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Teoría

Crisis bancaria sistémica versus idiosincrática

Visto en 2 apariciones de los programas.

Qué es

Cuando un banco quiebra o queda al borde de la quiebra, la pregunta clave para la política pública es si el problema es de ese banco o del sistema bancario en su conjunto. La respuesta determina qué herramientas usar, quién paga los costos y cuán grave puede ser el daño para la economía.

Una crisis idiosincrática afecta a una entidad específica por causas propias: mala gestión, fraude, concentración excesiva de riesgos, una apuesta fallida o problemas de gobierno corporativo. El resto de los bancos sigue funcionando con normalidad, el crédito no se corta para la economía y el problema puede resolverse con los mecanismos habituales: intervención del regulador, venta de activos y pasivos a otra entidad, liquidación ordenada y, cuando existe, el seguro de depósitos.

Una crisis sistémica compromete a buena parte del sistema al mismo tiempo. Suele tener un origen macroeconómico común, como una recesión, un shock de tasas de interés, una devaluación o un corte abrupto de financiamiento externo, que deteriora simultáneamente la cartera de muchos bancos. También puede nacer en una entidad y propagarse por contagio. Laeven y Valencia (2013) usan una definición operativa muy difundida: hay crisis bancaria sistémica cuando se observan señales significativas de estrés financiero, como corridas, pérdidas importantes o liquidaciones, y además el Estado aplica medidas de intervención de gran escala.

La distinción importa por la fragilidad propia de la banca. Como mostraron Diamond y Dybvig (1983), los bancos financian activos de largo plazo e ilíquidos con depósitos exigibles a la vista. Por eso una corrida puede volverse autocumplida: si los depositantes creen que otros retirarán su dinero, les conviene retirarlo primero. Allen y Gale (2000) estudiaron cómo los vínculos interbancarios pueden transmitir el problema de un banco a otros, y cómo el contagio depende de la estructura de esas conexiones. Reinhart y Rogoff (2009) documentaron que las crisis sistémicas suelen dejar caídas prolongadas del producto y fuertes aumentos de la deuda pública.

Hay un matiz importante. Un banco puede tener un problema idiosincrático y aun así ser sistémicamente importante por su tamaño, su interconexión o su peso en los pagos. En ese caso la frontera se difumina: el origen es individual, pero el daño potencial es colectivo.

Cómo lo explicó el programa

En el episodio del 6 de noviembre de 2026 [bdm-2026-11-06], el programa trató la distinción a partir de dos casos.

Paraguay: la crisis de un banco, no del sistema. Al comentar la situación paraguaya, Willy Díaz fue categórico: "lo que estamos viendo en Paraguay hoy día no es una crisis de sistema bancario." El argumento fue que el origen del problema está en una entidad concreta, no en un deterioro generalizado. Pero el programa subrayó un agravante: una sola entidad concentraba clientes equivalentes a cerca del 60% de la población adulta. Según la conversación, ese nivel de concentración no pasaría ningún filtro antimonopolio. El caso ilustra el matiz anterior: una crisis puede ser idiosincrática por su causa y, a la vez, tener un alcance social enorme por el tamaño de la institución afectada.

Chile en los 80: una crisis sistémica donde no se salvó a los bancos. El contraste fue la crisis bancaria chilena de los años ochenta, que el programa caracterizó como sistémica. El corte de los petrodólares provocó recesión, desempleo e impagos que golpearon a todo el sistema. Según la explicación, el Banco Central compró la cartera vencida con recursos frescos, pero obligó a los bancos a recomprarla con sus utilidades futuras, registrando esa obligación como deuda subordinada. Las acciones existentes, las series A, no recibieron dividendos hasta extinguir esa deuda, y el capital nuevo entró como series B, C y siguientes. Willy Díaz lo resumió así: "Y hay que entender que el gobierno de la época, lo que hizo, no fue salvar a los bancos." Ante el matiz de que los verdaderos beneficiados fueron los ahorrantes, coincidió en que se salvó a los ahorrantes y no a los dueños.

La lección implícita es que una crisis sistémica no obliga a premiar a los accionistas. Es posible proteger el sistema de pagos y los depósitos y, al mismo tiempo, hacer que los dueños absorban las pérdidas.

Relación con otros conceptos

El concepto se conecta directamente con el riesgo sistémico y el contagio financiero, que describen cómo un shock local se transforma en uno general. Frente a las corridas, las herramientas clásicas son el prestamista de última instancia, cuya doctrina se remonta a Bagehot (1873): prestar con liberalidad a bancos solventes, contra buena garantía y a tasas penalizadas. La otra herramienta es el seguro de depósitos, que reduce el incentivo a la corrida.

Ambas herramientas generan riesgo moral. Si los dueños y acreedores anticipan un rescate, asumen más riesgos. De ahí el debate sobre las entidades "demasiado grandes para caer" (too big to fail) y la distinción entre bail-out, el rescate con fondos públicos, y bail-in, donde las pérdidas las absorben accionistas y acreedores. El esquema chileno de deuda subordinada de los 80 se parece más a la lógica del segundo. La regulación macroprudencial y la designación de bancos sistémicamente importantes buscan precisamente que una crisis idiosincrática no se vuelva sistémica. Por último, el caso paraguayo vincula el tema con la concentración de mercado y la política de competencia: mientras más concentrado está un sistema, más difícil es tratar un problema individual como "solo de un banco".

Fuentes y lecturas

  • Diamond, D. y Dybvig, P. (1983), "Bank Runs, Deposit Insurance, and Liquidity", Journal of Political Economy, 91(3). https://doi.org/10.1086/261155
  • Allen, F. y Gale, D. (2000), "Financial Contagion", Journal of Political Economy, 108(1).
  • Laeven, L. y Valencia, F. (2013), "Systemic Banking Crises Database", IMF Economic Review, 61(2).
  • Reinhart, C. y Rogoff, K. (2009), This Time Is Different: Eight Centuries of Financial Folly, Princeton University Press.
  • Díaz-Alejandro, C. (1985), "Good-bye Financial Repression, Hello Financial Crash", Journal of Development Economics, 19(1-2).

Apariciones