Teoría
Desempleo estructural
Visto en 2 apariciones de los programas.
Qué es
El desempleo estructural es la parte del desempleo que no se explica por el vaivén del ciclo económico ni por el tiempo normal que toma buscar trabajo, sino por un desajuste persistente entre lo que ofrecen los trabajadores desocupados y lo que piden los puestos vacantes: oficios que la economía dejó de necesitar, calificaciones que no calzan, trabajadores en una región y vacantes en otra, o costos de contratación y despido que hacen que crear un empleo formal no valga la pena.
La distinción clásica separa tres tipos. El friccional es el desempleo del que está en tránsito entre dos trabajos: existe siempre y es incluso deseable, porque emparejar bien toma tiempo. El cíclico sube cuando cae la demanda agregada y baja cuando se recupera. El estructural es el que queda incluso en el peak del ciclo, cuando ya no hay excusa de demanda. La taxonomía se remonta a Beveridge (1944), que la usó justamente para argumentar que el "pleno empleo" nunca significa desempleo cero.
En los manuales estándar el desempleo estructural se asocia a rigideces salariales: cuando el salario se mantiene por sobre el que equilibraría el mercado, hay más gente dispuesta a trabajar que puestos ofrecidos. Mankiw (2021) ordena las tres fuentes habituales de esa rigidez —salario mínimo, negociación colectiva y salarios de eficiencia (pagar sobre el equilibrio para retener y motivar)— y las contrasta con el desempleo friccional, que es un problema de búsqueda, no de precio.
La teoría moderna dejó de tratar el mercado laboral como un mercado que "se vacía" y lo modela como un proceso de búsqueda y emparejamiento: los trabajadores buscan, las empresas publican vacantes, y el encuentro es costoso y aleatorio (Mortensen y Pissarides, 1994). Esa mirada le da contenido empírico a la idea: si en un mismo momento coexisten muchas vacantes sin llenar y mucha gente sin trabajo, la máquina de emparejar está fallando. Es lo que muestra la curva de Beveridge, la relación inversa entre vacantes y desempleo: un desplazamiento de toda la curva hacia afuera —más desempleo para el mismo nivel de vacantes— es la firma estadística de un problema estructural, no cíclico.
De ahí también viene el concepto de tasa natural de desempleo, formulado en paralelo por Friedman (1968) y Phelps (1968): el nivel al que converge el desempleo una vez que las expectativas de inflación se ajustan, y que la política monetaria no puede bajar de forma permanente sin acelerar la inflación. Bajar la tasa natural no es tarea del Banco Central: es tarea de capacitación, institucionalidad laboral, movilidad y productividad.
El puente entre lo cíclico y lo estructural es la histéresis. Blanchard y Summers (1986) mostraron, mirando el desempleo europeo de los años ochenta, que una recesión suficientemente larga no solo sube el desempleo transitoriamente: lo convierte en permanente. El desempleado de largo plazo pierde habilidades, se desconecta de sus redes y carga con el estigma de un currículum con hoyos; las empresas, al mismo tiempo, reorganizan la producción con menos gente. El desempleo de hoy se vuelve la tasa natural de mañana. Es la razón técnica por la que una crisis de empleo "arrastra años" incluso cuando el PIB ya se recuperó.
Cómo lo explicó el programa
En Buenos Días Mercado del 3 de agosto de 2026 (bdm-2026-08-03), el tema fue justamente que
las condiciones estructurales pesan más que los resultados macroeconómicos del mes. La lectura del
panel fue que Chile viene saliendo simultáneamente de una crisis fiscal profunda y de una crisis de
empleo estructural que, en su diagnóstico, arrastra años desde la reforma tributaria; y que los
cambios en curso no producen crecimiento por sí solos, sino que apenas habilitan la posibilidad de
que lo haya.
Pepe Arias lo bajó a una imagen de cancha de fútbol: "Limpiar la cancha, cortamos el pasto, marcamos con tiza blanca". La metáfora es precisa para lo que dice la teoría: mejorar las condiciones institucionales cambia la tasa natural hacia la que tiende la economía, pero el partido —la inversión efectiva, la contratación efectiva— lo juegan otros. De ahí la segunda mitad del argumento del programa: el esfuerzo debe concentrarse en lo controlable, no en el precio del petróleo, el dólar o las tasas en Estados Unidos, que son shocks externos que uno administra pero no elige.
Vale marcar un matiz que el propio marco teórico impone: atribuir un desempleo estructural de varios años a una reforma tributaria puntual es una hipótesis, no un hecho medido. La histéresis, los shocks sectoriales y la informalidad compiten como explicaciones, y separarlas requiere justamente mirar la curva de Beveridge y la composición del empleo, no solo la tasa agregada.
Relación con otros conceptos
Se define por contraste con el desempleo friccional y el desempleo cíclico, y suma con ellos la tasa observada. Es el componente que fija la tasa natural de desempleo o NAIRU, y por eso determina dónde deja de ser útil la política monetaria expansiva: la curva de Phillips solo tiene pendiente en el corto plazo. La histéresis es el mecanismo por el que el desempleo cíclico migra hacia el estructural. Del lado de la oferta se apoya en el capital humano —lo que se deprecia durante la inactividad— y en la productividad total de factores. En América Latina el concepto se cruza además con la informalidad laboral, donde el ajuste no aparece como desempleo abierto sino como empleo precario, lo que subestima el problema si uno mira solo la tasa de desocupación.
Fuentes y lecturas
- Friedman, M. (1968), "The Role of Monetary Policy", American Economic Review 58(1).
- Blanchard, O. y Summers, L. (1986), "Hysteresis and the European Unemployment Problem", NBER Macroeconomics Annual 1.
- Layard, R., Nickell, S. y Jackman, R. (1991), Unemployment: Macroeconomic Performance and the Labour Market, Oxford University Press.
- Mortensen, D. y Pissarides, C. (1994), "Job Creation and Job Destruction in the Theory of Unemployment", Review of Economic Studies 61(3).
- Sehnbruch, K. (2006), The Chilean Labor Market: A Key to Understanding Latin American Labor Markets, Palgrave Macmillan.