Teoría
Espíritus animales (animal spirits)
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Qué es
"Espíritus animales" es el nombre que Keynes le puso a la parte de las decisiones económicas que no se deduce de un cálculo. En el capítulo 12 de la Teoría general (Keynes, 1936) sostiene que la mayor parte de nuestras decisiones de invertir —comprar una máquina, abrir un local, levantar un edificio— depende de rendimientos que se extienden años hacia adelante, sobre los cuales el conocimiento disponible es tan pobre que ni siquiera permite formar una distribución de probabilidades. Frente a esa incertidumbre irreductible, dice, la inversión ocurre igual porque existe "un impulso espontáneo a la acción antes que a la inacción", y no como resultado de un promedio ponderado de beneficios multiplicados por probabilidades.
El punto es más fino de lo que sugiere la traducción popular ("optimismo" o "pesimismo"). Keynes no está diciendo que la gente sea irracional, sino que la base racional para muchas decisiones sencillamente no existe: no hay datos con los cuales ser racional. Cuando esa base falta, lo que llena el vacío es una disposición al riesgo, una lectura del clima, una convención compartida sobre "cómo vienen las cosas". Y como esa disposición es contagiosa y cambia rápido, la inversión —el componente más volátil de la demanda agregada— se mueve más de lo que justificarían los fundamentos.
El mecanismo que hace peligroso al concepto es el bucle: si suficientes agentes creen que viene una recesión y actúan en consecuencia (postergan compras, aumentan el ahorro precautorio, congelan contrataciones), la caída del gasto de unos es la caída del ingreso de otros, y la recesión se materializa sin que haya cambiado ningún fundamento. Es una profecía autocumplida en el sentido técnico: la economía admite más de un equilibrio y la creencia colectiva selecciona cuál se realiza. Diamond (1982) formalizó esta intuición como una falla de coordinación con equilibrios múltiples, y Akerlof y Shiller (2009) la reinstalaron en el debate de política tras la crisis financiera, descomponiendo los espíritus animales en confianza, equidad percibida, corrupción, ilusión monetaria y relatos.
Conviene notar una tensión que la historia del pensamiento resolvió a medias. La macroeconomía posterior tomó de Keynes la idea de que las expectativas mandan, pero descartó su premisa de que no son calculables: Muth (1961) propuso que los agentes forman expectativas usando el modelo correcto de la economía, y Lucas (1972) llevó ese supuesto al centro de la teoría del ciclo. Es la misma línea genealógica, con el signo invertido en el tramo decisivo. La literatura reciente de sentiments —Angeletos y La'O (2013)— intenta el cruce: agentes plenamente racionales cuyas creencias sobre lo que creen los demás generan, aun así, fluctuaciones agregadas sin cambios en la tecnología.
Cómo lo explicó el programa
En Buenas Tardes Mercado del 7 de agosto de 2026, el tema "Genealogía de la teoría de expectativas" trazó exactamente esa línea: la teoría parte en los años 30 con Keynes y sus animal spirits, sigue con Muth —el primero en formular las expectativas racionales— y llega a Lucas, que ganó el Nobel en 1995 por ese concepto.
El aporte del programa estuvo en aterrizar el mecanismo al bolsillo. Pepe Arias lo resumió así: "lo que la gente está pensando en el fondo, eso es, que va a pasar en el futuro, condiciona su accionar". El ejemplo que usó es el que mejor muestra el bucle: si la gente cree que se viene mala la cosa, ahorra, no cambia el auto ni la casa. Cada una de esas decisiones es individualmente sensata —incluso prudente—, pero en el agregado la demanda se contrae aunque objetivamente no haya cambiado nada salvo la percepción.
Esa es la razón por la cual los índices de confianza —el IMCE de Icare–UAI para empresas, las encuestas de percepción de los hogares— se miran en Chile como datos y no como curiosidades: no describen el estado de la economía, describen el insumo con el que se está decidiendo el estado siguiente.
Relación con otros conceptos
El concepto es la puerta de entrada natural a la teoría de las expectativas y, dentro de ella, a las expectativas racionales y adaptativas, que son las dos formas en que la profesión intentó domesticar aquello que Keynes había declarado indomable. Por el lado del mecanismo agregado se conecta con la demanda agregada y con la paradoja del ahorro: la virtud individual de guardar plata es un vicio colectivo cuando todos la practican al mismo tiempo. Por el lado financiero se emparenta con la exuberancia irracional, las burbujas especulativas y el propio "concurso de belleza" con que Keynes describió la bolsa —invertir no según lo que uno cree que vale un activo, sino según lo que uno cree que los demás creerán—. Y desde la economía conductual, la aversión a la pérdida de la teoría prospectiva le da microfundamento a la asimetría observada: el pesimismo contrae más rápido de lo que el optimismo expande.
Fuentes y lecturas
- Keynes, J. M. (1936), The General Theory of Employment, Interest and Money, Macmillan (cap. 12). Edición en español: Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, Fondo de Cultura Económica.
- Muth, J. F. (1961), "Rational Expectations and the Theory of Price Movements", Econometrica, 29(3).
- Lucas, R. E. (1972), "Expectations and the Neutrality of Money", Journal of Economic Theory, 4(2).
- Akerlof, G. y Shiller, R. (2009), Animal Spirits: How Human Psychology Drives the Economy, and Why It Matters for Global Capitalism, Princeton University Press.
- Blanchard, O., Macroeconomía, Pearson (capítulos sobre expectativas, consumo e inversión).