que más ganan con la computación son las que la combinan con trabajadores más calificados y con cambios en la organización del trabajo. Es decir, la tecnología genera valor cuando llega junto a la capacitación y la reorganización que la vuelven útil.

De ahí sale una consecuencia práctica que suele olvidarse en las políticas públicas y en las empresas: medir la inversión tecnológica por la cantidad de equipos comprados no dice nada sobre su impacto. Un aparato sin las condiciones para usarlo (infraestructura, seguridad, mantención y sobre todo personas entrenadas) es capital ocioso, por mucho que aparezca en la contabilidad como activo.

La evidencia sobre programas de entrega masiva de computadores apunta en la misma dirección. Cristia et al. (2017) evaluaron el programa "Una laptop por niño" en Perú y encontraron que el acceso a computadores aumentó mucho, pero sin efectos detectables en matemáticas ni en lenguaje. Los propios autores atribuyen el resultado, en parte, a la falta de software educativo vinculado al currículo y de formación para los docentes.

Cómo lo explicó el programa

En Buenas Tardes Mercado del 7 de octubre de 2026 (btm-2026-10-07), a propósito de la entrega de tecnología en educación, el panel enumeró por qué repartir computadores no basta: puede que no haya dónde enchufarlos, que se los roben o que los profesores no sepan usar los programas. Pepe Arias lo resumió así: "la herramienta en sí no es útil si yo no sé usar la herramienta."

Arias amplió el argumento más allá de la escuela y lo comparó con lo que pasa en las empresas, donde incorporar una herramienta nueva sin capacitar a quienes la van a usar desperdicia la inversión. Es exactamente la lógica de la complementariedad: el retorno no está en la tecnología ni en la capacitación por separado, sino en tenerlas juntas. La lista de obstáculos del panel (electricidad, robo, formación docente) muestra además que los complementos necesarios no son solo humanos. También hacen falta infraestructura y condiciones básicas de operación.

Relación con otros conceptos

El concepto se apoya en la teoría del capital humano: la capacitación es una inversión que aumenta la productividad de quien la recibe, y esa productividad depende del capital físico con que trabaja. También se vincula con la función de producción y con la productividad marginal de los factores, ya que la complementariedad se define justamente por cómo un factor eleva el rendimiento marginal del otro.

En macroeconomía conecta con la productividad total de factores. Parte de lo que aparece como "residuo" en las cuentas de crecimiento refleja qué tan bien una economía combina sus factores, y no solo cuánto acumula de cada uno. Esto ayuda a explicar la llamada paradoja de la productividad: durante años las inversiones en computación no se reflejaron en las estadísticas de productividad, en parte porque faltaban los cambios organizacionales y de habilidades que las hacían rendir.

En el mercado laboral, la complementariedad sostiene el cambio tecnológico sesgado hacia la calificación y su efecto sobre la prima salarial por educación y la desigualdad de ingresos. Finalmente, en evaluación de políticas públicas, recuerda la diferencia entre medir insumos (equipos entregados) y medir resultados (aprendizaje, productividad). Es una distinción clave a la hora de evaluar el gasto público con criterios de costo-efectividad.

Fuentes y lecturas

  • Griliches, Z. (1969), "Capital-Skill Complementarity", The Review of Economics and Statistics, 51(4).
  • Milgrom, P. y Roberts, J. (1990), "The Economics of Modern Manufacturing: Technology, Strategy, and Organization", American Economic Review, 80(3).
  • Bresnahan, T., Brynjolfsson, E. y Hitt, L. (2002), "Information Technology, Workplace Organization, and the Demand for Skilled Labor: Firm-Level Evidence", Quarterly Journal of Economics, 117(1).
  • Goldin, C. y Katz, L. (2008), The Race between Education and Technology, Harvard University Press.
  • Cristia, J., Ibarrarán, P., Cueto, S., Santiago, A. y Severín, E. (2017), "Technology and Child Development: Evidence from the One Laptop per Child Program", American Economic Journal: Applied Economics, 9(3).

Apariciones