Teoría
Fondo de estabilización versus impuesto variable
Visto en 1 aparición de los programas.
Qué es
Cuando el precio internacional de un insumo básico —típicamente los combustibles— se mueve con fuerza, casi todos los Estados terminan interponiendo algún amortiguador entre ese precio externo y el precio que paga el consumidor final. Lo interesante es que hay al menos dos maneras muy distintas de construir ese amortiguador, y aunque el efecto visible en la bomba de bencina pueda parecerse, las consecuencias fiscales, institucionales y distributivas son de otra naturaleza.
El fondo de estabilización es un mecanismo de gasto. El presupuesto asigna recursos a un fondo que compra volatilidad: cuando el precio externo sube por encima de un valor de referencia, el fondo entrega un subsidio que evita que el alza pase completa al consumidor; cuando baja, el fondo se recompone cobrando una diferencia. En su versión de manual, el fondo es simétrico y autofinanciado en el largo plazo: las fases buenas pagan las malas. La lógica es la de un seguro colectivo, y se apoya en un argumento clásico de suavizamiento intertemporal —consumidores adversos al riesgo prefieren un precio estable a uno de igual media pero más volátil, como formaliza la teoría del consumo bajo incertidumbre que Hall (1978) popularizó a partir de la hipótesis del ingreso permanente de Friedman (1957)—.
El impuesto variable es un mecanismo de recaudación. En lugar de dotar una partida de gasto, se fija un impuesto específico al combustible cuya tasa se mueve en sentido contrario al precio externo: cuando el crudo se dispara, el impuesto baja o incluso se vuelve un crédito; cuando el crudo cae, el impuesto sube y captura parte de esa baja. El precio final al público se estabiliza igual, pero el ajuste ocurre dentro de la recaudación tributaria, no dentro del gasto.
La diferencia no es contable. Tres consecuencias se siguen del diseño:
Primero, la visibilidad presupuestaria. Un fondo aparece como línea de gasto, se discute en la Ley de Presupuestos, se agota y hay que reponerlo con un acto político explícito. Un impuesto variable opera como menor recaudación: es lo que la literatura fiscal llama gasto tributario —el concepto que Surrey (1973) introdujo precisamente para nombrar los subsidios que se esconden en el código tributario y escapan al escrutinio del gasto—. Lo mismo en pesos, pero uno se vota y el otro se descuenta.
Segundo, la restricción de agotamiento. Un fondo puede quedarse sin plata, y en shocks persistentes —no volátiles, sino con cambio de nivel— efectivamente se queda: la simetría que lo financia supone que el precio revierte a una media, supuesto que falla cuando el shock es permanente. El impuesto variable no se agota nunca, porque su límite no es un stock sino la tasa misma; se termina cuando la tasa llega a cero (o cuando el fisco decide cuánto rojo tolera).
Tercero, el problema de economía política. Ambos esquemas son vulnerables a lo que Kydland y Prescott (1977) llamaron inconsistencia temporal: la regla se escribe simétrica, pero devolver el subsidio en la fase de baja —subir el impuesto o recomponer el fondo cuando el crudo cede— es políticamente caro, y la tentación de suspender esa mitad del ciclo es permanente. La evidencia comparada sobre subsidios a combustibles documenta exactamente ese sesgo (Coady et al., 2015), y muestra que el costo fiscal resultante es además regresivo: quien consume más combustible recibe más subsidio, y ese quien está arriba en la distribución (Arze del Granado, Coady y Gillingham, 2012).
Hay un cuarto punto, más técnico: ambos instrumentos distorsionan el precio relativo del combustible, y por tanto la señal de escasez. La teoría estándar de imposición óptima sugiere gravar los bienes por sus externalidades —Pigou (1920)— más que usarlos como instrumento de estabilización; estabilizar un precio que debería estar diciendo algo tiene un costo en asignación que ninguno de los dos diseños elimina.
Cómo lo explicó el programa
En Buenos Días Mercado del 22 de septiembre de 2026, bajo el tema «Del fondo de estabilización al impuesto variable», el panel reconstruyó el cambio de diseño que vivió Chile: hace años el presupuesto de la nación dotaba un fondo destinado a estabilizar el precio de los combustibles, y después ese fondo fue reemplazado por un impuesto variable que sube y baja con el precio externo.
Pepe Arias lo sintetizó en la frase operativa del mecanismo: "Lo que vamos a hacer es que vamos a tener un impuesto variable." El punto que el programa subrayó es el que suele perderse en la discusión pública: esa diferencia de diseño explica por qué hoy el ajuste se ve en la recaudación y no en una partida de gasto. El contribuyente sigue pagando el amortiguador, pero lo paga de una forma que no aparece como gasto en el presupuesto.
Relación con otros conceptos
El eje que ordena esta discusión es el de gasto tributario: el impuesto variable es un caso de manual de subsidio entregado por la vía de la menor recaudación, y por eso hereda todos los problemas de transparencia de esa familia. Por el lado distributivo se conecta con la regresividad de un subsidio generalizado, porque un precio subsidiado beneficia proporcionalmente más a quien más consume, y el combustible es un bien cuyo consumo crece con el ingreso.
Desde la macro, el mecanismo es un ejercicio de suavizamiento intertemporal aplicado por el Estado en lugar del hogar, y comparte familia con los fondos soberanos anticíclicos —el Fondo de Estabilización Económica y Social chileno funciona con la misma lógica sobre el precio del cobre—. La distinción entre shock transitorio y shock permanente es la que decide si el instrumento tiene sentido: estabilizar volatilidad es defendible, financiar un cambio de nivel es acumular deuda con otro nombre. Finalmente, la persistencia del subsidio en la fase favorable del ciclo es un caso de inconsistencia temporal de la política económica y de sesgo déficit en la regla fiscal.
Fuentes y lecturas
- Surrey, S. (1973), Pathways to Tax Reform: The Concept of Tax Expenditures, Harvard University Press.
- Kydland, F. y Prescott, E. (1977), "Rules Rather than Discretion: The Inconsistency of Optimal Plans", Journal of Political Economy, 85(3).
- Arze del Granado, J., Coady, D. y Gillingham, R. (2012), "The Unequal Benefits of Fuel Subsidies: A Review of Evidence for Developing Countries", World Development, 40(11).
- Coady, D., Parry, I., Sears, L. y Shang, B. (2015), How Large Are Global Energy Subsidies?, IMF Working Paper 15/105.
- Blanchard, O. (2017), Macroeconomics, 7ª ed., Pearson — capítulos sobre política fiscal y shocks de oferta.