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Teoría

Horizonte de inversión y tolerancia al riesgo

Visto en 3 apariciones de los programas.

Qué es

El horizonte de inversión es el plazo durante el cual una persona espera mantener invertido su dinero antes de necesitarlo: para jubilarse, comprar una vivienda o pagar estudios. La tolerancia al riesgo es la capacidad y la disposición de esa persona para soportar fluctuaciones, incluidas pérdidas temporales, en el valor de sus inversiones a cambio de una mayor rentabilidad esperada.

Conviene distinguir dos dimensiones de la tolerancia al riesgo:

  • Capacidad de asumir riesgo (objetiva): depende del horizonte, de los ingresos futuros, del patrimonio y de las obligaciones. Quien necesita el dinero el próximo año tiene poca capacidad de esperar a que el mercado se recupere.
  • Disposición a asumir riesgo (subjetiva): es la preferencia personal, lo que en economía se llama aversión al riesgo. Su formalización clásica es la medida de Arrow-Pratt, que cuantifica cuánto rendimiento adicional exige un individuo para aceptar incertidumbre (Pratt, 1964; Arrow, 1965).

El punto de partida de la teoría moderna de carteras es el enfoque media-varianza de Markowitz (1952). El inversionista elige entre combinaciones de activos según su rentabilidad esperada y su varianza, y su aversión al riesgo determina en qué punto de la frontera eficiente se ubica. En ese modelo original, sin embargo, hay un solo período, y el horizonte no aparece explícitamente.

¿Debe un inversionista joven tener más renta variable que uno mayor? La respuesta teórica es menos obvia de lo que parece. Samuelson (1969) y Merton (1969) demostraron que, bajo ciertos supuestos (aversión relativa al riesgo constante y retornos independientes entre períodos), la proporción óptima en activos riesgosos no depende del horizonte. Samuelson (1963) ya había advertido sobre la "falacia de los grandes números": aunque la rentabilidad promedio anual se vuelve menos dispersa en plazos largos, la dispersión de la riqueza final en pesos no disminuye.

Si la teoría pura no justifica por sí sola la regla intuitiva, ¿por qué se sostiene en la práctica? La literatura posterior ofrece varias razones:

  1. Capital humano. Para una persona joven, sus ingresos laborales futuros funcionan como un activo relativamente estable, parecido a un bono. Por eso puede compensarlo con más renta variable en su cartera financiera. Además, tiene más margen para ajustar cuánto trabaja o ahorra si las inversiones van mal (Bodie, Merton y Samuelson, 1992).
  2. Reversión a la media. Si los retornos accionarios tienden a compensarse en el tiempo, la renta variable resulta relativamente menos riesgosa en plazos largos (Campbell y Viceira, 2002). Siegel (1994) popularizó esta idea con datos históricos de Estados Unidos, aunque su grado de validez sigue en discusión.
  3. Necesidad de liquidez cercana. A medida que se acerca la fecha en que se necesitará el dinero, una caída fuerte deja menos tiempo para recuperarse. Esto reduce la capacidad de asumir riesgo.

Estas ideas fundamentan los esquemas de ciclo de vida, que trasladan gradualmente la cartera desde activos más riesgosos hacia activos más estables. El sistema chileno de multifondos aplica esta lógica: asigna por defecto fondos más riesgosos a los afiliados jóvenes y los mueve hacia fondos más conservadores a medida que se acercan a la edad de pensión.

Cómo lo explicó el programa

En el episodio [bdm-2026-10-15] (15 de octubre de 2026), dedicado al tema "Riesgo y horizonte de inversión en los multifondos", se explicó cómo la variabilidad disminuye desde el fondo A, con mayor proporción de renta variable, hasta el fondo E, concentrado en renta fija.

Willy Díaz conectó directamente esa volatilidad con el horizonte del afiliado:

"Esa variabilidad para el que tiene invertido su plata en el fondo A, entre comillas, no es problema."

El argumento es que los afiliados jóvenes tienen tiempo para recuperarse de las caídas. Esto coincide con la idea de capacidad de asumir riesgo descrita más arriba. Que lo diga "entre comillas" es un matiz relevante: la volatilidad sigue existiendo y se siente en el saldo de la cuenta, pero su costo real depende de cuándo se necesita el dinero.

En el mismo episodio se agregó una observación sobre la renta fija: mantiene su flujo aunque cambie su valorización. Un bono sigue pagando los cupones pactados aunque su precio de mercado suba o baje con las tasas de interés. Quien lo mantiene hasta el vencimiento recibe esos flujos, salvo que el emisor caiga en incumplimiento. Por eso los fondos con más renta fija resultan más adecuados para quienes tienen un horizonte corto.

Relación con otros conceptos

El horizonte y la tolerancia al riesgo se apoyan en la diversificación y en la frontera eficiente, que definen las combinaciones de activos entre las que se elige. La tolerancia al riesgo se formaliza mediante la aversión al riesgo y la función de utilidad del inversionista. La justificación de exigir mayor rentabilidad por asumir volatilidad es la prima por riesgo de la renta variable.

En plazos largos cobra importancia el capital humano como componente del patrimonio total. Cerca del retiro, en cambio, pesa el riesgo de secuencia de retornos: una caída fuerte justo antes o al inicio de la jubilación causa más daño que la misma caída décadas antes.

En la renta fija, la sensibilidad del precio a las tasas se mide con la duración. Esta se vincula con el horizonte mediante la estrategia de inmunización, que calza la duración de los activos con el plazo en que se necesitarán los fondos. Por último, el interés compuesto explica por qué el tiempo amplifica tanto las ganancias como el costo de oportunidad de una cartera demasiado conservadora.

Fuentes y lecturas

  • Markowitz, H. (1952), "Portfolio Selection", The Journal of Finance, 7(1), 77–91. https://doi.org/10.1111/j.1540-6261.1952.tb01525.x
  • Samuelson, P. A. (1969), "Lifetime Portfolio Selection by Dynamic Stochastic Programming", The Review of Economics and Statistics, 51(3), 239–246.
  • Bodie, Z., Merton, R. C. y Samuelson, W. F. (1992), "Labor Supply Flexibility and Portfolio Choice in a Life Cycle Model", Journal of Economic Dynamics and Control, 16(3–4), 427–449.
  • Campbell, J. Y. y Viceira, L. M. (2002), Strategic Asset Allocation: Portfolio Choice for Long-Term Investors, Oxford University Press.
  • Bodie, Z., Kane, A. y Marcus, A. J. (2021), Investments, 12.ª ed., McGraw-Hill.

Apariciones