Teoría
Pertinencia de la investigación académica para el debate público
Visto en 1 aparición de los programas.
Qué es
La pertinencia de una investigación es la distancia entre la pregunta que responde y las preguntas que alguien —el gobierno, el Congreso, la ciudadanía, una empresa— efectivamente necesita responder. No es una medida de calidad: un estudio puede ser impecable en su método y a la vez irrelevante para la decisión que está sobre la mesa, y uno tosco puede ser justo lo que faltaba. Son dos ejes distintos, y confundirlos es el error habitual de la discusión pública.
El problema es económico antes que académico. Si la economía es, como la definió Robbins (1932), el estudio del comportamiento humano en tanto relación entre fines y medios escasos con usos alternativos, entonces las horas de un equipo de investigación son un recurso escaso como cualquier otro. Cada estudio tiene un costo de oportunidad: el estudio que no se hizo. Cuando el financiamiento es público —vía aporte fiscal directo, fondos concursables o la renta de una universidad estatal— ese costo de oportunidad lo paga alguien que no eligió la pregunta, lo que instala un clásico problema de agencia entre quien financia y quien decide la agenda.
Del otro lado hay una razón fuerte para no exigirle pertinencia inmediata a todo. El conocimiento es un bien no rival y difícil de excluir: quien lo produce captura solo una fracción de su beneficio social, así que el mercado por sí solo financia menos investigación de la que convendría (Arrow, 1962). Ese argumento justifica pagar investigación cuyo retorno es incierto, difuso y tardío. Stokes (1997) mostró que la oposición entre "ciencia básica" y "ciencia aplicada" es falsa: existe un cuadrante —el de Pasteur— donde una pregunta fundamental se persigue precisamente porque hay un uso a la vista, y ahí es donde vive la mejor investigación de política pública.
La tensión se resuelve mal si se la plantea como "relevante hoy o inútil". Kingdon (1984) describió el proceso de políticas públicas como una sopa donde las soluciones flotan antes que los problemas: cuando se abre una ventana —una crisis fiscal, un gobierno nuevo— se toma del estante lo que ya estaba cocinado, no lo que empieza a estudiarse ese día. Bajo esa lógica, simular una medida que nadie propuso es exactamente cómo se construye el menú de opciones, y su valor es un valor de opción. Weiss (1979) agregó la otra vía: la investigación rara vez se "usa" como insumo directo de una decisión; opera por ilustración, filtrándose en cómo los tomadores de decisión conciben el problema. Es la misma idea con la que Keynes (1936) cierra la Teoría general, cuando dice que los hombres prácticos que se creen exentos de toda influencia intelectual suelen ser esclavos de algún economista difunto.
Queda una tercera capa, la de los incentivos internos. La ciencia se organiza en torno a la prioridad y la publicación (Dasgupta y David, 1994): lo que hace carrera es el paper indexado, no el aporte a la discusión del mes. Un sistema así puede producir investigación excelente y estructuralmente desalineada con la agenda pública sin que nadie haya decidido desconectarse. A eso se suma un problema de señalización: el público consume el sello institucional —"un estudio de la Universidad de Chile"— y no el departamento que lo firmó, de modo que la reputación construida en un campo se transfiere gratis a un pronunciamiento hecho en otro.
Cómo lo explicó el programa
En Buenos Días Mercado del 7 de septiembre de 2026 [bdm-2026-09-07], el panel discutió un estudio de la Universidad de Chile que desestimaba que nuevos ingresos tributarios alcanzaran para cerrar la brecha fiscal. La objeción de Willy Díaz fue doble y en ese orden: primero la procedencia —el trabajo no salió del Departamento de Economía sino del de Control de Gestión y Sistemas de Información—, y después el contenido, porque simulaba subir el IVA y reducir el tramo exento del impuesto a la renta, dos medidas que nadie había puesto sobre la mesa.
"Destinar horas profesionales a estudiar, analizar y a desgastarse en temas que nadie ha discutido es una desconexión."
El argumento está formulado en términos de costo de oportunidad puro: horas profesionales gastadas en escenarios ausentes de la discusión son horas que no se dedicaron a la discusión que el país sí está teniendo. Vale registrar también el contraargumento que la teoría ofrece y que el programa no desarrolló: si nadie ha discutido subir el IVA, tener calculado qué pasaría si se discutiera es justamente lo que permite que la conversación empiece informada el día que la ventana se abra.
Relación con otros conceptos
La pertinencia se apoya en el costo de oportunidad y en la naturaleza de bien público del conocimiento, que es lo que sostiene el financiamiento estatal de la investigación y a la vez lo que hace difícil evaluarla por su rendimiento inmediato. El caso concreto pertenece al terreno de la incidencia tributaria —quién soporta realmente un alza del IVA o un tramo exento más angosto, que no es necesariamente quien lo paga en la caja— y de la brecha fiscal. La confianza del público en el sello y no en el autor es un problema de señalización y asimetría de información. Y toda simulación de una política que nunca se aplicó carga con la crítica de Lucas: los parámetros estimados bajo un régimen no sobreviven necesariamente al cambio de ese régimen, porque los agentes ajustan su conducta cuando las reglas cambian.
Fuentes y lecturas
- Robbins, L. (1932), An Essay on the Nature and Significance of Economic Science, Macmillan.
- Keynes, J. M. (1936), The General Theory of Employment, Interest and Money, Macmillan (cap. 24).
- Arrow, K. J. (1962), "Economic Welfare and the Allocation of Resources for Invention", en The Rate and Direction of Inventive Activity, NBER / Princeton University Press.
- Weiss, C. H. (1979), "The Many Meanings of Research Utilization", Public Administration Review 39(5).
- Stokes, D. E. (1997), Pasteur's Quadrant: Basic Science and Technological Innovation, Brookings Institution Press.