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Teoría

Absorción laboral de la migración

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

La absorción laboral de la migración es la capacidad de un mercado de trabajo para incorporar un aumento súbito de la fuerza laboral —los trabajadores que llegan desde otro país— en empleos productivos, sin que el ajuste se descargue en salarios más bajos, desempleo abierto o informalidad. La pregunta relevante casi nunca es si los migrantes trabajan: suelen hacerlo, y con tasas de participación más altas que las de los locales. La pregunta es dónde terminan trabajando y cuánto tarda la economía en acomodarlos.

El mecanismo básico es de manual. En el corto plazo el stock de capital está dado: más trabajadores sobre el mismo capital bajan la razón capital-trabajo, cae la productividad marginal del trabajo y aparece presión a la baja sobre los salarios de quienes compiten directamente con los recién llegados. En el largo plazo, sin embargo, esa misma caída eleva el retorno del capital y —si hay inversión— el stock crece, la razón capital-trabajo se restablece y el salario vuelve a su tendencia, con un producto agregado permanentemente mayor. La absorción es, en el fondo, una carrera entre dos velocidades: la del flujo migratorio y la de la acumulación de capital. Si la segunda se detiene, la primera no tiene dónde alojarse.

Dos correcciones al razonamiento intuitivo. La primera es la falacia del monto fijo de trabajo (lump of labor): la demanda laboral no es una torta repartible, porque quien llega también arrienda, consume y a veces contrata. La segunda es que "competir" no es un hecho binario. La evidencia empírica lleva treinta años discutiendo justamente eso: Card (1990) estudió el éxodo del Mariel —125 mil cubanos que engrosaron la fuerza laboral de Miami en torno a un 7% en meses— y no encontró efecto discernible sobre salarios ni desempleo de los trabajadores menos calificados; Borjas (2003) reordenó los datos por celdas de calificación y experiencia, y sí halló efectos negativos apreciables; Ottaviano y Peri (2012) mostraron que migrantes y nativos son sustitutos imperfectos, de modo que el golpe salarial recae sobre todo en los migrantes anteriores, no sobre los locales.

Falta la fricción. Ningún mercado empareja instantáneamente: hay búsqueda, credenciales que no se reconocen, redes de contacto que se construyen de a poco. Por eso una ola migratoria puede elevar el desempleo de manera transitoria aunque sea neutra en el largo plazo. Y falta la válvula: en economías con un sector formal protegido por salario mínimo, cotizaciones y costos de despido, el exceso de oferta no se descarga bajando el salario formal, sino desviándose al sector informal. Es la lógica que Harris y Todaro (1970) formalizaron para la migración campo-ciudad y que se traslada casi sin cambios al caso internacional, y la que Lewis (1954) había puesto antes en su forma más nítida: el sector moderno absorbe oferta de trabajo prácticamente ilimitada mientras acumule capital. Cuando deja de acumularlo, el empleo que igual se crea es el que no requiere capital —comercio callejero, servicios personales, plataformas—, y eso es exactamente lo que mide la tasa de informalidad.

Cómo lo explicó el programa

En Buenos Días Mercado del 15 de mayo de 2025 (bdm-2025-05-15), bajo el tema "Migración, informalidad y el origen tributario de la falta de inversión", el panel ordenó el deterioro del mercado laboral chileno en dos capas superpuestas. Arriba, una migración muy grande —legal e ilegal— que el mercado no fue capaz de absorber: 8,7% de desempleo y en torno a 25% de informalidad, contra el recuerdo de una época en que la mano de obra se reclutaba con megáfono en las obras. Abajo, sosteniendo todo lo anterior, la falta de inversión, cuyo origen el programa remontó a la reforma tributaria de Arenas y Bachelet, cuando —según su tesis— se estableció que daba lo mismo retirar o no retirar utilidades.

Ese orden causal es el aporte del segmento, y coincide con la teoría: la capa migratoria es un shock de oferta, y un shock de oferta solo se absorbe si la demanda de trabajo se está desplazando, es decir, si hay capital instalándose. Pepe Arias lo cerró con un aforismo que resume la endogeneidad de esa demanda: "no hay nadie más cobarde que un millón de dólares". El capital no espera a que la incertidumbre se despeje; se va antes.

Vale matizar dos cosas. La atribución del freno inversor a una reforma específica es una tesis del panel, no un consenso: la formación bruta de capital fijo responde también a términos de intercambio, tasa de interés y clima institucional, y separar esos efectos es un ejercicio econométrico exigente. Y la comparación con el megáfono toma como referencia un mercado laboral que estaba en exceso de demanda durante el auge de la construcción, o sea, mide contra un peak. Lo que la evidencia internacional sí sugiere es que el efecto salarial directo de la migración tiende a ser menor de lo que la intuición supone: la capa de abajo del diagnóstico del programa explica probablemente más que la de arriba.

Relación con otros conceptos

Se apoya directamente en la informalidad laboral, que aquí funciona como variable de ajuste antes que como patología independiente, y en la formación bruta de capital fijo, que fija el techo de cuánta gente puede emplearse con capital detrás. Por el lado del ajuste corto, conecta con el desempleo friccional y estructural y con los modelos de búsqueda y emparejamiento, que explican por qué la absorción toma trimestres y no semanas; y con la tasa natural de desempleo, contra la cual conviene leer un 8,7% antes de llamarlo crisis. Por el lado de la oferta, con el capital humano y la transferibilidad de credenciales, que determinan si el migrante compite con el nativo o lo complementa. Y por el lado del origen del freno, con la incidencia tributaria sobre utilidades retenidas y con la fuga de capitales, que es la forma que toma el aforismo de Arias cuando se mide.

Fuentes y lecturas

  • Card, D. (1990), The Impact of the Mariel Boatlift on the Miami Labor Market, Industrial and Labor Relations Review 43(2).
  • Borjas, G. (2003), The Labor Demand Curve Is Downward Sloping: Reexamining the Impact of Immigration on the Labor Market, Quarterly Journal of Economics 118(4).
  • Ottaviano, G. y Peri, G. (2012), Rethinking the Effect of Immigration on Wages, Journal of the European Economic Association 10(1).
  • Harris, J. y Todaro, M. (1970), Migration, Unemployment and Development: A Two-Sector Analysis, American Economic Review 60(1).
  • Borjas, G. (2016), Labor Economics, McGraw-Hill — el manual estándar del área; el capítulo de inmigración recorre el debate completo.

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