Teoría
Inflación de servicios excluida la vivienda
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Qué es
La inflación de servicios excluida la vivienda es un subíndice del IPC (o del deflactor del gasto personal, el PCE) que se construye sacando tres cosas de la canasta: los bienes, los alimentos y la energía, y el componente de vivienda. Lo que queda —restaurantes, salud, transporte, seguros, educación, servicios personales, comisiones financieras— es lo que la prensa financiera estadounidense bautizó supercore. No es una curiosidad estadística: es el termómetro que el propio banco central mira cuando quiere saber si la inflación se está apagando de verdad o solo se está desinflando la parte fácil.
La lógica de la exclusión no es que esos precios molesten, sino que informan poco sobre el futuro. Esa es la definición operativa de inflación subyacente que formalizaron Bryan y Cecchetti (1994): medir el núcleo es un problema de extracción de señal, estimar el componente persistente de un índice ruidoso, y el criterio para sacar un ítem es su relación señal-ruido, no el fastidio que produce.
Con ese criterio, cada exclusión tiene su motivo. Los bienes son transables: su precio lo fijan las cadenas globales de suministro y el tipo de cambio, y fueron justamente los que se dispararon y luego se desinflaron solos tras la pandemia. La vivienda sale por una razón distinta y más incómoda: está bien medida para el costo de vida, pero llega tarde. La oficina de estadísticas estadounidense encuesta cada unidad arrendada dos veces al año y, para las casas habitadas por sus dueños, imputa un arriendo equivalente. Como los contratos se reajustan una vez al año, el índice de hoy refleja el mercado de arriendos de hace doce meses. Usarlo para leer el momento actual es como medir la fiebre con un termómetro que promedia el año.
Lo que sobra tras esas dos podas es intensivo en mano de obra y poco expuesto al comercio exterior. Ahí es donde el mercado laboral se transmite a los precios, en la tradición que abrió Phillips (1958) al documentar la relación entre desempleo y variación de los salarios nominales. Por eso Powell (2022), en su discurso de la Brookings Institution, partió el núcleo del PCE en tres —bienes, servicios de vivienda y servicios sin vivienda— y señaló al último como el más informativo para entender hacia dónde va la inflación. Desde entonces, esa serie dejó de ser un tecnicismo y pasó a ser el número que mueve mesas de dinero.
Hay dos advertencias que conviene tener a mano. La primera es de nivel: los servicios tienen crecimiento de productividad más lento que los bienes, así que su precio relativo sube estructuralmente con los salarios —el argumento de crecimiento desbalanceado de Baumol (1967)—. Con una meta de 2% y bienes cerca de cero, la inflación de servicios compatible con esa meta es bastante mayor que 2%: un 3% en esta serie no es lo mismo que un 3% en el titular. La segunda es de inercia: los precios de servicios se reajustan con menos frecuencia que los de bienes, la rigidez nominal escalonada que modeló Calvo (1983), y esa lentitud es precisamente lo que hace que un quiebre en la serie se lea como cambio de régimen y no como ruido mensual. El contrapeso honesto es que el supercore incluye ítems bastante sucios —el seguro de salud, que se imputa desde los resultados de las aseguradoras, y las comisiones de administración de cartera, que se mueven con la bolsa—, así que tampoco es una medida limpia.
Cómo lo explicó el programa
En Buenas Tardes Mercado del 12 de agosto de 2026 (btm-2026-08-12), bajo el tema "La lectura fina: servicios excluido lo inmobiliario perforó el 3%", el panel hizo exactamente la distinción entre el titular y la letra chica. Las cifras típicas salieron dentro de lo esperado; lo que movió al mercado estadounidense fue el subíndice. Manuel Bengolea lo puso así: "Esa bajó del 3%, en una caída bastante potente, y hace mucho tiempo que no estaba por debajo de ese 3%".
Vale la pena notar cómo está usada la serie en esa lectura: no como un dato más del reporte, sino como la serie que hay que seguir. Es el operador leyendo el IPC igual que lo lee el banco central —descontando el componente rezagado de vivienda para quedarse con la parte que responde al mercado laboral— y explicando con eso una reacción de mercado que el número del titular, por sí solo, no justificaba.
Relación con otros conceptos
Es una variante de inflación subyacente, y hereda todos sus debates: qué se excluye, con qué criterio y a costa de qué representatividad. Del lado de la medición se apoya en el arriendo imputado a los propietarios, que es lo que se saca, y en la distinción IPC vs. deflactor del PCE, que difieren tanto en ponderadores como en cobertura. Del lado teórico conecta con la curva de Phillips y con el nexo salarios-precios, con las expectativas de inflación —porque lo que se busca es la parte persistente, la que la gente ya internalizó— y con la enfermedad de costos de Baumol, que explica su nivel más alto de equilibrio. Y del lado de las decisiones, alimenta la función de reacción de la política monetaria: es un insumo directo de la trayectoria de la tasa de referencia y, por esa vía, del dólar, de las tasas largas y del precio de los activos emergentes. En Chile el equivalente conceptual más cercano son el IPC sin volátiles y la apertura de la canasta SAE entre bienes y servicios que sigue el Banco Central en su Informe de Política Monetaria.
Fuentes y lecturas
- Bryan, M. F. y Cecchetti, S. G. (1994), "Measuring Core Inflation", en N. G. Mankiw (ed.), Monetary Policy, University of Chicago Press / NBER.
- Baumol, W. J. (1967), "Macroeconomics of Unbalanced Growth: The Anatomy of Urban Crisis", The American Economic Review, 57(3).
- Calvo, G. A. (1983), "Staggered Prices in a Utility-Maximizing Framework", Journal of Monetary Economics, 12(3).
- Powell, J. H. (2022), Inflation and the Labor Market, discurso en la Brookings Institution, 30 de noviembre.
- Blanchard, O. (2021), Macroeconomics, 8ª ed., Pearson.