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Teoría

Rediseño de procesos como condición del impacto tecnológico

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

Una tecnología no produce valor por instalarse. Produce valor cuando cambia cómo se hace el trabajo: qué pasos existen, quién decide, en qué orden, con qué información y con qué criterio de calidad. El rediseño de procesos como condición del impacto tecnológico es la tesis de que la herramienta es un insumo necesario pero insuficiente, y que el rendimiento aparece recién cuando el flujo de trabajo se reordena alrededor de lo que la herramienta permite hacer distinto.

La formulación económica más nítida la dio Paul David (1990) con el caso del motor eléctrico. Las fábricas estadounidenses electrificaron sus plantas décadas antes de que la productividad reflejara algo: al principio simplemente reemplazaron la máquina de vapor central por un motor eléctrico central, conservando el árbol de transmisión y las correas que obligaban a apilar la producción en varios pisos alrededor del eje. El salto de productividad llegó cuando alguien rediseñó la planta: motores pequeños e independientes por máquina, layout de una sola planta ordenado por la secuencia del trabajo y no por la geometría de la transmisión. La tecnología estaba disponible; lo que faltaba era el rediseño. David llamó a esa brecha el retraso entre la difusión del artefacto y la reorganización que lo vuelve productivo.

La microeconomía detrás es la de complementariedades: Milgrom y Roberts (1990, 1995) mostraron que ciertas prácticas organizacionales son complementos estratégicos —el retorno de adoptar una sube cuando se adoptan las demás—, de modo que la función de producción no es separable. Adoptar un solo elemento de un sistema complementario puede no mejorar nada, e incluso empeorar el desempeño, porque rompe la coherencia del sistema anterior sin construir el nuevo. Eso explica por qué un piloto aislado rinde cero: no está midiendo la tecnología, está midiendo la tecnología amputada de sus complementos.

La evidencia empírica moderna es consistente. Brynjolfsson y Hitt (2000) y Bresnahan, Brynjolfsson y Hitt (2002) documentaron que el retorno de la inversión en tecnologías de información aparece concentrado en las firmas que además descentralizan decisiones, rediseñan flujos, cambian el perfil de contratación y capacitan; medido en horizontes largos, el retorno de la inversión en TI es varias veces el de corto plazo, porque lo que se está pagando no es el equipo sino la reorganización que lo acompaña. Brynjolfsson, Rock y Syverson (2021) formalizaron la fase intermedia como la curva J de la productividad: mientras la firma invierte en activos intangibles no contabilizados —procesos rediseñados, datos ordenados, personas entrenadas—, la productividad medida cae antes de subir, porque el costo se registra y el activo no. Un directorio que evalúa un programa de IA a los seis meses está mirando justamente el punto más bajo de esa curva.

La tradición administrativa había llegado antes por otro camino. Hammer y Champy (1993) plantearon que automatizar un proceso mal diseñado es "pavimentar el camino de las vacas": se obtiene el mismo desorden, más rápido y más caro. Su prescripción —empezar por preguntar qué problema resuelve el proceso antes de digitalizarlo— es exactamente la secuencia que la economía de las complementariedades justifica.

Cómo lo explicó el programa

En Buenas Tardes Mercado del 11 de septiembre de 2026, el tema "Por qué los pilotos de IA no producen impacto" puso el diagnóstico en términos organizacionales antes que tecnológicos. Carolina Pérez Echeverría describió el patrón dominante de adopción en las empresas chilenas: "hay pilotos aislados y no bajo un paraguas de una estrategia conjunta que realmente ataque cuáles son los dolores".

El argumento que desarrolló ordena la secuencia al revés de como suele ejecutarse: antes de aplicar la herramienta hay que rediseñar flujos y procesos, identificar dónde existe impacto real y tener un para qué claro. Y agregó una condición que la literatura de complementariedades respalda pero que las empresas suelen tratar como accesoria: la capa de capacitación debe trabajarse con la misma fuerza que la tecnológica, porque sin confianza no hay transformación.

Esa última frase no es un adorno motivacional. Si el rendimiento de la tecnología depende de que las personas cambien cómo trabajan, y ese cambio tiene un costo de aprendizaje y un riesgo percibido para quien lo asume, entonces la capacitación y la confianza son insumos del retorno, no una partida de bienestar laboral. Un piloto sin ese componente mide algo distinto de lo que cree medir: mide la tecnología usada a la fuerza por gente que no sabe para qué sirve.

Relación con otros conceptos

Este concepto es el mecanismo que explica la paradoja de la productividad —la observación de Solow de que las computadoras se ven en todas partes menos en las estadísticas de productividad— y es la razón de fondo de la brecha entre adopción declarada y uso efectivo de una tecnología: una empresa puede reportar que "usa IA" con total honestidad y no haber cambiado ningún proceso, de modo que la adopción es real y el impacto es cero.

Se apoya en el capital organizacional complementario a la tecnología, que es el activo intangible que el rediseño construye, y en el capital humano específico a la firma, que es lo que la capacitación acumula. Toca además la economía de los costos de ajuste: reorganizar tiene un costo irreversible que compite con la opción de esperar, lo que racionaliza —sin justificarla— la preferencia por el piloto barato que no obliga a cambiar nada. Y se cruza con la gobernanza del uso de inteligencia artificial, porque el rediseño de un flujo redefine quién decide y quién responde por el resultado.

Fuentes y lecturas

  • David, P. A. (1990), "The Dynamo and the Computer: An Historical Perspective on the Modern Productivity Paradox", American Economic Review, 80(2), 355-361.
  • Milgrom, P. y Roberts, J. (1990), "The Economics of Modern Manufacturing: Technology, Strategy, and Organization", American Economic Review, 80(3), 511-528.
  • Bresnahan, T. F., Brynjolfsson, E. y Hitt, L. M. (2002), "Information Technology, Workplace Organization, and the Demand for Skilled Labor: Firm-Level Evidence", Quarterly Journal of Economics, 117(1), 339-376.
  • Brynjolfsson, E., Rock, D. y Syverson, C. (2021), "The Productivity J-Curve: How Intangibles Complement General Purpose Technologies", American Economic Journal: Macroeconomics, 13(1), 333-372.
  • Hammer, M. y Champy, J. (1993), Reengineering the Corporation: A Manifesto for Business Revolution, HarperBusiness.
  • Brynjolfsson, E. y Hitt, L. M. (2000), "Beyond Computation: Information Technology, Organizational Transformation and Business Performance", Journal of Economic Perspectives, 14(4), 23-48.

Apariciones