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Teoría

Demanda por dinero en efectivo

Visto en 2 apariciones de los programas.

Qué es

La demanda por dinero en efectivo es la cantidad de billetes y monedas que hogares y empresas quieren mantener en su poder en un momento dado. No es lo mismo que la demanda por dinero en sentido amplio: alguien puede querer mucha liquidez y cero papel, si sus saldos viven en una cuenta vista y se mueven por transferencia. La pregunta específica del efectivo es por qué alguien elegiría sostener un activo que no paga interés, se puede perder y se puede robar.

La respuesta clásica ordena tres motivos, en la formulación de Keynes (1936): transacción (hay que pagar cosas entre un ingreso y el siguiente), precaución (colchón ante lo imprevisto) y especulación (mantenerse líquido esperando mejores oportunidades). El efectivo propiamente tal atiende sobre todo a los dos primeros; el tercero se satisface hoy con instrumentos que sí rinden.

El costo de mantener efectivo es la tasa de interés nominal a la que se renuncia. El beneficio es ahorrarse el trámite de conseguirlo. Ese trade-off se formalizó en el modelo de inventarios de Baumol (1952) y Tobin (1956): si retirar dinero tiene un costo fijo por operación —tiempo, comisión, la caminata al banco—, la tenencia óptima de efectivo crece con la raíz cuadrada del volumen de gasto y del costo fijo, y cae con la raíz de la tasa de interés. De ahí sale una predicción que importa: hay economías de escala en la tenencia de efectivo, y quien gasta el doble no lleva el doble encima.

La clave para entender lo que está pasando hoy es que ese "costo fijo de convertir" no es una constante de la naturaleza: es tecnología de pagos. Cuando aparece la tarjeta de débito universal, la transferencia instantánea y el pago por QR, el costo de acceder a saldos bancarizados se derrumba, y la tenencia óptima de efectivo cae aunque el ingreso y la tasa de interés no se muevan un milímetro. Bancarización y medios electrónicos no son un shock exógeno raro: son exactamente el parámetro que el modelo dice que manda.

Del otro lado del mostrador está la oferta. Emitir dinero fiduciario es un negocio para el emisor: el costo de fabricar un billete es una fracción de su valor facial, y esa diferencia es el señoreaje. Pero el señoreaje no es uniforme entre denominaciones. La inflación acumulada erosiona el poder de compra de las monedas chicas mientras el costo del metal y de la acuñación sigue su propia trayectoria; llega un punto en que producir la moneda cuesta más que lo que la moneda vale. Ahí el señoreaje se da vuelta y la emisión destruye valor. Es el mismo problema que llevó a varios países a retirar sus denominaciones mínimas, y en Chile es la lógica detrás del redondeo de precios a la decena introducido por la Ley 20.956 (2016), que dejó al 1 y al 5 pesos fuera de circulación práctica.

Cómo lo explicó el programa

En Buenas Tardes Mercado del 26 de agosto de 2026, Manuel Bengolea puso el fenómeno chileno en dos causas: "la demanda por efectivo ha caído por dos razones bastante importantes, la primera de ellas es la creciente bancarización de los chilenos", seguida del pago electrónico. Sobre esa caída de demanda montó el argumento de costos: acuñar una moneda de 10 o 50 pesos cuesta más que su valor facial, de modo que emitirlas destruye valor en lugar de generarlo. Es señoreaje negativo, aunque no lo nombre así.

Pepe Arias, en el mismo episodio, se ocupó del resto: "los pagos a través de plataformas y todo eso están ocupando en Chile del orden del 70% de todo lo que se transa". El punto es cuál es el complemento. Un 30% en efectivo, sobre el total transado, sigue siendo una parte importante, y no está repartido parejo: sobrevive concentrado en lugares específicos —la Vega Central fue el ejemplo— donde el contante y sonante sigue siendo la norma. El efectivo no desapareció; se replegó a nichos. Las dos intervenciones juntas describen bien lo que la teoría predice: la demanda cae, pero no a cero, y la caída se sostiene en la denominación alta más que en las monedas de vuelto que ya no cubren su propio costo.

Relación con otros conceptos

La demanda por efectivo es la contracara de la velocidad de circulación del dinero: si cae la tenencia deseada para un mismo nivel de gasto, la velocidad sube por definición contable. Se conecta con los agregados monetarios —el circulante es el componente más líquido de M1— y con la base monetaria, que es lo que el banco central controla directamente. Su rentabilidad para el emisor es el señoreaje, y su erosión por denominación es un caso particular de los efectos redistributivos de la inflación. Por el lado de la demanda, el vínculo es con la tasa de política monetaria, que fija el costo de oportunidad de la liquidez, y con la bancarización e inclusión financiera, que mueven el costo de transacción. Finalmente, la fracción de pagos en efectivo es la variable central de las discusiones sobre economía informal y evasión y sobre el diseño de una eventual moneda digital de banco central (CBDC).

Fuentes y lecturas

  • Keynes, J. M. (1936), The General Theory of Employment, Interest and Money, Macmillan — los tres motivos de la preferencia por liquidez, cap. 13 y 15.
  • Baumol, W. J. (1952), "The Transactions Demand for Cash: An Inventory Theoretic Approach", Quarterly Journal of Economics, 66(4).
  • Tobin, J. (1956), "The Interest-Elasticity of Transactions Demand for Cash", Review of Economics and Statistics, 38(3). Síntesis del modelo: https://en.wikipedia.org/wiki/Baumol–Tobin_model
  • Mankiw, N. G., Macroeconomía, Antoni Bosch — el tratamiento estándar de demanda de dinero, señoreaje y velocidad.
  • Rogoff, K. (2016), The Curse of Cash, Princeton University Press — el argumento contemporáneo sobre el retiro del efectivo de alta denominación.
  • Banco Central de Chile, Informe de Sistemas de Pago (serie anual) — evidencia local sobre composición de medios de pago y circulante.

Apariciones