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Teoría

Desacople entre población y demanda de energía

Visto en 4 apariciones de los programas.

Qué es

Dos variables están acopladas cuando se mueven juntas en una proporción más o menos estable, de modo que conocer una permite proyectar la otra. Durante buena parte del siglo XX la población mundial y el consumo de energía se comportaron así: crecer en habitantes era, en la práctica, crecer en barriles. El desacople es la ruptura de esa proporción, y se lo suele distinguir en dos grados: relativo, cuando la energía sigue creciendo pero más lento que su motor histórico, y absoluto, cuando derechamente deja de seguirlo o va en sentido contrario.

La herramienta estándar para verlo no es una correlación, sino una descomposición. La identidad de Kaya (Kaya y Yokobori, 1997), heredera directa de la identidad IPAT de Ehrlich y Holdren (1971), escribe el consumo agregado como un producto de factores:

Energía = Población × (PIB / Población) × (Energía / PIB)

La igualdad es contable, no una teoría: se cumple siempre. Su utilidad es que obliga a preguntarse cuál de los tres términos manda. Y ahí está el punto: la población es el factor que más lento se mueve y más predecible es —crece o decrece unas décimas al año, con inercia de décadas—, mientras que el producto por habitante y la intensidad energética (cuánta energía se necesita por unidad de PIB) se mueven mucho más rápido y en direcciones opuestas. Un país que se industrializa puede duplicar su PIB per cápita en quince años; la intensidad energética mundial, en paralelo, viene cayendo del orden de 1% a 2% anual por eficiencia y por el peso creciente de los servicios. Cuando dos términos volátiles dominan la varianza, el término demográfico deja de explicar y pasa a ser apenas un multiplicador de fondo.

El mecanismo económico detrás del segundo factor tiene forma de S, no de recta. En ingresos bajos, la energía per cápita apenas se mueve; en el tramo medio del desarrollo —motorización, urbanización, electrodomésticos, cadena de frío— se dispara; en ingresos altos satura y a veces retrocede. El caso mejor documentado es el parque automotor: Dargay, Gately y Sommer (2007) estimaron curvas de tenencia de vehículos por ingreso para más de un centenar de países y encontraron precisamente esa elasticidad alta en el tramo intermedio y plana en el superior. De ahí que un mismo +1% de población signifique cosas radicalmente distintas según dónde ocurra: un habitante adicional en un país de renta alta arrastra varias veces la energía de uno en un país de renta baja.

Conviene además una advertencia que se salta a menudo: el desacople no es sinónimo de ahorro. Jevons (1865) ya había observado que las mejoras de eficiencia en el uso del carbón aumentaban su consumo total en vez de reducirlo, porque abarataban el servicio energético y ampliaban su uso. La caída de la intensidad energética por unidad de producto convive perfectamente con un consumo absoluto en alza.

Cómo lo explicó el programa

El desacople fue el eje de la edición de Buenos Días Mercado del 27 de julio de 2026, a propósito de un dato incómodo para los modelos demográficos de demanda: entre 2000 y 2024 el consumo mundial de petróleo subió alrededor de 33% y la población 27%, cifras casi indistinguibles en el agregado. Pero, como planteó Pepe Arias, adentro conviven trayectorias opuestas: China multiplicó por tres su consumo con una población prácticamente plana, Estados Unidos lo mantuvo estancado mientras sumaba habitantes, y Chile —país de desarrollo intermedio— se movió pegado a su demografía. Su síntesis fue la frase que da nombre a este concepto: "La demanda de petróleo dejó de ser una historia de demografía para convertirse en una historia de desarrollo económico". Es, en el lenguaje de la sección anterior, la constatación de que el término de PIB per cápita se comió al término de población.

En el mismo episodio, Juan José Lavín empujó la implicancia hacia adelante: el factor poblacional está en declinación en casi todo el mundo, y en el corto y mediano plazo Chile y varios países europeos van a decrecer en habitantes. Como los derivados del petróleo se consumen en gran parte en la vida cotidiana de las personas —el auto, la calefacción—, "mientras menos personas… y por ende potencialmente mucho menos demanda en términos de los hidrocarburos".

Las dos lecturas parecen apuntar en direcciones contrarias y en realidad se complementan, pero solo si se las lee con la descomposición en la mano. Si la población dejó de explicar la demanda, su caída tampoco la reduce mecánicamente: el efecto depende del nivel de consumo per cápita que ese factor multiplica. Por eso el argumento de Lavín es más fuerte justamente donde Arias muestra la demanda saturada —Europa, Japón, Chile en su tramo actual—, y es débil donde el desarrollo todavía tiene recorrido: en esos países, un habitante menos apenas mueve la aguja frente a un habitante que pasa de la bicicleta al automóvil. El envejecimiento, además, no solo resta personas: recompone la canasta —menos desplazamiento laboral, más calefacción y salud—, con lo que puede bajar el consumo de combustible sin bajar el de energía.

Relación con otros conceptos

Es el caso particular, aplicado a la energía, del crecimiento económico como fenómeno distinto del crecimiento poblacional: lo que se desacopló es el ingreso por habitante, no la actividad. Se apoya en la elasticidad ingreso de la demanda —alta en el tramo medio del desarrollo, cercana a cero en el alto— y en la saturación de bienes durables. La caída de la intensidad energética conecta con el cambio estructural hacia servicios y con la curva ambiental de Kuznets (Grossman y Krueger, 1995). Por el lado del riesgo, dialoga con el efecto rebote y con la transición demográfica, que fija el sendero del factor poblacional. Para un país exportador o importador de energía, además, el desacople gobierna la elasticidad de largo plazo de la demanda, que es lo que determina si un shock de precios es transitorio o estructural.

Fuentes y lecturas

  • Ehrlich, P. y Holdren, J. (1971), Impact of Population Growth, Science, vol. 171, pp. 1212-1217.
  • Kaya, Y. y Yokobori, K. (eds.) (1997), Environment, Energy, and Economy: Strategies for Sustainability, United Nations University Press. Presentación de la identidad de Kaya: https://en.wikipedia.org/wiki/Kaya_identity
  • Ang, B. W. (2005), The LMDI approach to decomposition analysis: a practical guide, Energy Policy, vol. 33. El método hoy estándar para separar los factores de un cambio en el consumo energético.
  • Dargay, J., Gately, D. y Sommer, M. (2007), Vehicle Ownership and Income Growth, Worldwide: 1960-2030, The Energy Journal, vol. 28.
  • Smil, V. (2017), Energy and Civilization: A History, MIT Press. La perspectiva larga del acople entre población, riqueza y energía.
  • Energy Institute, Statistical Review of World Energy (anual). La serie de consumo por país y combustible que sostiene comparaciones como las del episodio.

Apariciones