Teoría
Traspaso del precio de los combustibles al IPC
Visto en 1 aparición de los programas.
Qué es
El traspaso (en inglés, pass-through) del precio de los combustibles al Índice de Precios al Consumidor (IPC) es la medida en que una variación del precio de la bencina, el diésel, el gas o la parafina termina reflejada en la inflación que miden las estadísticas oficiales. Suele expresarse como coeficiente: si un alza de 10% en combustibles eleva el IPC en 0,4 puntos porcentuales en un plazo determinado, el traspaso acumulado en ese plazo es de 0,04.
Conviene distinguir tres canales, porque operan con distinta velocidad:
- Efecto directo. Los combustibles forman parte de la canasta del IPC. Cuando sube la bencina en el surtidor, el índice sube en proporción a su ponderación, casi de inmediato.
- Efecto indirecto. Los combustibles son un insumo para muchos otros bienes y servicios. El transporte de pasajeros, los fletes, la distribución de alimentos y la producción agrícola usan energía. Las empresas trasladan ese mayor costo a sus precios con algunas semanas o meses de rezago, según su poder de mercado y la competencia que enfrenten.
- Efectos de segunda vuelta. Si los trabajadores y las empresas interpretan el alza como permanente, pueden ajustar salarios, contratos y expectativas de inflación. En ese caso un shock de precio relativo se convierte en inflación persistente. Este canal preocupa especialmente a los bancos centrales y es más fuerte en economías con mucha indexación.
La literatura muestra que el traspaso no es constante. Hamilton (1983) documentó que la mayoría de las recesiones de posguerra en Estados Unidos fueron precedidas por alzas del petróleo, lo que instaló la energía como fuente central de shocks macroeconómicos. Investigaciones posteriores encontraron que el efecto inflacionario de esos shocks se debilitó desde mediados de los ochenta (Hooker, 2002). Blanchard y Galí (2007) atribuyen la diferencia entre los años 2000 y los setenta a tres factores: salarios menos rígidos e indexados, política monetaria más creíble y menor intensidad petrolera de la economía. En la misma línea, Taylor (2000) planteó que en entornos de inflación baja y estable las empresas perciben los shocks de costos como menos persistentes, y por eso los traspasan menos a sus precios. Kilian (2008) agrega una advertencia metodológica: el efecto de un alza depende de su origen. Un aumento causado por mayor demanda mundial no tiene las mismas consecuencias que uno causado por una interrupción de la oferta.
En Chile el traspaso tiene particularidades. El país importa casi todo el petróleo que consume, de modo que el precio local depende del precio internacional y también del tipo de cambio. Además existe el MEPCO (Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles), que suaviza las variaciones semanales del precio mayorista. Por eso las alzas internacionales llegan al consumidor de forma más gradual y escalonada.
Cómo lo explicó el programa
En el episodio del 6 de noviembre de 2026 [bdm-2026-11-06], dedicado al IPC de octubre, el panel analizó un registro mensual de 0,5% y lo atribuyó en buena medida al alza de los combustibles. Un panelista no identificado describió así el mecanismo:
"se empezó a traspasar el aumento de los combustibles directamente al sector de transporte"
La conversación ilustró bien la diferencia entre efecto directo e indirecto. Además del transporte, el panel mencionó el impacto en alimentos y bebidas, un grupo muy dependiente del transporte terrestre en un país largo como Chile, donde los productos recorren grandes distancias por carretera antes de llegar al consumidor. Es un ejemplo concreto de cómo la geografía puede amplificar el canal indirecto.
Sobre el futuro, en el episodio se planteó que noviembre y diciembre deberían moderar la inflación anual hacia 4%. También se advirtió que el 12 de noviembre viene otro ajuste de combustibles, que podría prolongar el traspaso.
Relación con otros conceptos
El traspaso de combustibles es un caso particular del traspaso cambiario (exchange rate pass-through), con el que comparte la lógica y buena parte de la literatura. En una economía importadora de energía como la chilena, ambos fenómenos se superponen: una depreciación del peso encarece los combustibles aunque el precio del petróleo no cambie.
Se vincula también con la distinción entre inflación total e inflación subyacente. Los bancos centrales suelen excluir la energía y los alimentos de sus medidas de tendencia porque son volátiles. Lo que les importa es si el shock contamina el resto de la canasta, es decir, si aparecen efectos de segunda vuelta. Eso conecta el tema con las expectativas de inflación y con la credibilidad de la política monetaria: cuanto más ancladas estén las expectativas, menor es la persistencia del traspaso.
Por último, un alza de combustibles es el ejemplo de manual de shock de oferta. En el modelo de oferta y demanda agregada, este tipo de shock sube los precios y a la vez reduce la actividad, y enfrenta al banco central al dilema de la estanflación. La indexación de contratos, muy extendida en Chile a través de la UF, puede acelerar la propagación del shock hacia otros precios.
Fuentes y lecturas
- Blanchard, O. y Galí, J. (2007), The Macroeconomic Effects of Oil Price Shocks: Why Are the 2000s So Different from the 1970s?, NBER Working Paper 13368.
- Hamilton, J. D. (1983), "Oil and the Macroeconomy since World War II", Journal of Political Economy, 91(2).
- Hooker, M. A. (2002), "Are Oil Shocks Inflationary? Asymmetric and Nonlinear Specifications versus Changes in Regime", Journal of Money, Credit and Banking, 34(2).
- Kilian, L. (2008), "The Economic Effects of Energy Price Shocks", Journal of Economic Literature, 46(4). https://doi.org/10.1257/jel.46.4.871
- Taylor, J. B. (2000), "Low Inflation, Pass-Through, and the Pricing Power of Firms", European Economic Review, 44(7).