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Teoría

Gobierno dividido y desempeño bursátil

Visto en 2 apariciones de los programas.

Qué es

Hay gobierno dividido cuando el Poder Ejecutivo queda en manos de un partido y el Legislativo, en todo o en parte, en manos de otro. En Estados Unidos ocurre cuando el partido del presidente no controla la Cámara de Representantes, el Senado o ninguna de las dos. Las elecciones de medio término lo vuelven frecuente, porque el partido del presidente suele perder escaños en ellas.

La idea de que el gobierno dividido le hace bien a la bolsa tiene una base teórica sencilla. Si dos actores con poder de veto deben ponerse de acuerdo, cuesta más cambiar la ley. Tsebelis (2002) lo formalizó en su teoría de los jugadores con veto: mientras más actores pueden bloquear una decisión y más lejos están sus preferencias, más estable es el statu quo. Para un inversionista, esa estabilidad tiene valor. Hay menos riesgo de que cambien bruscamente los impuestos, la regulación o el gasto, y un flujo de caja futuro con menos incertidumbre de política se descuenta a una tasa más baja.

Alesina y Rosenthal (1995) agregan otro ángulo con su modelo de votantes moderados que equilibran. Una parte del electorado reparte su voto entre el Ejecutivo y el Congreso justamente para que ningún partido imponga su programa completo, y así consigue políticas más cercanas al centro de las que obtendría con gobierno unificado. Visto así, el gobierno dividido no es un accidente. Es un resultado que una parte de los votantes busca a propósito. Fiorina (1992) desarrolló una explicación parecida desde la ciencia política.

El paso de esta teoría a la bolsa tiene un matiz importante: la evidencia empírica es menos limpia que la intuición. Mayhew (1991) mostró que los gobiernos divididos de la posguerra aprobaron una cantidad de leyes importantes comparable a la de los unificados, así que la parálisis no es tan automática como se supone. Santa-Clara y Valkanov (2003) estudiaron la relación entre política y retornos en Estados Unidos y encontraron diferencias asociadas sobre todo al partido del presidente. El control del Congreso no les dio una señal comparable. La regularidad de que la bolsa rinde más con gobierno dividido viene en buena parte de estadísticas de analistas de mercado más que de estudios académicos, y descansa en una muestra chica: desde 1950 hubo menos de veinte elecciones de medio término. Con tan pocas observaciones, una diferencia de promedios puede reflejar el ciclo económico, la política monetaria o el azar tanto como la composición del Congreso.

Por eso la lectura prudente es esta: el mecanismo (menor incertidumbre de política y menos cambios bruscos) está bien fundado en la teoría. La magnitud y la estabilidad del efecto sobre los retornos son una pregunta abierta.

Cómo lo explicó el programa

En Buenos Días Mercado del 6 de octubre de 2026 (bdm-2026-10-06), en el bloque sobre las elecciones de medio término en Estados Unidos, Manuel Bengolea planteó que, desde 1950, la bolsa estadounidense ha rendido más cuando el gobierno pierde el control de ambas cámaras. Su explicación fue la del contrapeso: la bolsa se porta mejor, dijo, "cuando el gobierno pierde ambas mayorías porque le pone un freno de estabilidad".

Bengolea agregó que con Trump en la Casa Blanca ese equilibrio le parece especialmente deseable. Su argumento es que, mientras más alta sea la incertidumbre que el mercado asocia a un Ejecutivo, más valor tiene un Congreso que limite su capacidad de cambiar las reglas por su cuenta. Eso calza con la lógica de los jugadores con veto. El supuesto implícito es que un Congreso opositor bloquea las medidas que más preocupan al mercado, y eso depende de qué medidas pasan por el Congreso y cuáles se adoptan por vía ejecutiva, como los aranceles o las órdenes presidenciales.

Relación con otros conceptos

El concepto se apoya en la incertidumbre de política económica. Baker, Bloom y Davis (2016) construyeron un índice para medirla y mostraron que sus alzas se asocian con menos inversión y empleo. Pástor y Veronesi (2013) modelaron cómo esa incertidumbre política se traduce en una prima por riesgo más alta y en mayor volatilidad. Si el gobierno dividido reduce la incertidumbre, debería bajar esa prima y subir las valoraciones.

También conecta con los ciclos político-económicos: Alesina, Roubini y Cohen (1997) estudiaron cómo los calendarios electorales y la alternancia partidaria se reflejan en la actividad y la inflación. Las regularidades bursátiles de medio término son parientes de esa literatura. Toca además la independencia de las instituciones y la credibilidad de la política: un Congreso que frena al Ejecutivo cumple, para el gasto y los impuestos, un papel parecido al de un banco central autónomo para la política monetaria, que es atar las manos de quien podría actuar con miras de corto plazo.

Por último, conviene leerlo junto a la hipótesis de mercados eficientes. Si el resultado de una elección de medio término es predecible por encuestas y mercados de predicción, una parte del efecto ya estaría en los precios antes de la votación. Lo que mueve a la bolsa la noche de la elección es la sorpresa, no el resultado esperado.

Fuentes y lecturas

  • Alesina, A. y Rosenthal, H. (1995), Partisan Politics, Divided Government, and the Economy, Cambridge University Press.
  • Tsebelis, G. (2002), Veto Players: How Political Institutions Work, Princeton University Press.
  • Mayhew, D. R. (1991), Divided We Govern: Party Control, Lawmaking, and Investigations, 1946–1990, Yale University Press.
  • Santa-Clara, P. y Valkanov, R. (2003), "The Presidential Puzzle: Political Cycles and the Stock Market", Journal of Finance, 58(5).
  • Baker, S. R., Bloom, N. y Davis, S. J. (2016), "Measuring Economic Policy Uncertainty", Quarterly Journal of Economics, 131(4).

Apariciones