Teoría
Destrucción creativa
Visto en 9 apariciones de los programas.
Qué es
La destrucción creativa es el mecanismo por el cual el crecimiento económico de largo plazo ocurre destruyendo las estructuras productivas que existen, no acumulando encima de ellas. Cada innovación exitosa —un producto, un proceso, una forma de organizar el trabajo— vuelve obsoleto algo que antes era rentable: la máquina que se deja de usar, la empresa que quiebra, el puesto de trabajo que desaparece. El progreso y la pérdida son el mismo evento visto desde dos lados.
El término lo popularizó Joseph Schumpeter (1942), que lo describió como "el hecho esencial del capitalismo": un proceso de mutación industrial que "revoluciona incesantemente la estructura económica desde dentro, destruyendo sin cesar la antigua y creando una nueva". Su punto era polémico para la teoría de su época y sigue siéndolo: la competencia que importa no es la de precios entre empresas parecidas, sino la del nuevo bien o la nueva tecnología que ataca "los cimientos y la vida misma" de las firmas establecidas. Por eso Schumpeter miraba con menos alarma que sus contemporáneos las ganancias extraordinarias de una empresa dominante: las leía como el premio temporal de quien innovó, premio que la siguiente ola de innovación se encargaría de borrar. Ya en su obra temprana (Schumpeter, 1911) había puesto al empresario innovador —no al ahorrista ni al planificador— como el motor del desarrollo.
La idea quedó dormida como metáfora hasta que la teoría del crecimiento endógeno la formalizó. Aghion y Howitt (1992) construyeron un modelo donde la tasa de crecimiento depende de cuánto se invierte en investigación, y donde cada innovación elimina la renta que ganaba el innovador anterior. De ahí salen dos resultados incómodos y centrales: primero, que la innovación genera una externalidad negativa sobre los incumbentes (el "efecto de destrucción de negocios"), de modo que la tasa de innovación de mercado puede ser mayor o menor que la socialmente óptima; segundo, que quienes hoy ganan tienen un incentivo perfectamente racional a bloquearla. Acemoglu y Robinson (2012) desarrollaron esa segunda mitad: las élites económicas y políticas resisten la destrucción creativa cuando amenaza sus rentas, y esa resistencia —no la falta de ideas ni de capital— explica buena parte del estancamiento de los países.
La contabilidad empírica confirma que el fenómeno es enorme y permanente. Davis y Haltiwanger (1992) mostraron que, incluso en años de empleo total estable, la economía estadounidense crea y destruye del orden de un 10% de sus puestos de trabajo cada año: el neto tranquilo esconde un bruto violento. El crecimiento de la productividad agregada viene en gran medida de esa reasignación —recursos que salen de unidades poco productivas y entran a otras más productivas—, no solo de que cada unidad mejore por dentro.
De ahí la tensión política del concepto. Los beneficios de la destrucción creativa son grandes, difusos y futuros; los costos son concretos, concentrados e inmediatos, y recaen sobre personas y territorios identificables. Un sistema que solo protege a los perdedores del proceso termina congelando la estructura productiva; uno que los ignora acumula un costo social y una reacción política que a la larga también lo frena. Los tratamientos modernos (Aghion, Antonin y Bunel, 2021) apuntan por eso a proteger a las personas sin proteger a las empresas ni a los puestos: seguro de desempleo, recalificación y movilidad, en vez de subsidios a la unidad que ya no es viable.
Cómo lo explicó el programa
En Buenas Tardes Mercado del 3 de agosto de 2026, en el tema "La cirugía mayor que necesita Codelco y su costo político", Manuel Bengolea usó el concepto sin nombrarlo, aplicado a una empresa estatal.
Su diagnóstico partía por lo institucional: que Codelco se administre como cualquier empresa chilena, con la ley de sociedades anónimas aplicada de verdad y un cambio de organización corporativa, con resultados exigidos por unidad. Pero el costo lo puso donde efectivamente está: "eso significa quitarle cuotas de poder a quienes hasta hoy lo ostentan", además de gastar mucha plata en desvincular gente. Lo que estaba describiendo es la resistencia de los incumbentes —el mecanismo de Acemoglu y Robinson— dentro de la propia empresa.
El remate fue el argumento schumpeteriano en formato de sentido común: la regla no escrita de hacer solo los proyectos que no afectan la mano de obra, dijo, es incompatible con cualquier progreso; si esa regla hubiera regido siempre, "seguiríamos en carretas y no con motor de combustión interna". Es exactamente el punto de que la destrucción no es un efecto colateral del progreso, sino su forma. Vale notar lo que la analogía deja fuera y el propio programa insinúa al hablar del "costo político": el carretero que perdió su oficio también fue una persona real, y quién paga esa transición es una pregunta distinta —y legítima— de si conviene hacerla.
Relación con otros conceptos
Es la contracara microeconómica del crecimiento de la productividad total de factores: buena parte de lo que se mide como PTF agregada es reasignación entre firmas, no mejora dentro de ellas. Se apoya en la innovación y en la competencia entendida como amenaza de entrada, más que como número de oferentes. Explica por qué las rentas económicas son temporales en un mercado sano y por qué su defensa deriva en búsqueda de rentas y captura regulatoria. Del lado del costo, conecta con el desempleo estructural (a diferencia del friccional, exige recalificación y a veces cambio de ciudad), con los costos hundidos de la inversión que queda obsoleta y con el rol del seguro de desempleo como amortiguador. En estrategia empresarial, su pariente cercano es la innovación disruptiva de Christensen. Y en el caso chileno enlaza con el gobierno corporativo de las empresas públicas, donde el dueño estatal enfrenta un conflicto que el privado no tiene: es simultáneamente accionista y responsable político del empleo que se destruye.
Fuentes y lecturas
- Schumpeter, J. (1942), Capitalism, Socialism and Democracy, Harper & Brothers. El capítulo VII, "The Process of Creative Destruction", es la fuente original y son diez páginas.
- Schumpeter, J. (1911/1934), The Theory of Economic Development, Harvard University Press. El empresario innovador como motor del desarrollo.
- Aghion, P. y Howitt, P. (1992), "A Model of Growth Through Creative Destruction", Econometrica 60(2), 323–351. La formalización canónica.
- Davis, S. y Haltiwanger, J. (1992), "Gross Job Creation, Gross Job Destruction, and Employment Reallocation", Quarterly Journal of Economics 107(3). La evidencia de cuánta rotación esconde un empleo neto estable.
- Acemoglu, D. y Robinson, J. (2012), Why Nations Fail, Crown Business. Por qué las élites bloquean la destrucción creativa; hay traducción al español (Por qué fracasan los países, Deusto).
- Aghion, P., Antonin, C. y Bunel, S. (2021), The Power of Creative Destruction, Harvard University Press. Tratamiento actual, con el foco puesto en cómo proteger a las personas sin congelar la estructura productiva.