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Teoría

Dispersión de precios y costos de búsqueda

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

La versión de manual del mercado competitivo predice la ley de un solo precio: si dos unidades son idénticas, no pueden sostenerse dos precios distintos, porque todo comprador elegiría la barata y el vendedor caro se quedaría sin clientes. La observación empírica contradice esa predicción en casi cualquier mercado que uno se moleste en medir. El mismo medicamento, el mismo litro de bencina o el mismo tornillo se venden con diferencias de decenas de puntos porcentuales, en la misma ciudad y el mismo día. A esa brecha se le llama dispersión de precios, y explicarla exige abandonar el supuesto de que la información es gratis.

Stigler (1961) fue quien convirtió el problema en teoría, al tratar la información como un bien escaso que se produce a un costo. El comprador no conoce todos los precios: averiguarlos cuesta tiempo, desplazamientos, llamadas, comparaciones. Ese gasto es el costo de búsqueda. Como el beneficio esperado de una cotización adicional decrece —la número quince solo sirve si resulta más barata que las catorce anteriores— mientras su costo se mantiene, el comprador racional se detiene antes de agotar el mercado. Y si se detiene antes, el vendedor caro no se queda sin clientes: se queda exactamente con los que nunca llegaron hasta él. De ahí la formulación que hizo célebre el argumento: la dispersión no es una anomalía a explicar, es la medida de la ignorancia que hay en ese mercado.

Existen dos protocolos clásicos de búsqueda. En el de muestra fija, el comprador decide de antemano cuántas cotizaciones juntará y se queda con la menor. En el secuencial, más realista, va mirando precios de a uno y aplica una regla de precio de reserva: acepta el primero que esté por debajo de cierto umbral, umbral que se fija donde la ganancia esperada de seguir buscando iguala el costo de una búsqueda más. La consecuencia operativa es la misma en ambos: el margen que un vendedor puede sostener por sobre el de su competidor más barato está acotado, aproximadamente, por lo que al comprador le cuesta encontrarlo. El costo de búsqueda, no el costo de producción, es lo que sostiene el precio alto.

Llevado al límite, el razonamiento produce un resultado incómodo. Diamond (1971) mostró que si todos los consumidores son idénticos y enfrentan un costo de búsqueda positivo, por pequeño que sea, el único equilibrio es el precio de monopolio, aunque haya muchos vendedores: partiendo de cualquier precio común, a cada firma le conviene subir un poco, porque a nadie le compensa buscar por esa diferencia. La llamada paradoja de Diamond no describe ningún mercado real; su utilidad es negativa y por eso es valiosa. Prueba que la dispersión observada no puede salir de consumidores homogéneos: requiere heterogeneidad. Los modelos posteriores la introducen explícitamente. Salop y Stiglitz (1977) separan compradores informados de desinformados; Varian (1980) construye un equilibrio en estrategias mixtas donde cada vendedor sortea entre capturar a los que comparan y exprimir a los cautivos —de ahí las ofertas y promociones intermitentes—; Burdett y Judd (1983) obtienen dispersión solo por diferencias en cuántos precios alcanza a ver cada comprador. En todos, la dispersión es el equilibrio, no una desviación transitoria camino al precio único.

El corolario que suele omitirse es que el costo de búsqueda no es un dato de la naturaleza: es en parte una decisión de las firmas. Ellison y Ellison (2009) documentaron estrategias deliberadas de ofuscación —variantes, formatos y presentaciones que dificultan comparar lo comparable— porque a un vendedor con clientes cautivos le conviene que buscar sea caro. Y una advertencia simétrica para leer la cifra: dispersión alta indica fricción, no necesariamente conducta ilícita; y su ausencia tampoco tranquiliza, porque la colusión produce precios uniformes y altos.

Cómo lo explicó el programa

En Buenos Días Mercado del 4 de septiembre de 2026, al discutir la concentración del mercado farmacéutico, Pepe Arias puso los dos datos uno al lado del otro: cuatro operadores —Cruz Verde, Ahumada, Salcobrand y Doctor Simi— controlan la casi totalidad de la red física, y aun así el mismo principio activo cuesta muy distinto según dónde se compre. "Representan algo así como el 95% de toda la cantidad de locales. Hay una dispersión de precios gigantesca."

La lectura del panel es exactamente la del modelo de búsqueda. Entre bioequivalentes —productos declarados terapéuticamente intercambiables por la autoridad sanitaria, es decir, homogéneos por definición regulatoria— persisten brechas de hasta un tercio. Eso no se explica por diferencias de producto, sino porque el comprador de un remedio es el peor buscador imaginable: está enfermo o apurado, muchas veces no sabe que el genérico y la marca son la misma molécula, y quien le recomienda el producto en el mesón no siempre es neutral. En ese contexto, la conclusión del programa —que el consumidor solo captura la diferencia si alguien le entrega la información— es la formulación de política del resultado de Stigler: bajar el costo de búsqueda transfiere excedente al comprador sin necesidad de tocar el precio por decreto. Conviene además distinguirla del episodio de colusión de las tres grandes cadenas chilenas sancionado por la Corte Suprema en 2012: ese fue un problema de precios coordinados al alza, mientras que la dispersión actual señala lo contrario —vendedores que no se coordinan y compradores que tampoco los disciplinan—.

Relación con otros conceptos

La dispersión es una manifestación de asimetría de información, y su contracara es la ley de un solo precio que la competencia perfecta supone y rara vez se cumple. Los costos de búsqueda son un caso particular de costos de transacción, y son la fuente del poder de mercado en estructuras de competencia monopolística: sostienen un margen que la concentración de mercado por sí sola no explicaría. Su magnitud depende de la elasticidad precio de la demanda y de las barreras de entrada, y reducirlos equivale a transferir excedente del consumidor. Conviene distinguirla de la colusión, que produce el patrón opuesto —uniformidad—, y de la diferenciación de producto, donde precios distintos corresponden a bienes distintos.

Fuentes y lecturas

  • Stigler, G. J. (1961), "The Economics of Information", Journal of Political Economy 69(3), pp. 213-225.
  • Diamond, P. A. (1971), "A Model of Price Adjustment", Journal of Economic Theory 3(2), pp. 156-168.
  • Varian, H. R. (1980), "A Model of Sales", American Economic Review 70(4), pp. 651-659.
  • Baye, M. R., Morgan, J. y Scholten, P. (2006), "Information, Search, and Price Dispersion", en T. Hendershott (ed.), Handbook on Economics and Information Systems, Elsevier.
  • Tirole, J. (1988), The Theory of Industrial Organization, MIT Press (capítulo sobre discriminación de precios y búsqueda del consumidor).

Apariciones