Teoría
Uso de herramientas no autorizadas por los empleados (shadow IT)
Visto en 1 aparición de los programas.
Qué es
Se llama tecnología en la sombra (shadow IT) al uso de aplicaciones, servicios o dispositivos que los trabajadores incorporan a su labor por cuenta propia, fuera del catálogo que la organización aprobó, financió y controla. No es sabotaje ni negligencia deliberada: en la enorme mayoría de los casos es alguien tratando de hacer mejor su pega con la herramienta que tiene a mano. El fenómeno es antiguo —la planilla de cálculo personal, el correo privado, el disco en la nube—, pero la inteligencia artificial generativa lo volvió masivo, porque por primera vez la versión gratuita de una herramienta de frontera está a un clic de distancia del escritorio de cualquier empleado.
La economía tiene una explicación elegante de por qué esto ocurre y por qué no se puede erradicar a punta de prohibiciones. El punto de partida es que el conocimiento relevante para producir está disperso: nadie en el centro de la organización posee la información "de tiempo y lugar" que tiene quien ejecuta la tarea (Hayek, 1945). El analista sabe cuál de sus quince pasos diarios es el tedioso; el comité de tecnología, no. De ahí que la decisión sobre qué herramienta sirve migre naturalmente hacia abajo. Aghion y Tirole (1997) formalizaron esa brecha con una distinción útil: la autoridad formal —quién tiene el derecho a decidir— puede estar en la gerencia de TI, mientras la autoridad real —quién decide en los hechos, porque es el único informado— está en el escritorio. Cuando la diferencia entre ambas es grande, la organización no manda: ratifica o ignora.
A eso se suma que los usuarios son fuente genuina de innovación, no solo consumidores de la que baja del proveedor: quienes enfrentan la necesidad primero suelen construir la primera solución, y muchas veces la buena (von Hippel, 2005). En la literatura de sistemas de información, esa conducta se estudia como workaround: la adaptación que las personas improvisan cuando el sistema oficial estorba en vez de ayudar (Alter, 2014). Visto así, la tecnología en la sombra es, en parte, información valiosa: cada herramienta clandestina es un reclamo revelado sobre una carencia del catálogo oficial.
El problema es la externalidad. El trabajador que pega un contrato, una base de clientes o un estado financiero en un modelo gratuito se queda con todo el beneficio —termina antes, responde mejor— y soporta solo una fracción minúscula del costo esperado si esos datos terminan en el corpus de entrenamiento de un tercero, en una filtración o en manos de un competidor. El costo lo paga la empresa entera, y de forma diferida y probabilística, que es la peor combinación para que alguien lo internalice. Es la estructura clásica del riesgo moral: quien toma la decisión no es quien absorbe la consecuencia (Jensen y Meckling, 1976). La economía de la seguridad de la información lleva dos décadas insistiendo en que la mayoría de las fallas de seguridad no son fallas técnicas sino de incentivos mal alineados: el sistema falla donde el que puede protegerlo no es el que sufre si se rompe (Anderson y Moore, 2006).
De esa lectura se desprende una recomendación poco intuitiva pero robusta: el objetivo de política no es la prohibición, es la reducción de la brecha de valor entre la herramienta oficial y la clandestina. Mientras la alternativa particular sea mucho mejor —o simplemente exista, cuando la corporativa no existe—, la probabilidad de detección tendría que ser altísima y la sanción severa para disuadir, y ese equilibrio de vigilancia es caro y destruye confianza (la lógica de Becker, 1968, aplicada a una conducta productiva). Prohibir sin sustituir no elimina el uso: lo vuelve invisible, que es exactamente lo contrario de lo que la empresa necesita para medir su exposición.
Cómo lo explicó el programa
En Buenas Tardes Mercado del 11 de septiembre de 2026, bajo el tema "Adopción personal que corre más rápido que la corporativa", el panel puso el dedo justo en la asimetría de velocidades: la adopción individual de inteligencia artificial avanza mucho más rápido que la organizacional, y esa diferencia de ritmos es la que abre el hueco. Carolina Pérez Echeverría lo describió sin rodeos: "hay herramientas particulares y no se están usando las herramientas corporativas y ahí hay riesgo también de fugas".
La formulación importa por dos razones. Primero, porque identifica la causa antes que el síntoma: el riesgo de fuga no nace de una mala conducta, nace de que la herramienta corporativa llega tarde o no llega. Segundo, porque el riesgo señalado —la salida de información de la empresa hacia modelos y servicios de terceros— es precisamente el costo que el usuario individual no tiene ninguna razón para incorporar en su cálculo. En un país que está estrenando su institucionalidad de datos personales, con la Ley 21.719 y la agencia que crea, ese costo además dejó de ser solo reputacional.
Relación con otros conceptos
La tecnología en la sombra es la cara subterránea de la brecha entre adopción declarada y uso efectivo de una tecnología: cuando la adopción oficial se mide por licencias contratadas, el uso que ocurre fuera del contrato no aparece en ninguna cifra, y la organización cree tener menos IA de la que tiene. Se explica por asimetría de información entre quien ejecuta y quien decide, y produce externalidades negativas cuyo costo esperado recae sobre terceros. Su persistencia frente a las prohibiciones es un caso de manual de riesgo moral y de costos de agencia. Su remedio no es tecnológico sino organizacional: pertenece a la familia del capital organizacional complementario a la tecnología, ese conjunto de procesos, permisos y formación sin los cuales la herramienta no rinde. Y el hecho de que los usuarios encuentren primero la solución conecta con la innovación del usuario y con los límites de la firma: qué conviene centralizar y qué no es, en el fondo, la pregunta de Coase.
Fuentes y lecturas
- Hayek, F. A. (1945), The Use of Knowledge in Society, American Economic Review 35(4).
- Aghion, P. y Tirole, J. (1997), Formal and Real Authority in Organizations, Journal of Political Economy 105(1).
- von Hippel, E. (2005), Democratizing Innovation, MIT Press.
- Anderson, R. y Moore, T. (2006), The Economics of Information Security, Science 314(5799).
- Acquisti, A., Taylor, C. y Wagman, L. (2016), The Economics of Privacy, Journal of Economic Literature 54(2).