Teoría
Obsolescencia del stock de capital
Visto en 1 aparición de los programas.
Qué es
El stock de capital de una economía —máquinas, galpones, camiones, redes, software— pierde valor por dos caminos que las cuentas nacionales terminan sumando en una sola línea. El primero es el desgaste físico: la máquina se rompe, el edificio se deteriora. El segundo es la obsolescencia: el equipo funciona perfecto, pero dejó de ser la forma rentable de producir porque apareció una tecnología mejor, cambiaron los precios relativos de los insumos o se acabó el mercado del producto que fabricaba. El Sistema de Cuentas Nacionales trata ambos casos como "consumo de capital fijo" e incluye de manera explícita la obsolescencia previsible, no solo el deterioro (Naciones Unidas et al., 2009). Es una distinción con consecuencias: la obsolescencia no se ve en el galpón, se ve en el balance.
La aritmética es simple y por eso engaña. El stock evoluciona según K_t = (1 − δ)·K_(t−1) + I_t, donde δ es la tasa de depreciación —desgaste más obsolescencia— e I la inversión bruta del período. Si la inversión bruta cae por debajo de la depreciación, el stock neto se achica aunque la inversión siga siendo positiva: la economía está reponiendo menos de lo que pierde. Esa contabilidad es el esqueleto del modelo de crecimiento estándar (Solow, 1956).
Lo interesante aparece cuando se pregunta cómo entra la tecnología nueva a una economía. En la versión de progreso técnico incorporado, la tecnología no llueve sobre el capital existente: viene adentro de las máquinas nuevas, cada cosecha o vintage de equipos es mejor que la anterior, y la única puerta de entrada es la inversión (Solow, 1960; en la variante putty-clay de Johansen, 1959, una vez instalada la máquina la técnica ya no se puede cambiar). De ahí se sigue el resultado que importa acá: la tasa de inversión determina la edad promedio del stock de capital y, con ella, cuánta tecnología de frontera está efectivamente operando. Una economía que deja de invertir no congela su productividad, la deteriora, porque la obsolescencia se mide contra lo que hoy es posible y no contra lo que se podía hace diez años.
La obsolescencia también es en parte una expectativa, no solo un hecho consumado. Entra directo en el costo de uso del capital —la suma de la tasa de interés y la tasa de depreciación, ajustada por variaciones del precio del bien de capital (Hall y Jorgenson, 1967)—, así que esperar que un equipo quede obsoleto rápido sube el retorno exigido para comprarlo; es la intuición que Keynes (1936) formuló como caída de la eficiencia marginal del capital. El circuito puede cerrarse sobre sí mismo: se invierte poco porque la vida útil esperada es corta, y el capital envejece porque se invirtió poco. Medirla no es trivial: la práctica estándar la infiere de los precios de activos usados por cosecha, que revelan una caída de valor mayor a la del desgaste puro (Hulten y Wykoff, 1981). Y conviene recordar que la obsolescencia es la cara destructiva de algo deseable: Schumpeter (1942) llamó destrucción creativa justamente al hecho de que lo nuevo vuelva chatarra lo anterior. El problema nunca es la obsolescencia; es la obsolescencia sin reemplazo.
Cómo lo explicó el programa
En Buenos Días Mercado del 2 de mayo de 2025 (bdm-2025-05-02), en el tema "Duración del desempleo e inversión detenida", Willy Díaz partió por el síntoma laboral: el desempleo promedio de este gobierno estaría entre 2 y 2,5 puntos sobre el de los gobiernos anteriores, y encontrar trabajo se alargó. En sus palabras, "antes las personas se demoraban entre cuatro y cinco meses en conseguir un empleo, hoy día esa tasa está en ocho".
La cadena causal que armó a partir de ahí tiene dos eslabones, y el segundo es el que corresponde a este concepto. El primero es el conocido: con la formación bruta de capital fijo detenida no hay proyectos nuevos y, por lo tanto, no se generan empleos nuevos. El segundo es más fino: los empleos que sí existen tampoco vienen acompañados de renovación de equipos ni de tecnología. Es decir, no solo hay menos puestos, sino que los puestos que quedan trabajan con un stock de capital que envejece. Ese es exactamente el canal de la obsolescencia —capital que sigue funcionando pero se aleja de la frontera— y explica por qué una sequía de inversión puede pasar factura en productividad y salarios años después de que la tasa de desempleo se haya normalizado.
Vale una acotación que el programa no hizo: la flecha causal también corre al revés. Expectativas débiles y demanda floja frenan la inversión, no solo la inversión frenada deprime el empleo. Las cifras de duración del desempleo son las que citó Díaz al aire, no una estimación propia de esta biblioteca.
Relación con otros conceptos
La obsolescencia es el complemento oscuro de la formación bruta de capital fijo: la FBCF mide lo que entra, la depreciación mide lo que sale, y solo la diferencia agranda la capacidad productiva. Es también una de las razones por las que la productividad total de factores medida como residuo puede caer sin que nadie desaprenda nada: si el capital contabilizado es viejo, la tecnología que trae es vieja. Se conecta con el costo de uso del capital, donde la tasa de obsolescencia esperada actúa como un impuesto sobre invertir, y con la destrucción creativa, que es el mismo fenómeno visto desde la industria que gana en vez de la que pierde. Y hay un paralelo que el propio episodio deja servido: ocho meses buscando trabajo son ocho meses de obsolescencia del capital humano —habilidades que se oxidan, redes que se enfrían—, el mecanismo detrás de la histéresis del desempleo. Máquinas y personas se desactualizan por la misma vía cuando el ciclo se estira.
Fuentes y lecturas
- Solow, R. (1960), Investment and Technical Progress, en Arrow, Karlin y Suppes (eds.), Mathematical Methods in the Social Sciences, Stanford University Press.
- Hall, R. y Jorgenson, D. (1967), Tax Policy and Investment Behavior, American Economic Review, 57(3).
- Hulten, C. y Wykoff, F. (1981), The Estimation of Economic Depreciation Using Vintage Asset Prices, Journal of Econometrics, 15(3).
- Naciones Unidas, Comisión Europea, FMI, OCDE y Banco Mundial (2009), Sistema de Cuentas Nacionales 2008 (capítulo sobre consumo de capital fijo).
- De Gregorio, J. (2007), Macroeconomía: Teoría y Políticas, Pearson Educación (acumulación de capital y crecimiento, en español).