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Teoría

Inflación de demanda

Visto en 10 apariciones de los programas.

Qué es

La inflación de demanda es un alza sostenida del nivel general de precios originada porque el gasto agregado —consumo, inversión, gasto público y demanda externa— crece más rápido que la capacidad de la economía para producir bienes y servicios a los precios vigentes. En el lenguaje de oferta y demanda agregadas: la curva de demanda se desplaza hacia la derecha contra una oferta que, cerca del pleno empleo, se vuelve cada vez más rígida. El exceso de gasto no puede resolverse produciendo más, así que se resuelve cobrando más.

La formulación canónica la dio Keynes (1940) con la idea de brecha inflacionaria: si el gasto planeado a pleno empleo supera el valor de la producción disponible a precios corrientes, la diferencia no desaparece, se cierra por precios. El mecanismo microeconómico es intuitivo. Una empresa que opera al 70% de su capacidad y recibe más pedidos responde con volumen. La misma empresa al 95%, con proveedores retrasados y sin gente disponible para contratar, responde con precio. Agregue eso a lo largo de la economía y tiene inflación.

El canal laboral cierra el círculo. Cuando el desempleo cae por debajo de su nivel compatible con inflación estable, los salarios se aceleran, los costos suben y las empresas los traspasan. Phillips (1958) documentó empíricamente esa relación entre desempleo y variación de salarios nominales, pero la lectura ingenua —que existe un menú permanente entre inflación y desempleo— fue desarmada por Phelps (1967) y Friedman (1968): una vez que los agentes incorporan la inflación esperada en sus contratos, el intercambio se disuelve y la curva de largo plazo es vertical. De ahí la distinción práctica más importante del concepto: una inflación de demanda con expectativas ancladas se desinfla con relativamente poco costo; una con expectativas desancladas se vuelve autosostenida y exige una recesión para quebrarla.

Las fuentes del impulso son varias y suelen combinarse: política fiscal expansiva, tasas de interés reales por debajo de la tasa neutral, crédito abundante, efectos riqueza por alzas de activos, o un auge de inversión privada. La tradición monetarista añade una condición necesaria: para que el alza de precios sea sostenida y no un ajuste de una vez, tiene que haber acomodación monetaria detrás.

El criterio de diagnóstico —y esto es lo que separa el concepto de su gemelo, la inflación de costos— está en cómo se mueven precios y cantidades juntos. En la inflación de demanda suben ambos: producto por sobre su potencial, desempleo bajo, alzas transversales a muchos sectores en lugar de concentradas en unos pocos. En un shock de oferta suben los precios y cae la cantidad, la firma característica de la estanflación. Sobre esa lógica se construyeron las descomposiciones empíricas que hoy usan los bancos centrales, como la de Shapiro (2022) para el gasto de consumo en Estados Unidos, o el ejercicio de Blanchard y Bernanke (2023) sobre la inflación pospandemia.

La distinción no es académica: define el tratamiento. Si el problema es demanda, subir la tasa ataca la causa directamente. Si es oferta, la tasa solo funciona destruyendo demanda para compensar una capacidad que se perdió por otro motivo, y el manual sugiere mirar más allá del efecto de primera ronda mientras las expectativas aguanten.

Cómo lo explicó el programa

En Buenos Días Mercado del 30 de julio de 2026 (bdm-2026-07-30), al discutir qué tipo de inflación enfrenta hoy Estados Unidos, Pepe Arias puso el dedo exactamente en esa distinción para explicar por qué el comité de política monetaria está dividido: "no es que unos miembros del comité vean datos distintos a los demás. Es que están interpretando de forma distinta qué tipo de inflación".

El argumento del programa fue que el episodio actual no se parece al de 2022 —aquel sí empujado por exceso de demanda y dinero barato—, sino a una combinación incómoda: un shock de oferta energética derivado del conflicto en Medio Oriente, superpuesto a una economía en expansión por la inversión masiva en inteligencia artificial, que genera cuellos de botella de capacidad y de talento cuya duración nadie conoce.

Es un caso de manual para entender por qué el concepto importa. El componente de IA es inflación de demanda de libro: gasto que crece más rápido que la capacidad instalada, con la escasez apareciendo primero en el factor menos elástico a corto plazo, que es la gente calificada. El componente energético es lo contrario. Coexisten en el mismo dato de IPC, y el diagnóstico define si la respuesta correcta es apretar o esperar.

Relación con otros conceptos

Su contraparte directa es la inflación de costos, donde el impulso viene del lado de la oferta. Ambas se articulan en el modelo de oferta y demanda agregadas y se miden, en la práctica, contra la brecha del producto y la NAIRU. La curva de Phillips aumentada por expectativas es el puente entre el mercado laboral y los precios, y las expectativas de inflación determinan si el episodio es transitorio o persistente. Por el lado monetario, se conecta con la teoría cuantitativa del dinero y con la tasa de interés natural, referencia contra la cual se juzga si la política está siendo expansiva. Cuando ambas presiones se retroalimentan aparecen la espiral precios-salarios y, si domina la de costos, la estanflación.

Fuentes y lecturas

  • Keynes, J. M. (1940), How to Pay for the War, Macmillan.
  • Friedman, M. (1968), "The Role of Monetary Policy", American Economic Review, 58(1).
  • Blanchard, O. (2021), Macroeconomics, 8ª ed., Pearson.
  • Mankiw, N. G. (2019), Macroeconomics, 10ª ed., Worth Publishers.
  • Blanchard, O. y Bernanke, B. (2023), "What Caused the U.S. Pandemic-Era Inflation?", NBER Working Paper 31417. https://doi.org/10.3386/w31417

Apariciones