Teoría
Coordinación entre política fiscal y monetaria
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Qué es
La coordinación entre política fiscal y monetaria se refiere a cómo interactúan, y cómo deberían interactuar, las dos grandes palancas de la política macroeconómica. La política fiscal está a cargo del gobierno y opera mediante el gasto público, los impuestos y el endeudamiento. La política monetaria está a cargo del banco central y opera principalmente mediante la tasa de interés de referencia.
Ambas actúan sobre la demanda agregada, es decir, el gasto total de hogares, empresas y Estado en la economía. Si una la expande mientras la otra intenta contenerla, los efectos se anulan en parte y el ajuste se vuelve más costoso. Un ejemplo es un fisco que aumenta fuertemente su gasto mientras el banco central sube la tasa para enfriar la inflación. El resultado suele ser una tasa más alta de lo que habría sido necesaria, con más presión sobre el crédito, la inversión y el tipo de cambio.
La teoría moderna formalizó esta tensión. Sargent y Wallace (1981), en su célebre "aritmética monetarista desagradable", mostraron que el banco central no controla la inflación por sí solo. Si el gobierno mantiene déficits que no son sostenibles, tarde o temprano alguien tendrá que financiarlos. Si los mercados dejan de prestar, la presión recae sobre la emisión de dinero, y una política monetaria estricta hoy puede significar más inflación mañana.
Leeper (1991) ordenó esta idea con la distinción entre políticas "activas" y "pasivas":
- Bajo dominancia monetaria, el banco central fija su tasa con independencia y el fisco se ajusta (sube impuestos o recorta gasto) para mantener la deuda sostenible.
- Bajo dominancia fiscal, el gobierno fija su trayectoria de gasto y déficit, y es la política monetaria la que termina acomodándose.
La llamada teoría fiscal del nivel de precios, sistematizada por Cochrane (2023), lleva el argumento más lejos. Sostiene que el nivel de precios depende, en última instancia, de las expectativas sobre los superávits fiscales futuros.
Esto explica por qué muchos países, Chile incluido, separaron institucionalmente ambas funciones. La Ley Orgánica Constitucional del Banco Central (1989) le otorgó autonomía y le prohibió financiar al fisco. Desde 2001 la política fiscal se rige por una regla de balance estructural, y desde 2019 la supervisa un Consejo Fiscal Autónomo. El fundamento conceptual viene de Kydland y Prescott (1977): las reglas creíbles evitan la tentación de usar la política económica con fines de corto plazo y reducen el sesgo inflacionario.
Coordinación, entonces, no significa que el banco central obedezca al gobierno. Significa que cada autoridad actúe dentro de su mandato sin que una deshaga el trabajo de la otra.
Cómo lo explicó el programa
En el episodio del 20 de octubre de 2026 [bdm-2026-10-20], dedicado a la transmisión monetaria, la inflación de demanda versus la de costos y el gasto fiscal, Willy Díaz describió con claridad los límites de la política monetaria.
Explicó que, al subir la tasa, el banco central encarece el crédito de consumo, cae la demanda agregada y los precios se moderan. Ese mecanismo funciona contra la inflación de demanda. Frente a una inflación de costos, por ejemplo por alzas de energía o insumos importados, subir la tasa sirve menos: presionar los márgenes de las empresas puede terminar en cierres y desempleo sin atacar el origen del problema.
De ahí extrajo la conclusión central para este concepto. El Banco Central tiene una sola herramienta, y lo que falta es equilibrio fiscal, porque un gasto que crece más que el producto es inflacionario. Lo resumió en una frase:
"El gasto fiscal es 100% inflacionario." — Willy Díaz
La frase es deliberadamente tajante. Su fondo coincide con la literatura: si el gasto público crece persistentemente por sobre la capacidad de la economía, agrega presión de demanda que el banco central debe compensar con tasas más altas. En la práctica, el efecto inflacionario del gasto depende de cuánto crece respecto del producto, de cómo se financia y del grado de holgura de la economía.
Relación con otros conceptos
El concepto se apoya en la distinción entre inflación de demanda e inflación de costos, que determina qué herramienta es eficaz en cada caso. Se conecta directamente con el mecanismo de transmisión monetaria, es decir, los canales por los que la tasa de política llega al crédito, al consumo, a la inversión y al tipo de cambio.
También dialoga con la sostenibilidad de la deuda pública y con la restricción presupuestaria intertemporal del gobierno, que están en el corazón de los argumentos de Sargent, Wallace y Leeper.
La autonomía del banco central y la credibilidad de las reglas, sea una meta de inflación o una regla fiscal, son las respuestas institucionales al problema de coordinación.
El efecto desplazamiento (crowding out) describe cómo un mayor gasto público puede elevar las tasas y desplazar inversión privada. La equivalencia ricardiana plantea la pregunta opuesta: si los hogares anticipan impuestos futuros, ¿tiene el déficit algún efecto sobre la demanda?
Por último, el modelo IS-LM y su extensión a economía abierta, Mundell-Fleming, ofrecen el marco de manual para analizar la combinación de ambas políticas.
Fuentes y lecturas
- Sargent, T. J. y Wallace, N. (1981), "Some Unpleasant Monetarist Arithmetic", Federal Reserve Bank of Minneapolis Quarterly Review, 5(3).
- Leeper, E. M. (1991), "Equilibria under 'Active' and 'Passive' Monetary and Fiscal Policies", Journal of Monetary Economics, 27(1).
- Kydland, F. E. y Prescott, E. C. (1977), "Rules Rather than Discretion: The Inconsistency of Optimal Plans", Journal of Political Economy, 85(3).
- Cochrane, J. H. (2023), The Fiscal Theory of the Price Level, Princeton University Press.
- Blanchard, O. (2021), Macroeconomics, 8.ª ed., Pearson.