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Teoría

Valor actual neto (VAN)

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

El valor actual neto es el criterio central para decidir si un proyecto de inversión crea o destruye valor. Su lógica descansa en una idea simple pero de consecuencias grandes: un peso hoy no vale lo mismo que un peso dentro de cinco años, porque el peso de hoy puede invertirse y rendir. Para comparar desembolsos presentes con ingresos futuros hay que traer todo a una misma unidad de tiempo, y esa operación se llama descontar.

Formalmente, el VAN de un proyecto que exige una inversión inicial I₀ y genera flujos de caja FC₁, FC₂, …, FCₙ es:

VAN = −I₀ + Σ  FCₜ / (1 + r)ᵗ        para t = 1 … n

donde r es la tasa de descuento. La regla de decisión es directa: si el VAN es positivo, el proyecto rinde más que la alternativa representada por r y conviene ejecutarlo; si es negativo, conviene no hacerlo. La formulación moderna del valor presente como criterio de decisión económica proviene de Irving Fisher (1930), quien sostuvo que el valor de cualquier activo es el valor presente de su corriente futura de ingresos, y que la tasa de interés es el precio que conecta consumo presente con consumo futuro. Joel Dean (1951) lo trasladó a la práctica de la empresa, y Hirshleifer (1958) mostró por qué el VAN domina a criterios rivales como la tasa interna de retorno cuando hay que ordenar proyectos mutuamente excluyentes o los flujos cambian de signo más de una vez.

Dos elementos hacen todo el trabajo, y conviene no confundirlos. El numerador son los flujos de caja incrementales después de impuestos: lo que efectivamente entra y sale de caja por hacer el proyecto, no la utilidad contable. El denominador es la tasa de descuento, que no es un dato técnico neutro sino el costo de oportunidad del capital: la rentabilidad que ese mismo dinero obtendría en una alternativa de riesgo comparable. Esa tasa incluye una prima por riesgo, y ahí es donde la incertidumbre entra al cálculo. Un proyecto con flujos esperados idénticos pero más inciertos se descuenta a una tasa mayor y, por lo tanto, vale menos hoy.

De ahí se sigue algo que suele perderse en la discusión pública: la incertidumbre no destruye proyectos porque los flujos esperados bajen, sino porque sube la tasa a la que esos flujos se descuentan. Un proyecto que era marginalmente positivo cruza a negativo sin que nadie haya cambiado un solo supuesto de ventas o de costos.

Cómo lo explicó el programa

El episodio del 29 de julio de 2026 (bdm-2026-07-29), en el tema "Invariabilidad tributaria e inversión", usó exactamente este mecanismo para leer una cifra macro. La derogación del DL 600 —el estatuto que ofrecía a los inversionistas extranjeros una tasa impositiva fija por un plazo determinado— coincide con un quiebre en la formación bruta de capital fijo, que pasó de crecer 6,6% promedio anual entre 1996 y 2015 a 2,1% entre 2016 y 2025: un tercio del ritmo previo.

La explicación que ofreció el panel no fue contable sino de evaluación de proyectos. En palabras de Juan José Lavín, "bajó a un tercio la tasa de crecimiento de la formación bruta de capital fijo porque no hay invariabilidad tributaria". El argumento desarrollado en el bloque es que cuando los flujos futuros de un proyecto dependen de tasas que la política puede modificar durante la vida del proyecto, aumenta el riesgo percibido, sube la rentabilidad exigida y el proyecto simplemente no se materializa. La invariabilidad tributaria no regalaba rentabilidad: fijaba un parámetro del numerador para que dejara de contaminar el denominador.

El programa subrayó además un punto que suele omitirse: el efecto no se limita a los megaproyectos mineros o energéticos. También alcanza a la empresa mediana, que evalúa ampliar una planta o comprar maquinaria con horizontes de siete o diez años y que, sin acceso a coberturas ni a estructuras legales sofisticadas, absorbe la incertidumbre regulatoria directamente en la tasa que le exige a su propia inversión.

Relación con otros conceptos

El VAN es inseparable del costo de capital, que le entrega la tasa de descuento y que en la empresa suele estimarse como un promedio ponderado entre deuda y patrimonio. Su rival histórico es la tasa interna de retorno, que expresa el mismo cálculo como un porcentaje —más intuitivo, pero engañoso cuando hay que jerarquizar proyectos de distinto tamaño o duración—, y el período de recuperación, que ignora todo lo que ocurre después de recuperada la inversión y el valor del dinero en el tiempo.

Hacia el lado macroeconómico, el VAN es el microfundamento de la formación bruta de capital fijo: la inversión agregada es la suma de decisiones individuales que pasaron el filtro de un VAN positivo, lo que explica por qué la inversión reacciona tanto a la tasa de interés y a la incertidumbre. Cuando la inversión es además irreversible —una planta no se desarma para recuperar el desembolso—, la teoría de opciones reales muestra que esperar tiene un valor propio: bajo incertidumbre alta, un VAN levemente positivo puede no bastar para justificar invertir hoy en lugar de postergar. Ese resultado es la traducción técnica del punto que planteó el programa sobre la invariabilidad tributaria.

Fuentes y lecturas

  • Fisher, I. (1930), The Theory of Interest, Macmillan.
  • Hirshleifer, J. (1958), "On the Theory of Optimal Investment Decision", Journal of Political Economy, 66(4).
  • Brealey, R. y Myers, S. (1981), Principles of Corporate Finance, McGraw-Hill (ediciones posteriores junto a F. Allen; manual estándar de finanzas corporativas).
  • Sapag Chain, N. y Sapag Chain, R. (2008), Preparación y evaluación de proyectos, 5.ª ed., McGraw-Hill.
  • Dixit, A. y Pindyck, R. (1994), Investment under Uncertainty, Princeton University Press.

Apariciones