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Teoría

Sobreexplotación de un recurso renovable

Visto en 3 apariciones de los programas.

Qué es

Un recurso renovable es aquel que se regenera por sí solo: un banco de peces, un bosque, un acuífero que recarga. Que se renueve no significa que sea inagotable. La sobreexplotación ocurre cuando la tasa de extracción supera sostenidamente la tasa de regeneración natural del stock, de modo que la biomasa disponible cae período tras período hasta un punto donde la recuperación es lenta, cara o —si el stock cruza un umbral crítico— imposible.

La formalización estándar viene de la economía pesquera. H. Scott Gordon (1954) mostró que un recurso de acceso abierto —donde nadie puede excluir a otro de extraer— tiende al equilibrio en que la renta económica se disipa por completo: entran barcos mientras haya utilidad por sobre el costo de operación, y el equilibrio se alcanza no cuando la ganancia social es máxima, sino cuando ya no queda ninguna. Anthony Scott (1955) agregó la otra mitad del argumento: un dueño único del recurso sí tiene incentivo a cuidarlo, porque internaliza el valor futuro del stock que deja en el agua. La diferencia entre ambos casos no está en la biología, sino en quién es el residual claimant de la biomasa que no se pesca hoy.

El mecanismo tiene dos externalidades superpuestas. La primera es de congestión: cada barco adicional reduce la captura por unidad de esfuerzo de todos los demás. La segunda, más grave, es intertemporal: el pez que yo no capturo hoy no queda garantizado para mí mañana, así que el valor que le asigno al stock futuro es cero aunque para el conjunto sea alto. Es la lógica que Hardin (1968) popularizó como "la tragedia de los comunes", con una imprecisión que conviene corregir: lo que colapsa no es la propiedad común, sino el acceso abierto. Elinor Ostrom (1990) documentó decenas de pesquerías, bosques y sistemas de riego gestionados comunalmente durante siglos sin agotarse, y extrajo los principios institucionales que lo permiten —límites definidos, reglas ajustadas al contexto local, monitoreo, sanciones graduadas, mecanismos de resolución de conflictos—. Su punto es que el problema es de diseño institucional, no de moralidad ni de destino inevitable.

El manejo formal se hace sobre un modelo de crecimiento del stock (típicamente logístico) del que se deriva el rendimiento máximo sostenible (MSY): la captura más grande que el stock puede soportar indefinidamente. Colin Clark (1976/2010) mostró que el óptimo económico no coincide con el MSY: con una tasa de descuento alta y costos de extracción bajos, la solución privada óptima puede ser agotar el stock —extinción económica— si la biomasa crece más lento que lo que rinde el dinero en el banco. Es un resultado incómodo pero esencial: la depredación no siempre es irracionalidad; a veces es aritmética financiera correcta con precios que no incluyen el valor del recurso.

Las herramientas de política atacan distintos eslabones. Las cuotas totales (TAC) limitan la captura agregada pero, si no se asignan individualmente, generan la "carrera por el pez": todos pescan lo más rápido posible antes de que la cuota se cierre, con sobreinversión en flota. Las cuotas individuales transferibles (ITQ) asignan derechos y permiten comerciarlos, alineando el interés del titular con la salud del stock. Vedas, tallas mínimas y restricciones de arte de pesca regulan la composición de la captura más que su volumen.

Un caso que la teoría estándar no cubre bien es el de los stocks transzonales: especies que migran entre la zona económica exclusiva de un país y alta mar, o entre varias ZEE. Ahí el problema de acceso abierto reaparece a escala internacional, y la solución exige acuerdos entre Estados —lo que Munro (1979) modeló como un juego de negociación entre países con tasas de descuento y costos distintos—. Es el terreno de las organizaciones regionales de ordenamiento pesquero.

Cómo lo explicó el programa

El 15 de septiembre de 2026, Buenos Días Mercado dedicó dos bloques al calamar gigante y a la pesca chilena, y lo que hizo fue exactamente el tránsito desde la biología hacia la economía industrial.

