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Teoría

Inflación subyacente

Visto en 16 apariciones de los programas.

Qué es

La inflación subyacente (o core inflation) es la variación de precios que queda una vez que se descuenta el ruido: aquellos componentes de la canasta cuyos precios se mueven mucho y por razones ajenas a la presión de demanda interna o a la política monetaria. En la práctica se construye excluyendo alimentos y energía —combustibles, electricidad, gas— o, en su versión más moderna, excluyendo los ítems que históricamente muestran mayor volatilidad, cualquiera sea su naturaleza. En Chile, la medida de referencia del Banco Central es el IPC sin volátiles, que cubre del orden de dos tercios de la canasta del IPC que publica el INE; antes se usaba el IPCSAE (IPC sin alimentos y energía).

La justificación no es estética sino de teoría de la señal. El IPC total mezcla dos cosas: un componente tendencial, que refleja el desequilibrio entre la capacidad productiva de la economía y el gasto, y un componente transitorio, que refleja shocks de oferta —una sequía, la guerra en un país exportador de petróleo, una helada que arruina la cosecha de tomates—. La política monetaria opera con rezagos de entre uno y dos años: cuando la Tasa de Política Monetaria (TPM) que se decide hoy termina de propagarse a la actividad y a los precios, el shock del tomate ya se revirtió. Reaccionar a él sería, literalmente, llegar tarde a una fiesta que ya terminó, y de paso enfriar la economía sin necesidad. La inflación subyacente es el mejor estimador disponible de esa tendencia, y por eso es la variable que el banco central mira para juzgar si el proceso inflacionario tiene raíz doméstica y persistente.

Conviene ser explícito sobre lo que la medida no es. No es la inflación que "sienten" los hogares: los alimentos y la bencina son precisamente los precios que se observan con más frecuencia y que más pesan en el presupuesto de los deciles bajos. Excluirlos es un instrumento de diagnóstico para quien fija la tasa, no una medición de bienestar. Tampoco es infalible: si la energía tiene una tendencia de largo plazo al alza y no solo fluctuaciones alrededor de un promedio, excluirla de manera permanente sesga la lectura hacia abajo durante años. De ahí que los bancos centrales no usen una sola medida, sino un panel: sin volátiles, medias truncadas, medianas ponderadas, índices de difusión.

Cómo lo explicó el programa

En el episodio del 29 de julio de 2026, al analizar el comunicado del Banco Central que mantuvo la TPM en 4,5% por unanimidad, Manuel Bengolea hizo la distinción de manera directa: "la inflación subyacente se mantiene en 3,4%, que es la importante, y es un poco lo que le da grados de libertad a nuestro Banco Central".

El contexto vuelve interesante ese comentario, porque el cuadro macro era claramente incómodo. La discusión del panel enumeró un frente externo revuelto —volatilidad global por el conflicto entre Estados Unidos e Irán, expectativas inflacionarias globales al alza, tasas largas internacionales subiendo y varias monedas depreciándose, incluido el peso— y un frente interno debilitándose: Imacec bajo lo previsto, inversión desacelerando más de lo proyectado en el segundo trimestre, consumo con menos dinamismo y desempleo al alza.

Con la inflación total anual en 4,3%, es decir fuera del rango de tolerancia de 2% a 4% en torno a la meta de 3%, la lectura ingenua sería que el Banco Central está obligado a mantener el sesgo restrictivo. La lectura de Bengolea es la contraria y descansa enteramente en la descomposición: si el total marca 4,3% pero la subyacente marca 3,4%, la brecha de casi un punto porcentual está explicada por componentes volátiles —consistente con el shock de petróleo y con la depreciación del peso mencionados en el mismo comunicado—, no por presión de demanda interna. Sumado a que las expectativas siguen ancladas en 3% a dos años, el diagnóstico es de shock de oferta transitorio sin efectos de segunda vuelta, y eso es exactamente lo que compra "grados de libertad": la opción de acompañar una economía que se está enfriando sin sacrificar credibilidad. El programa cerró con la advertencia del propio comunicado: los próximos pasos se evalúan reunión a reunión.

Relación con otros conceptos

El concepto vive rodeado de otros. Está atado a los shocks de oferta, que abren cuña entre inflación total y subyacente, y a los efectos de segunda vuelta: el momento en que un shock transitorio se filtra a la subyacente vía reajustes salariales, indexación de contratos o traspaso a costos. Vigilar la subyacente es, en el fondo, vigilar si esa filtración está ocurriendo.

Depende críticamente de las expectativas de inflación y de su anclaje. En la lógica de la curva de Phillips con expectativas, un shock de oferta solo desplaza el nivel de precios una vez si los agentes creen que el banco central llevará la inflación de vuelta a la meta; si esa creencia se rompe, el shock se vuelve inflación persistente y la subyacente deja de ser un refugio. Por eso las tres cifras del episodio —total, subyacente y expectativas— se leen juntas y no por separado.

Se conecta además con la brecha de actividad y el mercado laboral, que son el canal por el cual la demanda interna presiona los precios no volátiles: un Imacec débil y desempleo al alza son, en ese marco, razones para esperar que la subyacente siga contenida. Y se conecta con el traspaso del tipo de cambio (pass-through), que es el borde más frágil de todo el argumento: una depreciación del peso entra primero por los transables volátiles, pero con rezago migra hacia el resto de la canasta. Finalmente, el concepto es inseparable del horizonte de política monetaria y de la regla de política: la subyacente importa porque el instrumento es lento, y la meta se define a dos años.

Para profundizar

  • Blanchard, O., Macroeconomía — capítulos sobre inflación, expectativas y curva de Phillips; es la mejor entrada al vínculo entre anclaje de expectativas y persistencia inflacionaria.
  • Mankiw, N. G., Macroeconomía — tratamiento estándar de índices de precios y del rol de los shocks de oferta.
  • Bryan, M. F. y Cecchetti, S. G. (1994), "Measuring Core Inflation", en N. G. Mankiw (ed.), Monetary Policy, NBER/University of Chicago Press — el trabajo que popularizó las medias truncadas y el enfoque estadístico de extracción de tendencia.
  • Wynne, M. A. (2008), "Core Inflation: A Review of Some Conceptual Issues", Federal Reserve Bank of St. Louis Review 90(3) — revisión crítica de qué se pretende medir y de las limitaciones del método de exclusión.
  • Banco Central de Chile, Informe de Política Monetaria (IPoM) — publicación trimestral; es la fuente primaria para ver cómo el Consejo usa el IPC sin volátiles en su diagnóstico, junto con la base de datos estadísticos del propio Banco y la metodología del IPC del INE.

Apariciones