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Teoría

Cuota de captura como instrumento de manejo pesquero

Visto en 1 aparición de los programas.

Qué es

Una cuota de captura es un límite cuantitativo, fijado por la autoridad, sobre la cantidad de biomasa que puede extraerse de una pesquería en un período determinado —típicamente un año calendario—. Es el instrumento central del manejo pesquero moderno y existe porque los recursos pesqueros son el caso de manual de un recurso de acceso abierto: un bien rival (el pez que yo saco no lo saca nadie más) pero no excluible (impedir que otro pesque en alta mar es caro o imposible).

Esa combinación produce lo que Garrett Hardin popularizó como la "tragedia de los comunes" (Hardin, 1968), aunque el argumento económico formal es anterior y más preciso: H. Scott Gordon demostró que, bajo acceso abierto, el esfuerzo pesquero se expande hasta que la renta económica del recurso se disipa por completo (Gordon, 1954). El pescador individual compara su ingreso con su costo medio, no con el costo marginal que impone al resto —cada barco adicional reduce la captura por unidad de esfuerzo de todos los demás—, de modo que el equilibrio competitivo termina con demasiados barcos capturando demasiado poco pescado cada uno. La renta que el recurso podía generar se convierte en gasto de combustible y depreciación de flota. Anthony Scott extendió el argumento mostrando que la propiedad unificada del recurso internaliza esa externalidad y restaura el incentivo a conservar (Scott, 1955).

La cuota es la respuesta regulatoria a ese problema. Su fundamento biológico es el modelo de rendimiento máximo sostenible (RMS): una población que crece según una curva logística tiene una tasa de crecimiento máxima en un nivel intermedio de biomasa, y extraer exactamente ese crecimiento deja el stock estable indefinidamente. La formalización bioeconómica estándar —que acopla la dinámica poblacional con las decisiones de inversión y esfuerzo— es de Colin Clark (Clark, 1990), quien además mostró un resultado incómodo: cuando la tasa de descuento del propietario supera la tasa intrínseca de crecimiento de la especie, la extinción comercial puede ser la estrategia privadamente óptima. El manejo pesquero no es solo un problema de coordinación; a veces es un problema de horizonte temporal.

Ahora bien, una cuota agregada —lo que la literatura llama Total Allowable Catch o TAC— resuelve la sobreexplotación biológica pero no la disipación de renta. Si la cuota es un pozo común que se cierra cuando se agota, cada flota tiene incentivo a capturar primero: es la llamada "carrera por el pescado", que produce temporadas absurdamente cortas, sobreinversión en capacidad y pescado de peor calidad descargado todo el mismo mes. Por eso el diseño moderno asigna cuotas individuales transferibles (ITQs), que reparten el TAC en fracciones negociables. Al volver la cuota un activo con valor de reventa, el titular internaliza el valor futuro del stock. La evidencia empírica es relativamente fuerte: Costello, Gaines y Lynham encontraron que las pesquerías bajo derechos de captura tienen una probabilidad sustancialmente menor de colapsar (Costello, Gaines & Lynham, 2008).

Tres advertencias sobre el instrumento. Primera: una cuota no es una captura. Es un techo, no un piso ni un pronóstico; que no se extraiga puede deberse a falta de flota, a precios bajos, a costos de operación, o a que el recurso simplemente ya no esté ahí. Segunda: la cuota vale lo que vale el dato que la sustenta. Se fija sobre estimaciones de biomasa que tienen error, y la ciencia pesquera arrastra el problema del shifting baseline —cada generación toma como normal el stock degradado que heredó (Pauly, 1995)—. Tercera, y decisiva para especies migratorias: una cuota solo obliga dentro de la jurisdicción que la dicta. Un recurso que cruza la frontera de la zona económica exclusiva hacia aguas internacionales queda, del otro lado de la línea, gobernado por el acceso abierto que la cuota pretendía corregir. Elinor Ostrom mostró que los comunes sí pueden manejarse sin privatización ni estatización, pero bajo condiciones exigentes —límites claros, monitoreo creíble, sanciones graduadas— que las organizaciones regionales de ordenamiento pesquero cumplen de manera muy imperfecta (Ostrom, 1990).

Cómo lo explicó el programa

El 15 de septiembre de 2026, Buenos Días Mercado dedicó un bloque al calamar gigante —la jibia— bajo el título "El desbalance de la jibia: la cuota que Chile no usa". Los datos que expuso el panel provienen de la SPRFMO, la organización supranacional que reúne a 17 países para el ordenamiento del Pacífico Sur: China capturó 600 mil toneladas de calamar gigante en 2024, superando largamente a Perú, y pasó de 260 barcos en esa zona en 2014 a 528 en 2024. Chile, en cambio, tiene una cuota de 200 mil toneladas y no extrae más de 100 mil.

Pepe Arias lo resumió sin adornos: "Chile no es capaz de extraer más de 100 mil, o sea nosotros extraemos la mitad de la cuota".

El valor del bloque está en la pregunta que sigue, y que el programa formuló con precisión: si no se extrae, ¿es por falta de industria o porque el recurso ya no está, capturado un metro más allá de la línea? Son dos diagnósticos con políticas opuestas. Si el problema es capacidad instalada, la respuesta es de inversión, arte de pesca y regulación doméstica. Si el problema es que la flota de aguas distantes está cosechando el mismo stock justo afuera de la ZEE, entonces la cuota chilena no es un instrumento de conservación sino una autolimitación unilateral: Chile deja de pescar y otro pesca lo mismo, sin que el stock gane nada. Es exactamente el fallo de coordinación que la teoría de los comunes predice cuando la regla se aplica a un subconjunto de los usuarios. La duplicación de la flota china en diez años, medida por la propia organización supranacional, es el dato que hace verosímil la segunda lectura.

Relación con otros conceptos

El concepto se apoya en la tragedia de los comunes y, más atrás, en la teoría de las externalidades y los derechos de propiedad: la cuota individual transferible es un primo directo de los permisos transables de emisión, y ambos descienden del mismo razonamiento sobre asignar derechos donde el mercado no los creó. Se conecta con la renta de recursos naturales, porque lo que la sobreexplotación destruye es precisamente esa renta, y con el problema del polizón en su versión internacional, que es lo que hace frágil cualquier acuerdo pesquero multilateral. La dimensión temporal lo emparenta con la tasa de descuento y la explotación óptima de recursos agotables. Y en el caso chileno toca la ventaja comparativa y el debate sobre valor agregado en recursos naturales: extraer la mitad de la cuota es, simultáneamente, un problema de conservación y uno de capacidad productiva instalada.

Fuentes y lecturas

  • Gordon, H. S. (1954), The Economic Theory of a Common-Property Resource: The Fishery, Journal of Political Economy 62(2).
  • Scott, A. (1955), The Fishery: The Objectives of Sole Ownership, Journal of Political Economy 63(2).
  • Hardin, G. (1968), The Tragedy of the Commons, Science 162(3859).
  • Clark, C. W. (1990), Mathematical Bioeconomics: The Optimal Management of Renewable Resources, Wiley (2ª ed.).
  • Ostrom, E. (1990), Governing the Commons: The Evolution of Institutions for Collective Action, Cambridge University Press.
  • Costello, C., Gaines, S. & Lynham, J. (2008), Can Catch Shares Prevent Fisheries Collapse?, Science 321(5896).

Apariciones