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Teoría

Destrucción de capital físico por conflicto bélico

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

Cuando se habla del costo económico de una guerra, conviene separar dos magnitudes que el lenguaje corriente confunde: el flujo de ingreso que deja de generarse y el stock de capital que deja de existir. Un embargo, un cierre de estrecho o una caída de precio interrumpen un flujo: mientras dura el episodio no se factura, y cuando termina, la capacidad productiva sigue ahí intacta. La destrucción de capital físico es otra cosa. Un bombardeo que inutiliza un tren de licuefacción, un puerto o una refinería borra un activo que tomó años acumular, y su reposición no depende de que se firme la paz sino de que se vuelva a construir.

La distinción importa porque el capital es, en la teoría estándar del crecimiento, una variable de acumulación. En el modelo de Solow (1956) el producto depende del stock de capital por trabajador, y ese stock solo se mueve por la diferencia entre inversión y depreciación. Una guerra actúa como un episodio de depreciación brutal y concentrada: empuja la economía por debajo de su estado estacionario sin tocar necesariamente sus fundamentos —la tasa de ahorro, la tecnología, las instituciones, el capital humano—. Si esos fundamentos sobreviven, el modelo predice algo contraintuitivo: la tasa de crecimiento sube durante la reconstrucción, porque el retorno del capital es más alto justo donde es más escaso, y la economía converge de vuelta a su trayectoria previa. Es el mecanismo de convergencia que sistematizan Barro y Sala-i-Martin (2004).

La evidencia empírica es bastante consistente con eso. Davis y Weinstein (2002) mostraron que las ciudades japonesas bombardeadas en la Segunda Guerra —incluidas Hiroshima y Nagasaki— retomaron su trayectoria de población previa en cuestión de un par de décadas, y Brakman, Garretsen y Schramm (2004) encontraron un patrón análogo en las ciudades alemanas. Organski y Kugler (1977) bautizaron esa recuperación como el "factor Fénix". El destrozo físico, en el largo plazo, resulta ser sorprendentemente reversible.

Ahora bien, "reversible" no es "gratis" ni "rápido", y ahí entran dos matices que la lectura optimista suele saltarse. El primero es que el capital especializado tiene un plazo de gestación: no se compra en un anaquel. La literatura de ciclos reales lo formalizó como time to build (Kydland y Prescott, 1982), y el punto es que una planta de gas licuado no demora años por burocracia sino porque ese es su tiempo constructivo. El segundo es que la guerra opera por un canal que no pasa por los escombros: la incertidumbre. Cuando la inversión es irreversible y el futuro se vuelve más volátil, esperar tiene valor y el proyecto se posterga aunque sea rentable en promedio (Dixit y Pindyck, 1994). Abadie y Gardeazabal (2003), estudiando el País Vasco, encontraron que el conflicto deprimió el producto regional en torno a diez puntos frente a un control sintético, y en trabajo posterior mostraron que el efecto viaja por los flujos de capital: el dinero se va de la jurisdicción riesgosa, sin importar en qué sector estaba.

Un último cuidado, este de contabilidad. Una caída de capitalización bursátil no es capital físico destruido: es el valor presente de flujos futuros esperados, descontados a una tasa que ahora incluye más prima por riesgo. Cambian las expectativas y cambia el denominador; los activos reales pueden seguir enteros. Y la contracara —creer que reconstruir es un estímulo— es la falacia de la ventana rota que Bastiat (1850) describió hace casi dos siglos: se ve el gasto en reponer, no se ve todo lo que ese mismo dinero habría hecho si no hubiera habido nada que reponer.

Cómo lo explicó el programa

En Buenas Tardes Mercado del 26 de agosto de 2026, bajo el tema "Los perdedores del Golfo y el golpe a la bolsa saudita", el panel hizo exactamente la separación que la teoría exige, aunque sin nombrarla. Por un lado contabilizó los ingresos perdidos por Irak, Kuwait y Qatar en torno a nueve mil millones de dólares —flujo—. Por otro, y en una categoría distinta, la infraestructura de GNL qatarí: Pepe Arias apuntó que "además Qatar perdió una parte muy importante de sus exportaciones de gas de GNL con los bombardeos que hubo", cifrada en unos veinte mil millones de ingreso equivalente y, sobre todo, con un plazo de reposición de tres a cinco años. Ese plazo es el dato relevante y no la cifra: es tiempo de construcción, no de negociación.

El programa agregó el tercer canal. La bolsa saudita cayó 12% en la primera semana y unos trescientos mil millones de capitalización, y la lectura del panel fue que el conflicto castiga todas las inversiones del país y no solo el crudo. Eso es la prima de riesgo país actuando sobre el descuento de la economía entera: un banco, un retail o una inmobiliaria saudita no perdieron una planta, perdieron valor porque el capital exige más para quedarse. Confundir esos trescientos mil millones con activos destruidos —sumarlos a los veinte mil— sería contar dos veces cosas de naturaleza distinta.

Relación con otros conceptos

Este concepto es el reverso de la formación bruta de capital fijo: una y otra mueven el mismo stock en direcciones opuestas, y ambas se miden con el método de inventario perpetuo. Se conecta con la prima por riesgo país y el costo de capital, que explican el golpe bursátil sin necesidad de destrucción física; con la inversión irreversible bajo incertidumbre, que explica por qué la inversión cae antes de que caiga una sola bomba; con el shock de oferta y el choque de términos de intercambio, que describen el efecto sobre precios y sobre los socios comerciales; y con la convergencia condicional, que es la razón por la que el daño material tiende a diluirse mientras el daño institucional no. En economías de renta de recursos también se cruza con la dependencia de rentas y la diversificación de cartera: un país cuyos activos financieros correlacionan con su propio yacimiento no tiene dónde esconderse cuando el yacimiento es el blanco.

Fuentes y lecturas

  • Solow, R. (1956), "A Contribution to the Theory of Economic Growth", Quarterly Journal of Economics 70(1), 65–94.
  • Davis, D. y Weinstein, D. (2002), "Bones, Bombs, and Break Points: The Geography of Economic Activity", American Economic Review 92(5), 1269–1289.
  • Abadie, A. y Gardeazabal, J. (2003), "The Economic Costs of Conflict: A Case Study of the Basque Country", American Economic Review 93(1), 113–132.
  • Barro, R. y Sala-i-Martin, X. (2004), Economic Growth, 2ª ed., MIT Press.
  • Bastiat, F. (1850), Lo que se ve y lo que no se ve, ensayo; hay ediciones en español de Unión Editorial.

Apariciones