Teoría
Estacionalidad de la inflación
Visto en 3 apariciones de los programas.
Qué es
La estacionalidad de la inflación es el componente regular y repetitivo dentro del año que aparece en la variación de los precios: patrones que se repiten en los mismos meses, año tras año, por razones de calendario y de costumbre, y no porque la economía se esté recalentando o enfriando.
Formalmente, cualquier serie de precios se puede descomponer en cuatro piezas: tendencia, ciclo, componente estacional e irregular. Esa descomposición es la base de los métodos de desestacionalización que se usan hasta hoy: el programa X-11 del Census Bureau estadounidense (Shiskin, Young y Musgrave, 1967) y sus descendientes, X-12 y X-13ARIMA-SEATS, que combinan filtros de medias móviles con un modelo ARIMA para extender la serie en los extremos. La discusión econométrica moderna sobre si la estacionalidad es determinística (una constante por mes) o estocástica —una raíz unitaria en frecuencias estacionales, con el test de Hylleberg, Engle, Granger y Yoo (1990)— está sistematizada en Hylleberg (1992) y en Ghysels y Osborn (2001).
Lo importante para leer un dato de IPC es que la estacionalidad no es ruido ni error. Barsky y Miron (1989) mostraron que el ciclo estacional explica una fracción enorme de la varianza del producto en Estados Unidos —comparable o mayor que el ciclo económico— y que las regularidades entre variables (producto, empleo, precios) se parecen mucho en ambas frecuencias. Es decir: es un movimiento económico real, perfectamente previsible, que simplemente no contiene información nueva sobre el estado de la economía.
De ahí se derivan tres consecuencias prácticas. Primera: comparar un mes contra el mes anterior mezcla señal con calendario. Segunda: la variación en doce meses elimina casi toda la estacionalidad de manera automática, porque compara marzo con marzo, y por eso es la métrica de referencia para las metas de inflación. Tercera: cuando se quiere mirar el impulso reciente sin esperar un año, se usa la serie desestacionalizada, o su variación trimestral anualizada, o medidas subyacentes que excluyen los componentes más volátiles.
El caso chileno tiene, además, una estacionalidad institucional: buena parte del calendario de precios está fijado por normas y contratos —el año escolar, el pago de permisos de circulación y patentes, los reajustes anuales de tarifas— y no por decisiones dispersas de miles de agentes. Eso la vuelve más nítida y más previsible que en economías donde el calendario de reajustes está más repartido.
Cómo lo explicó el programa
En el episodio del 31 de julio de 2026 de Buenos Días Mercado, el panel dedicó un bloque a por qué el año chileno de inflación tiene forma propia. La tesis fue que el IPC no se reparte parejo entre los doce meses: marzo sube naturalmente por matrículas y gastos de colegio, patentes y permisos de circulación, y existe un segundo bloque sistemático entre septiembre y diciembre en que la inflación tiende a correr por encima del resto del año.
Willy Díaz lo resumió sin tecnicismos: "hay meses que naturalmente sube por distintas razones". La palabra clave es naturalmente: no es un shock, es el calendario.
La conclusión operativa que sacó el programa es la que interesa para leer datos: el análisis correcto de lo que viene es trimestral, no mes a mes. Un IPC alto en marzo o en octubre no prueba que la inflación se esté desanclando, igual que un IPC bajo en un mes flojo no prueba que esté cediendo. Es la misma lógica que está detrás de la desestacionalización formal, dicha en términos de sobremesa: hay que descontar lo que ya se sabía que iba a pasar antes de sacar conclusiones.
Relación con otros conceptos
La estacionalidad es la razón de ser de la inflación subyacente: si el objetivo es leer la presión de fondo, hay que separarla tanto de los movimientos estacionales como de los componentes volátiles —alimentos frescos y energía— cuyo comportamiento tampoco informa sobre la tendencia. Se conecta también con el efecto base y el arrastre estadístico: cuando la comparación interanual se hace contra un mes anómalo del año previo, la variación en doce meses se mueve sin que haya pasado nada nuevo en el mes corriente.
Del lado de la política monetaria, importa porque el régimen de metas de inflación está definido sobre la variación en doce meses justamente para no perseguir el calendario, y porque las expectativas de inflación de mercado se leen contra el patrón estacional esperado, no contra cero. En Chile, además, la indexación vía UF traslada la estacionalidad del IPC a arriendos, créditos y contratos con un mes de rezago, lo que la vuelve un dato de bolsillo y no solo estadístico. Finalmente, es el mismo tratamiento que se aplica a la actividad: el Imacec se publica desestacionalizado por idéntica razón.
Fuentes y lecturas
- Barsky, R. y Miron, J. (1989), "The Seasonal Cycle and the Business Cycle", Journal of Political Economy, 97(3).
- Shiskin, J., Young, A. y Musgrave, J. (1967), The X-11 Variant of the Census Method II Seasonal Adjustment Program, Technical Paper No. 15, U.S. Bureau of the Census.
- Hylleberg, S. (ed.) (1992), Modelling Seasonality, Oxford University Press.
- Ghysels, E. y Osborn, D. (2001), The Econometric Analysis of Seasonal Time Series, Cambridge University Press.
- Carlomagno, G. y Sansone, A. (2019), Marco metodológico para el análisis de medidas de inflación subyacente para Chile, Documentos de Trabajo, Banco Central de Chile.