Teoría
Equilibrio fiscal
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Qué es
El equilibrio fiscal es la situación en que los ingresos del gobierno igualan sus gastos en un período dado, de modo que no hay ni déficit ni superávit. Es una idea aparentemente aritmética que esconde casi todas las discusiones serias de política económica: quién paga el Estado, cuánto puede endeudarse, y qué le pasa a una economía cuando la respuesta se posterga.
Conviene distinguir tres nociones que suelen confundirse. El balance efectivo compara ingresos y gastos observados en el año. El balance estructural —el que rige la regla fiscal chilena desde 2001— corrige los ingresos por el ciclo económico y por el precio del cobre, preguntando cuánto recaudaría el fisco si el PIB estuviera en su nivel de tendencia y el cobre en su precio de largo plazo. Y el balance primario excluye el pago de intereses de la deuda, aislando la decisión fiscal del año del costo heredado de decisiones pasadas. Un país puede tener superávit primario y déficit efectivo simplemente porque arrastra una deuda cara.
La razón por la que el equilibrio importa no es contable sino intertemporal. La restricción presupuestaria intertemporal del gobierno dice que el valor presente de los superávits primarios futuros debe igualar el stock de deuda vigente: si hoy gasta más de lo que recauda, se compromete a lo inverso mañana, o a un impuesto no legislado —la inflación— o al default. La aritmética la formalizaron Sargent y Wallace en su célebre "Unpleasant Monetarist Arithmetic" (1981), que muestra que si la autoridad fiscal fija su trayectoria de déficit sin coordinarse, el banco central pierde el control de la inflación tarde o temprano: la política monetaria puede elegir cuándo llega la inflación, no si llega. Es el argumento por el cual la independencia del banco central es condición necesaria pero no suficiente para la estabilidad de precios.
De ahí también surge el concepto de sostenibilidad, más útil que el de equilibrio estricto. Un déficit permanente es sostenible mientras la deuda no crezca como proporción del producto, lo que depende del diferencial entre la tasa de interés real que paga el fisco y la tasa de crecimiento de la economía (el clásico r − g). Con g mayor que r, la economía "crece por encima" de su deuda; cuando el diferencial se invierte, un déficit que parecía inocuo se vuelve una bola de nieve. Blanchard (2019), en su discurso presidencial ante la American Economic Association, argumentó que en un mundo de tasas persistentemente bajas los costos fiscales y de bienestar de la deuda pública pueden ser menores de lo que la profesión suponía —un argumento que envejeció rápido cuando las tasas subieron tras 2021, y que ilustra que la respuesta depende del régimen de tasas, no de un principio atemporal.
El contrapunto keynesiano estándar es que el balance no debe buscarse año a año sino a lo largo del ciclo: en recesión, el déficit cumple una función estabilizadora, tanto por los estabilizadores automáticos (menor recaudación, mayor gasto en desempleo) como por el gasto discrecional. La objeción práctica es asimétrica: el déficit contracíclico exige ahorrar en el auge, y esa mitad del contrato se cumple mucho menos. Por eso las reglas fiscales existen —no porque el equilibrio permanente sea óptimo, sino porque la discrecionalidad tiene sesgo deficitario. Alesina y Perotti (1995) documentaron que los ajustes fiscales que perduran suelen ser los que recortan gasto corriente y transferencias, más que los que suben impuestos.
Un punto final, que el programa subrayó: el financiamiento importa aunque el gasto no cambie. Elevar la recaudación para financiar más gasto no es una operación neutral, porque los impuestos distorsionan decisiones de trabajo, ahorro e inversión, y el costo de esa distorsión crece más que proporcionalmente con la tasa —la pérdida de eficiencia aumenta aproximadamente con el cuadrado del impuesto, resultado que se remonta a Harberger (1964). El criterio de diseño tributario estándar, en cambio, no es de eficiencia sino de justicia: la equidad horizontal (quienes tienen igual capacidad de pago tributan igual) y la equidad vertical (quien tiene más, paga proporcionalmente más), formuladas en el marco clásico de Musgrave (1959).
Cómo lo explicó el programa
En el episodio del 2 de septiembre de 2026 (bdm-2026-09-02), bajo el tema "Voluntarismo ideológico frente a los fundamentos técnicos", un panelista recordó que en las aulas chilenas ya se enseñaba a mediados de los ochenta la importancia del equilibrio fiscal y de un sistema tributario con equidad horizontal y vertical —que quienes ganan más paguen más y quienes ganan lo mismo paguen lo mismo—. El punto no era nostálgico sino de método: sostener que traspasar recursos del sector privado al público es una operación neutra no constituye un desacuerdo técnico, sino voluntarismo.
La formulación que resume la postura fue: "puede ser ideológico, pero no ir contra los fundamentos". Es decir, todo análisis económico carga un componente ideológico —qué se considera un buen resultado es una decisión de valores—, pero la técnica ilumina el terreno y no admite que se la contradiga. Se puede discutir cuánto Estado se quiere; no se puede discutir que financiarlo tiene un costo.
Relación con otros conceptos
El equilibrio fiscal es el punto donde se cruzan varias líneas. Con la política monetaria se conecta por la dominancia fiscal: un fisco que no se disciplina termina fijándole la inflación al banco central. Con la deuda pública y su sostenibilidad la relación es directa, mediada por el diferencial r − g y por la prima de riesgo soberano que los mercados cobran al percibir una trayectoria insostenible. La regla fiscal estructural es el arreglo institucional que intenta separar la decisión de gasto del vaivén del ciclo y del precio del cobre —lo que en Chile enlaza el tema con la dependencia de un commodity y con los fondos soberanos que ahorran los excedentes. Del lado de los ingresos, aparecen la política tributaria con sus criterios de equidad y eficiencia, la carga muerta de los impuestos y la elasticidad de la base imponible. Y por el canal de demanda, el multiplicador fiscal y el crowding out: si el gasto público desplaza inversión privada, el efecto neto sobre la actividad es menor que el nominal.
Fuentes y lecturas
- Sargent, T. y Wallace, N. (1981), Some Unpleasant Monetarist Arithmetic, Federal Reserve Bank of Minneapolis Quarterly Review.
- Musgrave, R. (1959), The Theory of Public Finance: A Study in Public Economy, McGraw-Hill.
- Blanchard, O. (2019), Public Debt and Low Interest Rates, American Economic Review 109(4).
- Alesina, A. y Perotti, R. (1995), Fiscal Expansions and Adjustments in OECD Countries, Economic Policy 10(21).
- Mankiw, N. G. (2020), Macroeconomía, 10ª ed., Worth Publishers — capítulos de déficit, deuda y política fiscal.