Teoría
Desempleo friccional
Visto en 1 aparición de los programas.
Qué es
El desempleo friccional es la porción del desempleo que existe incluso cuando la economía funciona bien: la que se genera porque emparejar a un trabajador con un puesto toma tiempo, información y esfuerzo. Alguien que renunció para buscar algo mejor, un recién egresado que manda currículos, un despedido de una empresa que cerró y todavía no encuentra dónde encajar: todos están desocupados, todos cuentan en la estadística, y ninguno lo está porque falten vacantes en la economía.
La distinción importa porque separa dos causas que se ven idénticas en el número agregado. El desempleo cíclico aparece cuando la demanda agregada cae y simplemente hay menos puestos que personas queriendo trabajar. El friccional aparece aunque haya un puesto por cada persona, porque los puestos y las personas no son intercambiables ni se encuentran instantáneamente: el vendedor cesado en Iquique no puede ocupar mañana la vacante de soldador en Talcahuano. Junto con el desempleo estructural —el desajuste persistente entre las destrezas que se ofrecen y las que se piden— conforman lo que la literatura llama la tasa natural de desempleo, concepto que Friedman (1968) introdujo en su discurso presidencial ante la American Economic Association y que Phelps (1968) formuló en paralelo. Hoy se prefiere hablar de NAIRU: la tasa compatible con inflación estable.
La teoría moderna del desempleo friccional es la teoría de la búsqueda y el emparejamiento, desarrollada por Diamond, Mortensen y Pissarides —trabajo por el que compartieron el Nobel de Economía en 2010—. Su pieza central es la función de emparejamiento: el número de contrataciones en un período no depende solo de cuántos desempleados hay, sino del producto entre desempleados y vacantes, mediado por la eficiencia con que ambos lados se encuentran. De ahí sale la curva de Beveridge, la relación empíricamente robusta entre tasa de vacantes y tasa de desempleo: cuando la economía se enfría, el punto se desliza a lo largo de la curva (menos vacantes, más desempleo); cuando lo que se deteriora es la capacidad de emparejar —porque cambió la geografía del empleo, o las destrezas requeridas—, la curva entera se desplaza hacia afuera, y ahí hay más desempleo con las mismas vacantes.
Esa distinción entre moverse sobre la curva y desplazar la curva es exactamente la que separa un problema de demanda de un problema friccional, y es la que hace que el diagnóstico tenga consecuencias de política: un desempleo cíclico se combate con demanda agregada; uno friccional o estructural, con intermediación laboral, capacitación y movilidad. Aplicar la herramienta equivocada no solo no sirve, sino que puede alimentar inflación sin bajar el desempleo.
Conviene además tener presente que el desempleo friccional no es un defecto a eliminar. Una búsqueda que toma tiempo puede producir mejores emparejamientos —trabajadores en puestos donde son más productivos— que una asignación instantánea y a ciegas. El objetivo razonable de política no es llevarlo a cero, sino reducir su duración y su costo.
Cómo lo explicó el programa
El concepto apareció en BTM del 1 de septiembre de 2026, en el tema "Desempleo en 9,5% y primera caída interanual del empleo desde 2021", y apareció con una función precisa: como hipótesis descartada.
El panel enfrentaba un dato incómodo. El alza del desempleo no se explicaba solo porque más gente saliera a buscar trabajo: la ocupación había caído 0,2% en doce meses —unos 16.200 puestos—, la primera caída interanual desde el trimestre febrero-abril de 2021. Y los sectores que más destruyeron empleo —minería, manufactura, información y comunicación— eran los mismos que arrastraban el IMACEC.
El razonamiento del programa fue metodológicamente ordenado y vale la pena reconstruirlo, porque es el uso canónico del concepto: un IMACEC débil con desempleo estable se explicaría por ganancias de productividad —se produce menos, pero con la misma gente empleada—; y un desempleo alto con IMACEC fuerte sería el caso friccional, gente entre trabajos mientras la actividad crece. Que ambos indicadores se movieran en la misma dirección y compartieran los mismos sectores hacía insostenible la explicación por coincidencia estadística —y con ella, la lectura friccional—. Lo que quedaba era una contracción real de la demanda de trabajo.
Pepe Arias cerró el diagnóstico sin adornos: "es la peor de las combinaciones: una actividad que no crece en forma sostenida y un mercado laboral que sigue destruyendo empleo formal".
Vale destacar el procedimiento, no solo la conclusión. El desempleo friccional se invoca a menudo como consuelo —"es gente cambiándose de trabajo, no es tan grave"— y el programa lo trató como lo que es: una hipótesis con implicaciones observables. Si el desempleo fuera friccional, la actividad debería estar creciendo y el desempleo debería concentrarse en trabajadores que salieron voluntariamente, no en sectores en contracción. Ninguna de las dos cosas ocurría.
Relación con otros conceptos
El desempleo friccional es una de las tres piezas del desempleo total, junto al desempleo cíclico y al desempleo estructural, y la frontera con este último es más borrosa de lo que sugiere el manual: una fricción que persiste años porque las destrezas ya no calzan deja de ser fricción y pasa a ser estructura. Los tres suman a la tasa natural de desempleo, que a su vez es el ancla de la curva de Phillips aumentada por expectativas: la inflación se acelera cuando el desempleo efectivo cae por debajo de esa tasa, no cuando cae en términos absolutos.
Su instrumento empírico es la curva de Beveridge, y su marco teórico la teoría de la búsqueda, emparentada con el problema del salario de reserva —el mínimo que un desempleado acepta— y con la histéresis, la idea de que un desempleo cíclico prolongado se convierte en estructural porque el capital humano se deprecia mientras no se usa.
En el diagnóstico coyuntural chileno se cruza con el IMACEC y con la ley de Okun, la regularidad empírica que vincula el crecimiento del producto con la variación del desempleo, y que es justamente la que el programa aplicó al notar que ambos indicadores se movían juntos. También con la distinción entre empleo formal e informal, decisiva en Chile: una caída del empleo asalariado formal con informalidad al alza puede dejar la tasa de desempleo casi quieta mientras la calidad del empleo se deteriora.
Fuentes y lecturas
- Milton Friedman (1968), The Role of Monetary Policy, American Economic Review 58(1). El texto que instala la tasa natural de desempleo.
- Edmund S. Phelps (1968), Money-Wage Dynamics and Labor-Market Equilibrium, Journal of Political Economy 76(4). La formulación paralela e independiente del mismo concepto.
- Christopher A. Pissarides (2000), Equilibrium Unemployment Theory, 2ª edición, MIT Press. El tratado de referencia de la teoría de búsqueda y emparejamiento.
- Olivier Blanchard (2017), Macroeconomics, 7ª edición, Pearson. Capítulos 6 y 8: la exposición estándar del mercado laboral y la tasa natural, accesible sin herramientas formales.
- Instituto Nacional de Estadísticas de Chile, Encuesta Nacional de Empleo (ENE), publicación mensual de trimestres móviles. La fuente primaria de las cifras que discute el programa, con su documentación metodológica sobre las definiciones de ocupado, desocupado y fuerza de trabajo.