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Teoría

Transferencias intergeneracionales dentro de la familia

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

Las transferencias intergeneracionales dentro de la familia son los recursos que pasan de una generación a otra sin pasar por el mercado ni por el Estado: lo que los padres gastan en criar y educar a sus hijos, las herencias y donaciones en vida, la ayuda para el pie de una vivienda y, en el otro sentido, el apoyo económico o los cuidados que los hijos adultos dan a sus padres mayores. Incluyen dinero, bienes y tiempo. El tiempo es el componente más difícil de medir y quizás el más grande: horas de crianza y de cuidado que no se pagan y no aparecen en las cuentas nacionales.

La economía las estudia porque rompen el supuesto más cómodo de la teoría del consumidor, el de que cada persona decide solo sobre sus propios ingresos. Dentro de la familia, una generación paga y otra recibe. Hay tres formas clásicas de explicar por qué.

Altruismo. En el modelo de Gary Becker, el bienestar de los hijos entra en la función de utilidad de los padres, y por eso los padres les transfieren recursos voluntariamente (Becker, 1974; Becker, 1991). Robert Barro (1974) llevó la idea a la macroeconomía: si cada generación se preocupa por la siguiente, la familia se comporta como una dinastía de horizonte infinito, y eso tiene una consecuencia famosa, la equivalencia ricardiana. Un hogar que anticipa impuestos futuros para pagar la deuda pública ahorra más para dejárselo a sus hijos, y la deuda no aumenta la riqueza percibida.

Intercambio. Las transferencias también pueden ser un trato implícito: los padres financian la educación y los hijos devuelven el favor con apoyo en la vejez. Desde la demografía, John Caldwell (1976) propuso que la dirección neta de estos "flujos de riqueza" explica la transición demográfica. En las sociedades tradicionales la riqueza fluye de los hijos a los padres y tener muchos hijos conviene; cuando el flujo se invierte y los hijos pasan a ser un costo neto para los padres, la fecundidad cae.

Inversión en capital humano. Lo que los padres gastan en salud y educación de sus hijos es una inversión cuyo retorno queda en la productividad y los ingresos futuros del hijo. Becker y Tomes (1979) la usaron para explicar cómo la desigualdad se transmite, o no, entre generaciones.

La evidencia no se ajusta del todo a ningún modelo. Altonji, Hayashi y Kotlikoff (1992) testearon el altruismo puro con datos de familias de Estados Unidos y lo rechazaron: el consumo de padres e hijos no se comporta como si compartieran un solo presupuesto. Aun así, el peso agregado de estas transferencias es grande. Kotlikoff y Summers (1981) estimaron que buena parte del stock de capital de Estados Unidos se explica por riqueza heredada y no por el ahorro de ciclo de vida.

La herramienta moderna para medirlas son las Cuentas Nacionales de Transferencias (National Transfer Accounts), que descomponen por edad cuánto consume y produce cada generación y cuánto de la diferencia se cubre con transferencias familiares, públicas o con activos (Lee y Mason, 2011).

Cómo lo explicó el programa

En el Buenos Días Mercado del 2 de octubre de 2026 (bdm-2026-10-02), a propósito de un estudio que calculaba la rentabilidad de tener un hijo, Pepe Arias dijo dónde estaba el problema conceptual. El cálculo arrojaba un valor presente positivo, pero los padres pagan el costo y el hijo se lleva el beneficio. Como quien invierte no es quien cobra, el resultado no responde si a una familia "le conviene" tener un hijo. Para Arias, en rigor, "lo que están midiendo es si el capital humano que se forma tiene rentabilidad".

Es el problema de las transferencias intergeneracionales en su versión más pura. Si los padres son altruistas a la Becker, el beneficio del hijo cuenta en su propia utilidad y la separación pierde importancia. Si no lo son, o si el flujo de vuelta (apoyo en la vejez) se debilitó, como planteaba Caldwell, la familia carga un costo privado cuyo beneficio es en buena parte social. Por eso el estudio, según Arias, es una evaluación social y no privada. Dicho en un día en que se discutía la caída de la natalidad, el punto tiene peso: que un hijo sea socialmente rentable no implica que la decisión de tenerlo lo sea para quienes la toman.

Relación con otros conceptos

El concepto está ligado al capital humano, porque el gasto en crianza y educación es la principal inversión que una generación hace en la siguiente, y a la hipótesis del ciclo de vida de Modigliani, que explica el ahorro sin herencias y contra la cual se mide cuánto pesan los legados. En macroeconomía conecta con la equivalencia ricardiana, que depende del altruismo intergeneracional, y con los modelos de generaciones traslapadas de Samuelson y Diamond, donde la relación entre jóvenes y viejos determina el ahorro y la tasa de interés. En lo demográfico conversa con la transición demográfica, la tasa de reemplazo generacional y el envejecimiento poblacional: cuando nacen menos hijos, el apoyo que antes daba la familia en la vejez pasa a los sistemas de pensiones, de reparto o de capitalización. Por último, la diferencia entre quién paga y quién se beneficia es una externalidad y es la base de la evaluación social de proyectos, que mide beneficios para toda la sociedad y no solo para quien financia.

Fuentes y lecturas

  • Becker, G. S. (1991), A Treatise on the Family (edición ampliada), Harvard University Press.
  • Barro, R. J. (1974), "Are Government Bonds Net Wealth?", Journal of Political Economy, 82(6). https://doi.org/10.1086/260266
  • Caldwell, J. C. (1976), "Toward a Restatement of Demographic Transition Theory", Population and Development Review, 2(3/4).
  • Altonji, J. G., Hayashi, F. y Kotlikoff, L. J. (1992), "Is the Extended Family Altruistically Linked? Direct Tests Using Micro Data", American Economic Review, 82(5).
  • Lee, R. y Mason, A. (eds.) (2011), Population Aging and the Generational Economy: A Global Perspective, Edward Elgar.

Apariciones