En el primero, sobre el calamar, los números que se pusieron sobre la mesa dibujan un problema de acceso abierto de manual. Según la SPRFMO —la organización supranacional que reúne a 17 países—, China capturó 600 mil toneladas de calamar gigante en 2024, superando largamente a Perú, y pasó de 260 barcos en esa zona en 2014 a 528 en 2024: duplicar la flota en diez años es precisamente el ajuste de esfuerzo que Gordon describió, la entrada que continúa mientras quede renta por capturar. Chile, en cambio, tiene una cuota de 200 mil toneladas y no llega a la mitad. Pepe Arias lo planteó así: "Chile no es capaz de extraer más de 100 mil, o sea nosotros extraemos la mitad de la cuota".

Lo interesante del bloque es que no dio por obvia la lectura. Una cuota subutilizada admite dos explicaciones opuestas: falta de capacidad industrial para tomarla, o que el recurso ya no esté ahí porque fue capturado un metro más allá de la línea jurisdiccional. La primera es un problema de inversión; la segunda es sobreexplotación transzonal y significa que la cuota nacional es un número en un papel. Distinguirlas exige datos de biomasa, no de desembarques.

El segundo bloque trasladó el diagnóstico al plano industrial. Descontando el salmón —que es cultivo y explica unos US$6.700 millones de los US$7.200 a 7.300 millones que Chile exporta en recursos marinos—, el país es un actor pesquero menor. La conclusión de Arias fue que perder el recurso significa perder empleo en las caletas y cerrar empresas: "esto no es simplemente un problema de los chicos o de los artesanales, esto es un problema de industria", y agregó que en diez años más puede no quedar nada que mirar. Es la traducción correcta del costo de la sobreexplotación: no es la desaparición de una especie en abstracto, sino la destrucción del capital natural que sostiene una cadena productiva completa y las rentas laborales asociadas.

Relación con otros conceptos

La sobreexplotación es el caso aplicado de una externalidad negativa no internalizada, y su solución canónica pasa por asignar derechos de propiedad bien definidos sobre el stock. Comparte estructura con el problema de la tragedia de los comunes y con el dilema del prisionero repetido: la cooperación es el mejor resultado colectivo pero no es un equilibrio sin mecanismos de cumplimiento.

Se conecta directamente con los recursos transzonales y los límites jurisdiccionales, donde la solución nacional es insuficiente por construcción. Y con la renta de los recursos naturales: lo que se disipa bajo acceso abierto es precisamente esa renta, que con buen diseño institucional podría capturarse como ingreso fiscal o como excedente para los operadores.

Por el lado del capital, el stock biológico funciona como un activo cuya tasa de retorno es su tasa de crecimiento natural; la comparación con la tasa de descuento es lo que determina si conviene conservarlo o liquidarlo, un razonamiento idéntico al de cualquier decisión de inversión. Finalmente, el bloque de la radio apunta a encadenamientos productivos y a la diferencia entre extracción y cultivo —el salmón chileno es la prueba de que un sector puede crecer desacoplado del stock silvestre—.

Fuentes y lecturas

  • Gordon, H. S. (1954), The Economic Theory of a Common-Property Resource: The Fishery, Journal of Political Economy 62(2).
  • Scott, A. (1955), The Fishery: The Objectives of Sole Ownership, Journal of Political Economy 63(2).
  • Clark, C. W. (2010), Mathematical Bioeconomics: The Mathematics of Conservation, 3ª ed., Wiley.
  • Ostrom, E. (1990), Governing the Commons: The Evolution of Institutions for Collective Action, Cambridge University Press. (Hay traducción: El gobierno de los bienes comunes, FCE, 2000.)
  • Munro, G. R. (1979), The Optimal Management of Transboundary Renewable Resources, Canadian Journal of Economics 12(3).
  • Hardin, G. (1968), The Tragedy of the Commons, Science 162(3859).

Apariciones