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Teoría

Evaluación social de proyectos

Visto en 2 apariciones de los programas.

Qué es

La evaluación social de proyectos mide si una inversión conviene al país en su conjunto, no a quien la financia. Se pregunta si los recursos que el proyecto consume (trabajo, capital, divisas, tiempo) valen menos que los beneficios que genera, sin importar quién paga ni quién cobra.

La comparación con la evaluación privada muestra la diferencia. Esta mira los flujos de caja de un inversionista concreto, valorados a precios de mercado y descontados a su costo de capital. Si el valor actual neto (VAN) es positivo, a ese inversionista le conviene hacerlo. La evaluación social cambia la pregunta en cuatro puntos:

  1. Precios sociales en vez de precios de mercado. Cuando un precio está distorsionado por impuestos, subsidios, desempleo o tipo de cambio intervenido, se reemplaza por un precio sombra que refleje el costo de oportunidad real del recurso. Por ejemplo, la mano de obra que estaba desempleada le cuesta a la sociedad menos que el salario que se paga.
  2. Las transferencias no cuentan. Un impuesto es costo para la empresa e ingreso para el Fisco, y para el país el efecto neto es cero. Lo mismo vale para subsidios e intereses.
  3. Las externalidades sí cuentan. La contaminación, la congestión que se evita o el tiempo de viaje que se ahorra no pasan por la caja de nadie, pero son costos o beneficios reales.
  4. Tasa social de descuento. Los flujos se descuentan a una tasa que representa el costo de oportunidad de los fondos para la economía, no el costo de capital de un inversionista. En Chile la fija el Ministerio de Desarrollo Social y Familia para el Sistema Nacional de Inversiones, junto con los demás precios sociales que deben usar los proyectos públicos.

Detrás está el criterio de compensación potencial de Kaldor (1939) y Hicks (1939). Un proyecto es socialmente deseable si los ganadores podrían compensar a los perdedores y aun así quedar mejor, aunque la compensación no se haga. Por eso la evaluación social es neutral respecto de la distribución: suma beneficios y costos sin preguntar quién se lleva cada parte. Varios manuales agregan ponderaciones distributivas, pero esa es una extensión y no el núcleo.

La sistematización moderna del método viene de los trabajos de los años setenta para países en desarrollo, como las guías de la ONUDI (Dasgupta, Marglin y Sen, 1972) y el manual de Little y Mirrlees (1974). Arnold Harberger le dio forma operativa con su enfoque de precios sombra (Harberger, 1972), y su influencia sobre la escuela chilena es directa. En Chile, el texto de referencia es el de Ernesto Fontaine, discípulo de Harberger y arquitecto de la metodología que adoptó el Estado.

Cómo lo explicó el programa

En Buenos Días Mercado del 2 de octubre de 2026 [bdm-2026-10-02], la conversación sobre natalidad llegó a un estudio que calculaba la "rentabilidad" de tener un hijo y le encontraba un valor presente positivo. Pepe Arias precisó qué medía realmente ese número. La crianza la pagan los padres y los beneficios futuros, sobre todo los ingresos que la persona generará en su vida laboral, los recibe el hijo. Como quien paga y quien cobra no son el mismo agente, el cálculo no es la rentabilidad privada de los padres:

"lo que están midiendo es si el capital humano que se forma tiene rentabilidad"

Es la distinción central de este concepto. Si los padres evaluaran el hijo como inversionistas privados, contarían solo los flujos que vuelven a ellos (apoyo en la vejez, por ejemplo), y ese VAN bien podría ser negativo. El estudio, en cambio, suma todos los beneficios sin importar quién los recibe, que es justamente lo que hace una evaluación social. Su conclusión es que la sociedad se beneficia de que se forme ese capital humano. Eso es compatible con que a la familia que lo financia no le convenga en términos estrictamente monetarios.

Esa brecha entre lo social y lo privado ayuda a explicar la baja natalidad: una decisión puede ser rentable para el país y costosa para quien la toma. Es la misma lógica que justifica subsidiar actividades con externalidades positivas.

Relación con otros conceptos

El concepto opuesto es la evaluación privada de proyectos, basada en el valor actual neto y la tasa interna de retorno calculados sobre flujos de caja de mercado. La social usa las mismas herramientas de descuento intertemporal, pero con otros insumos.

Se apoya en el análisis costo-beneficio de la economía del bienestar y en la noción de eficiencia de Kaldor-Hicks, que es más débil que la eficiencia de Pareto porque no exige que nadie pierda. Los precios sombra traducen el costo de oportunidad de cada recurso cuando el mercado no lo refleja, y las externalidades son la razón principal de que el beneficio social y el privado se separen.

En el caso del programa, la conexión es con la teoría del capital humano (Becker, 1964): la educación y la crianza son inversiones cuyo retorno se capta en productividad e ingresos futuros. Cuando ese retorno lo recibe alguien distinto de quien invierte, aparece una brecha que el mercado no cierra solo, y eso abre la puerta a la política pública: subsidios, educación gratuita, transferencias por hijo.

Fuentes y lecturas

  • Fontaine, E. R. (2008), Evaluación social de proyectos (13.ª ed.), Pearson Educación.
  • Harberger, A. C. (1972), Project Evaluation: Collected Papers, Macmillan.
  • Little, I. M. D. y Mirrlees, J. A. (1974), Project Appraisal and Planning for Developing Countries, Heinemann.
  • Boardman, A. E., Greenberg, D. H., Vining, A. R. y Weimer, D. L. (2018), Cost-Benefit Analysis: Concepts and Practice (5.ª ed.), Cambridge University Press.
  • Becker, G. S. (1964), Human Capital: A Theoretical and Empirical Analysis, with Special Reference to Education, NBER / Columbia University Press.

Apariciones